COMBONI COMO HOY

In Pace Christi

P. Castellari Graziano

Data di nascita: 27/11/1931
Luogo di Nascita: Castel San Pietro (I)

Voti temporanei: 09/09/1953
Voti perpetui: 09/09/1959
Ordinazione: 02/04/1960

Fecha de defunciĆ³n: 08/11/2017
Lugar de defunciĆ³n: Negrar (I)

Quedé muy sorprendido cuando recibí la noticia de la muerte del P. Castellari, mientras visitaba la provincia de Chad. La última vez que había hablado con él fue durante mi visita a Castel D’Azzano, a fines de agosto pasado. Hablamos largo rato y lo encontré bastante bien, ninguno habría imaginado que nos dejaría tan pronto. Mi primera reacción fue: ¿están seguros que es el P. Castellari? En efecto, era él que nos había dejado el 8 de noviembre para irse a la presencia de Dios. Como recuerda San Juan: nosotros seremos semejantes a Él, porque lo veremos así como es Él (1Jn 3, 2).

Aquél día, había visto al P. Castellari como siempre, sonriendo, tranquilo y ocupado en su ordenador, enviando a todos noticias sobre Mozambique y soñando todavía con aquella misión que llevaba en el corazón desde que era joven y que conservó hasta el final de sus días. Si no era para regresar, porque era consciente que su salud y la edad ya no se lo permitirían, sí para sentirse útil a través de la oración, interesándose siempre del pueblo mozambiqueño, de la Iglesia local y de los cohermanos. De hecho, enviaba periódicamente noticias a tantas personas que lo conocían y habían trabajado en Mozambique y que se encontraban ahora en diáspora, entre los que me encontraba también yo.

Hace dos años, de su Diario de misión, dos de sus amigos prepararon un libro que recoge su vida misionera de 1964 al 2012, particularmente el difícil periodo de la guerra civil (1976-1992): Débiles entre los débiles. Sí, no sólo débil, sino débiles, porque la misión para él se hacía y había que vivirla en plural, sin dejar de reconocer que él, como persona, era bastante independiente.

Cuando llegué a Mozambique en 1984, el P. Castellari era ya un misionero veterano, “antiguo combatiente”, como se les llamaba en aquellos tiempos, con una experiencia misionera vivida en profundidad en medio de la gente, soñando con la revolución y participando en la fiesta de independencia (25 de junio de 1975) y viviendo, pocos años después, la desilusión por la promesas incumplidas y el sufrimiento de la guerra. Se le había encomendado la parroquia de Corrane, a 60 kms. de Nampula, además del cuidado de otras dos grandes parroquias, Mogincual y Liúpo. Esta era una zona violenta que hacía difícil el contacto con los demás cohermanos. Por muchos años vivió solo como comboniano, cerca de él había una comunidad de Religiosas de la Presentación de María. Más tarde, el P. Gianluca Contini, apenas llegado a Mozambique, estuvo con él hasta el final de la guerra, en octubre de 1992.

Sin la pretensión de ser exhaustivo, definiría al P. Castellari como un hombre de Dios, peregrino (pues siempre estaba moviéndose) para ir al encuentro de la gente, especialmente de los jóvenes y de los más necesitados. Esto lo descubrí, cuando lo visité en 1994, ya terminada la guerra, y él estaba tratando de recuperar a las personas desaparecidas durante el conflicto, con atención particular a los niños y mujeres que vivían en la zona de la Renamo. Eran personas sin puntos de referencia. A veces no sabían nada de sus familiares, no recordaban ni siquiera el nombre de la aldea de donde provenían, pero buscaban en todos los modos posibles de ubicar a sus seres queridos. Recuerdo que durante dos días visitamos juntos los tres centros parroquiales, deteniéndonos muchas veces por el camino para saludar, para tener noticias de la comunidad cristiana, de los jóvenes, de las personas concretas de las cuales él conocía los nombres. Trataba de informarse sobre la vida de la gente, dónde se encontraban, por dónde se movían. No se cansaba de parar el auto, de hablar, de decir una palabra de aliento y de esperanza a los desplazados. Todos lo conocían. De hecho, era el único hombre blanco en la zona y su carro era el único que se movía en aquel vasto territorio abandonado por todos, menos de Dios, del P. Castellari y de las Hermanas con quienes hacía causa común, viviendo cada día en un futuro incierto.

Los jóvenes ocupaban un lugar especial en su corazón. Sabía que eran ellos el futuro del país y que su formación humana y espiritual era muy importante en el futuro del Mozambique. Los reunía, los hacía reflexionar sobre sus problemas y sus esperanzas. Como trabajó durante mucho tiempo en la escuela de Corrane, muchos lo conocían como el “Profesor Castellari”. Muchas veces los profesores y alumnos escapaban a causa de la guerra. Cuando se presentía el peligro, la escuela quedaba desierta, pero él permanecía en su lugar, poniendo su vida en las manos de Dios, sabiendo que Él lo acompañaba en todo momento. Los jóvenes lo apreciaban mucho. Les organizaba encuentros de reflexión y oración, a través de ellos sabía lo que sucedía en toda el área, tenía noticias sobre la guerra y sobre la situación de la gente.

De estas reflexiones informaba a la revista “Vida Nova”, revista de formación e información cristiana, único medio independiente de que se publicaba en el país. Mandaba también al centro catequístico y al obispo los informes sobre lo que sucedía en las aldeas, los ataques de los rebeldes, el número de muertos, el sufrimiento de la gente en aquella zona pastoral a él confiada. Estaba muy involucrado en todo lo que se decía sobre la gente y sobre la Iglesia. Él y la comunidad de las Religiosas eran el punto de referencia para todos los que venían a hablar de sus problemas desahogando la rabia y los miedos que traían dentro. A todos los escuchaba con paciencia, el tiempo no existía para él. Daba importancia al estar juntos, a la escucha, a la compasión, cultivando el sueño de un Mozambique nuevo, reconciliado y pacificado.

En una ocasión me contó la historia de una pareja que quería bautizar a su hija, recién nacida, con el nombre de ‘Miseria’. El P. Castellari y las Hermanas le preguntaron por qué querían darle ese nombre a la pequeña. El papá contestó que debía llamarse así debido a la situación que se vivía en aquel momento: guerra, hambre, imposibilidad de habitar sus casas, vestirse decentemente, etc. No se les ocurría otro apelativo. El P. Castellari no aceptaba aquel nombre y trató de convencer al padre de ponerle un nombre más alegre, más esperanzador porque un día esa situación cambiaría. Y hablando, les decía que la guerra un día terminaría y esa situación de muerte habría sido transformada en un tiempo de paz y de vida nueva. En fin, encontraron el nuevo nombre. Juntos, decidieron bautizarla con el nombre de “Victoria”. En este nombre tenemos la síntesis de la vida del P. Castellari: uno que ha pasado su vida luchando para que la vida prevalezca sobre la muerte, para ayudar a que la gente se ponga de pie, para que el pueblo mozambiqueño pudiera reconstruir en sí mismo la imagen y semejanza de Aquel que los había creado.

Que el P. Castellari interceda por el pueblo y la Iglesia de Mozambique a fin de que todos puedan decir siempre sí a la vida verdadera, y nunca a la guerra y a la muerte. (P. Jeremias dos Santos Martins).