COMBONI THAT DAY

Las industrias farmacéuticas y el negocio de la salud

Jueves, 7 de septiembre 2017
Comenzamos en este mes de septiembre con una serie de publicaciones que nos acercarán a la realidad que se vive en muchos pueblos del Sur en relación con temas de actualidad. A lo largo de este curso y de manera mensual iremos publicando un dossier en el que se abordarán diversos temas: salud, comercio justo, conflictos olvidados, cambio climático, situación de la mujer, etc… y que sin duda nos ayudarán a tener una visión crítica en estos temas. Gracias a los Misioneros de la Consolata y a la revista Antena Misionera por poner a disposición este material. [Véase el anexo].

Medicamentos y negocio son dos palabras que, unidas, caminan hacia el abismo de la doble moral. Por un lado nos encontramos con el deber de poner la ciencia al servicio de la salud; por otro lado, es un negocio que es la tercera industria más importante del mundo. Big Pharma, asociación que reúne a las empresas más importantes del sector, es la encargada de negociar con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Mundial del Comercio (OMC) los límites de una industria creada para ayudar a las personas y orientada a generar beneficios económicos desorbitados.

El negocio de la industria farmacéutica se genera gracias a la exclusividad: una empresa invierte tiempo y recursos económicos en la investigación de fármacos que erradiquen enfermedades y, a cambio, reciben una patente que les otorga la exclusividad por 20 años.

Es lógico pensar que, si una empresa investiga e invierte sus recursos en nuevos fármacos, tenga como recompensa el poder utilizarlos en exclusividad por un cierto periodo de tiempo. ¿Pero quién controla los precios de ese medicamento? Ese es el problema.

La patente otorgada al fabricante es regulada por el acuerdo TRIP (acuerdo sobre los aspectos de los derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio) el cual, no solo concede la exclusividad, sino también la potestad a la empresa de marcar el precio en el mercado. Los enfermos pasan a ser consumidores y las empresas farmacéuticas regulan su política de precios según sus objetivos económicos y pocas veces según las necesidades de la población. Ese es el principal problema de las enfermedades en los países del tercer mundo: existen los pacientes pero no los consumidores con suficiente capacidad económica.

Una vez termina el tiempo de exclusividad, entran en escena los fármacos genéricos: tienen la misma fórmula, la misma composición y los mismos principios, pero no el mismo nombre ni tampoco el mismo presupuesto de marketing. Eso no les resta efectividad pero si competitividad en una sociedad en la que solo sobreviven las marcas. [Dossier Farmaceuticas].

Para poder leer el dossier Online haz click: DOSSIER FARMACÉUTICAS

Para descargarlo en PDF aqui (4 MB).

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