La primera misión de los Apóstoles
P. José O. Flores, mccj
XV Domingo del Tiempo Ordinario – Año B
La primera misión de los Apóstoles
P. José O. Flores, mccj
En el evangelio de hoy encontramos a Cristo en plena actividad apostólica. Su ministerio había sido un fracaso en Nazaret, su ciudad de origen, pero en Cafarnaúm y en otros pueblos de la Galilea es diferente. Jesús ha ya capacitado a sus discípulos para que ellos también fueran a anunciar la Buena Nueva de salvación, dándoles aún poder para echar fuera a los demonios, sanar a los enfermos, resucitar a los muertos etc. Estaba ya naciendo en la Palestina de hace dos mil años el reino de Dios, la Iglesia. La misión salvadora de Cristo se estaba realizando. La misión no es otra cosa que el encuentro de hombre con Cristo Salvador. Los discípulos no predicaban otra cosa más que la bondad y misericordia del Señor Jesús, que había venido a mostrar al mundo el verdadero rostro de Dios, su Padre, que lo había enviado a salvarlo. Jesús quiso enviarlos de dos en dos para mostrar así que la verdad está en el testimonio de dos o más personas. El testimonio de uno solo no era suficiente para que todos creyeras en el evangelio. Hoy en nuestros días también la Iglesia manda a sus misioneros de dos en dos, es decir, en comunidad. Rara vez el misionero trabaja solo, como es el caso de San Francisco Javier, que recorría las aldeas solo predicando la Palabra de Dios y murió también solo antes de entrar en China, agobiado por las enfermedades. Daniel Comboni también mandaba a sus misioneros siempre de dos en dos a establecer una misión, que después se extendería más y más por toda la región. Los que entran a formar parte de la Iglesia descubren el rostro de Cristo y se dejan guiar por la acción del Espíritu Santo. Lo mismo que hacía Jesús en su vida apostólica: mostrar el rostro amable y bondadoso de Dios, su Padre, con su predicación y sus milagros. Jesús no encontraba resistencia entre la gente humilde, entre los pobres, excepto con los escribas y fariseos, los sumos Sacerdotes, que no veían bien que Jesús hiciera milagros los sábados. Para ellos esto significaba transgredir el Día del Señor.
1. El profeta Amos nació a 20 kms de Jerusalén en el reino de Judá, pero desarrolló su misión profética en el norte, en reino de Israel. En el siglo VIII A.C. existían en Israel muchísimas injusticias y Amós no hacía otra cosa que predicar la próxima caída del reino de Israel. Muchos lo consideran a Amós como al profeta de la justicia social, ya que él predicaba los males sociales que existían en Israel y Judá. El rey Amasías le prohibió profetizar en Betel y lo mandó a Judá, ya que Betel era el centro de la religiosidad de Israel, pero Amós le dijo a Amasías, sacerdote de Betel: “Yo no era profeta ni hijo de profeta, sino agricultor de higos, pero el Señor me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo de Israel”. Los profetas del Antiguo Testamento sufrieron persecuciones por parte de las autoridades políticas de su tiempo y muchos de ellos eran desterrados o asesinados. Como dijo Jesús: “Ningún profeta es aceptado en su tierra”. Los misioneros tienen que salir de su tierra para poder realizar la misión que Dios les confía.
