COMBONI COMO HOY

N. 14 (12) - A EUSTAQUIO COMBONI

AFC



Jerusalén, 12 de octubre de 1857



Mi querido primo:



[86] ¡Oh, me parece que hace mil años que no hablo, que no converso contigo, de ti, de Eugenio y de mis queridísimos primos! ¡Cuántas veces entre el bramido de los vientos y el fluctuar de las olas siento un peso en el corazón de tan separado como estoy de vosotros! ¡Cuántas veces, ascendiendo por las abruptas y escarpadas montañas de Judea, me venía el recuerdo de cuando contigo, con el querido Eugenio y con Herminio, etc. subíamos por las pendientes de Dalco y por los amenas rocas de Prealzo! Ahora me encuentro en la Ciudad Santa y me digo a mí mismo: ¡Oh si tuviese aquí esos seres queridos, que me son allegados mediante los vínculos más sagrados de la sangre! Por cierto, a Eugenio, cuando le escribas, no te olvides de recomendarle lo que le dije antes de marchar. Si me queda tiempo, quiero escribirle.

[87] Has de saber que en el monte Calvario he celebrado misa por ti, por Eugenio, por el Tío y por toda la familia que se denomina Hermanos Comboni, y la dije en el sitio donde estaba la Virgen María cuando su divino Hijo era tendido y clavado en la Cruz; igualmente tuve el gusto de hacer el Memento por todos vosotros, y especialmente por Eugenio, en todos los Santuarios de Jerusalén y de Belén, y en cada lugar de Tierra Santa, por lo cual ya no podré en el futuro olvidarme de vosotros cuando celebre. Y esto no es porque tengáis que dar mucha importancia a mis plegarias, pues sabéis que soy bien insignificante ante Dios; os lo digo para obligaros a rezar algún Avemaría por mí, y especialmente por el éxito de mi Misión. Os llegarán desde Jerusalén, después de Pascua, unos recuerdos que mando para ti, para Herminia y para todos los demás.

[88] Ahora, ¿qué he de decirte? Es mi gran deseo, mi querido y amable Eustaquio, que tú y todos mis primos, etc. os apliquéis a salvar el alma. Dios te ha bendecido abundantemente haciendo prosperar tu casa; Dios te ha concedido también un buen número de hijos a los que educar y encaminar por la senda de la virtud; Dios igualmente te dio una madre, mi queridísima difunta tía Paula, que desde que naciste te enseñó buenos principios religiosos, por lo cual entre los comerciantes te distingues por tu honradez, justicia y rectitud.

[89] Pero permíteme que te hable como verdadero hermano. Alabo el afán con que tratas de adquirir y asegurar un bienestar cada vez mayor, porque tienes una familia numerosa; pero me parece que ese afán es un poco exagerado: ante todo, aún tienes un alma que salvar, la cual pierde mucho con la excesiva agitación por las cosas del siglo; tienes una salud corporal que conservar, la cual es todavía demasiado preciosa para el bien de tus hijos. Así que moderación en tus actividades, y no te pido más. Eso sí, desearía que los tres os grabarais para siempre en la mente que si salváis el alma lo habéis salvado todo, y que si la perdéis lo habéis perdido todo; porque pronto nos veremos ante el tribunal de Dios, como muy tarde dentro del breve espacio de cincuenta años. Pero estoy seguro de que lo haréis.

[90] Quiero encomendarte algo más, y es a mis pobres padres. Tú siempre has ayudado a mi pobre familia, por lo cual te estaré agradecido hasta la muerte, y no es cuestión de recordarte algo que siempre estás dispuesto a hacer sin necesidad de recomendaciones mías; pero es el cariño lo que pone en mi boca esta petición, y tú que eres hijo y padre me la sabrás disculpar: así que mira por mis padres, y gracias por todo. Dios hará que participes tú también del bien que El se dignará derivar de nuestra gran Misión. Te ruego nuevamente que me escribas, y a menudo, como haré yo también; y tenme informado acerca de mis padres, de Eugenio, de Herminia, del bueno de Enrique, de César, de Pedro, del Tío y de todos vosotros, y también de cómo te van los negocios, etc., etc.

Saluda de mi parte a todos los que me son queridos, y recibe un afectuoso beso de éste que se declara de todo corazón



Tu afmo. primo

Daniel C.