2. En Carta a los Efesios San Pablo escribe su más famoso himno cristológico, en el cual también nosotros estamos incluido, ya que Dio “nos ha escogido desde la eternidad para que fuéramos santos e irreprochables a sus ojos”. Dios, por medio de Jesucristo (o por medio del Bautismo) nos ha hecho “sus hijos” para que alabemos y glorifiquemos la gracia con que nos ha favorecido. Ya que por Cristo hemos recibido la redención y el perdón de nuestros pecados, Cristo nos ha llenado del tesoro de sus gracias. Esta no es otra cosa que la vida de Dios en nosotros. Dios nos ha predestinado para ser sus hijos en esta vida y así poder ir a glorificarlo para siempre en la vida del cielo. Este es un grande misterio que se nos ha revelado por medio de Jesucristo, nuestro Salvador. Es el misterio de la voluntad de Dios y el plan de salvación que Dios estaba ya realizando por medio de su Hijo “cuando llegara la plenitud de los tiempos”. El plan de Dios consistía en hacer a Cristo “cabeza de la humanidad rescatada con su sangre”. Con Cristo somos coherederos de la gloria del cielo. Nosotros los que antes esperábamos en Cristo Él nos ha hecho herederos de la gloria que Él ha tenido siempre desde la eternidad. Nosotros después de creer en Él y de santificarnos por medio del bautismo, nos ha marcado con el sello del Espíritu Santo (en el sacramento de la Confirmación) como garantía de la herencia que Dios nos va a dar para “alabanza de su gloria”. Esa es nuestra vocación cristiana: ser hijos de Dios y herederos de la gloria del Padre por toda la eternidad.
3. En el evangelio vemos como Cristo llama a sus Apóstoles y les da el poder de echar afuera a los demonios. Pero les dice que esta misión viene de Dios y por tal motivo ellos no deben llevar nada, sino solamente un bastón, las sandalias y una sola túnica. ¿Cómo es posible no llevar ni un trozo de pan, ni dinero, ni mochila para llevar a cabo su misión? Todo eso será Dios el que proveerá para ellos. Se requiere, pues, una confianza ilimitada en la Providencia de Dios. Jesús también dice a sus apóstoles: “Cuando entren en una casa, quédense en ella hasta que se vayan. Si en alguna parte no los reciben ni los escuchan, al abandonar ese lugar, sacúdanse el polvo de los pies, como advertencia para ellos”. Los apóstoles fueron de “dos en dos” para que así su testimonio fuera creíble, ya que el testimonio de uno solo no era tenido en consideración. Así también ahora en nuestros días, cuando va un solo misionero no le ponen atención, pero cuando va en compañía de otro y la gente se da cuenta de que van como una comunidad, la gente los acepta. Generalmente, en África, no ven ninguna contradicción entre lo que enseña el misionero y lo que ellos ya creen según su religión natural. Ellos siempre han creído en un solo Dios, creador de todas las cosas, dueño absoluto de la vida y de la muerte; solo que ahora tienen que conocer mejor el misterio de Cristo, Hijo de Dios y Salvador nuestro. La misión es un encuentro entre dos personas, es el encuentro entre el hombre y su Salvador. Cristo fue enviado por Dios, su Padre, a predicar su evangelio, y ahora nos envía también a nosotros a hacer lo mismo. Tenemos la confianza absoluta que Cristo irá siempre con nosotros y nos ayudará con su gracia a cumplir esta misión a la que todo Cristiano está llamado a realizar, de manera diferente, pero tratando de llevar el Evangelio que se explica y se adapta a las diferentes culturas de cada pueblo. Tres terceras parte del mundo no conocen el evangelio.
EXPERIENCIA MISIONERA
Cuando llegué a Uganda (hace más de 50 años) encontré diversa comunidades cristianas que ya estaban en el proceso de recibir el bautismo. Ya tenían un catecismo que era explicado por los catequistas. Ya existía la traducción del Ordinario de la Misa traducido en varios idiomas. Lo único que había que hacer era profundizar en la doctrina del evangelio según las enseñanzas de la Iglesia. Los africanos son religiosos por su misma naturaleza, y todo lo que sucede es porque Dios así lo quiere. Pero a veces hay problemas con los que “brujos” que se veían con menos autoridad que la de los misioneros y trataban de desprestigiarlos, imponiendo a los catecúmenos otras ideas contrarias a las del evangelio. El misionero tiene que completar y corregir muchas ideas que tiene los africanos.
P. José Flores, MCCJ – joseosflores@aol.com














