COMBONI CE JOURS-LA

Expo 2017: Declaración sobre la Energía del Futuro

Sábado, 9 de septiembre 2017
La exposición internacional “Expo 2017” –que se encuentra entre las dos exposiciones de Milán (2015) y Dubai (2020)– se celebró entre el 10 de junio y el 10 de septiembre de 2017 en Astana, capital de Kazajstán, y se dedicó al tema de la energía del futuro. Un evento para reunir y dar a conocer las tecnologías y políticas más innovadoras en eficiencia energética y reducción de emisiones de CO2. Los líderes religiosos reunidos el 31 de agosto de 2017, en Astana, para el evento interreligioso ‘Todos juntos para el cuidado de nuestra casa común”, organizada durante la EXPO 2017, escribieron: “En los últimos años se han emitido numerosas declaraciones y encuentros interreligiosos que abordan diversos aspectos del cuidado de nuestra "casa común", como el clima, el agua, los océanos y los bosques. Estas iniciativas nos inspiran a nosotros ya muchos otros, demostrando que las religiones y la espiritualidad pueden dar lugar a una fuerte motivación para comprometernos en acciones concretas en favor de nuestro hogar común, en favor de toda la familia humana.” [Foto: Astana, Kazajstán, sede de la Expo 2017 dedicada a la energía del futuro].

Declaración sobre la "Energía del Futuro" por los líderes religiosos
reunidos en Astana para el evento interreligioso
TODOS JUNTOS PARA EL CUIDADO DE NUESTRA CASA COMÚN,
organizada durante la EXPO 2017
31 de agosto de 2017

En los últimos años se han emitido numerosas declaraciones y encuentros interreligiosos que abordan diversos aspectos del cuidado de nuestra "casa común", como el clima, el agua, los océanos y los bosques. Estas iniciativas nos inspiran a nosotros ya muchos otros, demostrando que las religiones y la espiritualidad pueden dar lugar a una fuerte motivación para comprometernos en acciones concretas en favor de nuestro hogar común, en favor de toda la familia humana.

Estos encuentros también nos recuerdan que los valores religiosos y las obligaciones morales –como no dañar a otros, llevar una existencia significativa, solidaridad, ser justos e imparciales– deben moldear, de una manera particular, los pensamientos y los hechos de todos los creyentes –políticos o servidores públicos, científicos, inversores, emprendedores, formadores de opinión, agricultores, profesores, electores, progenitores o artistas– hacia una mayor conciencia y urgencia de una mejor atención de la naturaleza, como también un mejor cuidado de nuestros hermanos y hermanas, especialmente los más necesitados, los vulnerables, cuyo entorno ha sido degradado e irresponsablemente explotado.

Finalmente, estas iniciativas también ponen de relieve cómo los líderes y creyentes religiosos pueden colaborar –a nivel internacional, nacional y local– con autoridades públicas, organismos científicos, escuelas y organizaciones de la sociedad civil para promover el bien común, la armonía, la benevolencia y la paz.

En esta ocasión, líderes religiosos de diferentes tradiciones de fe, estamos en Astana para abordar el desafiante tema de la "Energía del Futuro". De hecho, la manera en que la energía se genera, se transporta y se consume tiene y tendrá en el futuro un impacto significativo: sobre la naturaleza y los ecosistemas y, por lo tanto, sobre el acceso al agua y los alimentos; sobre la sostenibilidad de las sociedades, el comercio y las economías; sobre las zonas urbanas y rurales, así como los océanos; sobre la equidad de ingresos y el acceso a oportunidades; la salud y el bienestar humanos y, más ampliamente, el desarrollo humano; conflictos y paz; la eficacia de los esfuerzos internacionales y regionales para establecer una gobernanza multilateral con el fin de gestionar los desafíos más complejos que afectan a nuestro hogar común.

Dicho esto, recordamos que los recursos energéticos no son creados por los seres humanos: nadie puede reclamar ningún mérito por su existencia; ningún comportamiento o actitud  agresiva de apropiación es aceptable. Estos recursos han sido confiados por Dios, el Creador, a nosotros para el bienestar de toda la familia humana, por todas las generaciones. Por lo tanto, estos recursos no deben ser utilizados indiscriminadamente. En cada contexto y época, las sociedades humanas deben utilizar los recursos energéticos disponibles solo después de un cuidadoso discernimiento, examinando posibles alternativas, evaluando las necesidades, atesorando la información proporcionada por los científicos y técnicos. Nos enfrentamos a situaciones complejas, caracterizadas por una variedad de recursos y sistemas energéticos, que en diversos grados son contaminantes o limpios, más o menos fáciles de controlar y distribuir, renovables o no, objeto de intereses particulares divergentes. El discernimiento antes mencionado debe inspirarse en la búsqueda del bien común de toda la familia humana y en el respeto a la inalienable dignidad humana. Lo que está en juego es el significado de nuestra presencia en la Tierra.

Al finalizar nuestro encuentro:

1. Animamos a todos los creyentes y personas de buena voluntad a fomentar la reflexión constante sobre los valores compartidos y sobre la relación de los seres humanos con la naturaleza. Esta reflexión va de la mano con la contemplación de la naturaleza y con los sentimientos que provienen de esa contemplación: asombro, humildad, gratitud por las maravillas creadas por Dios, rechazando la idea de que nuestro hogar común es el resultado del azar y un destino sin sentido. La observación de los ecosistemas, de la naturaleza humana y de toda la creación conlleva muchas lecciones y sabiduría,  nos conduce a una antropología adecuada y un marco ético válido. Esto nos permite comprender más exactamente nuestro lugar y nuestro papel en todo el cosmos, nuestros deberes de cuidar y respetar la creación, o la orientación natural hacia la relacionalidad, el compartir y la solidaridad, el reconocimiento de que somos limitados y tenemos límites que respetar. Los progenitores tienen un papel primordial en guiar a sus hijos hacia la contemplación; sin embargo, la escuela, así como los medios de comunicación ciertamente pueden hacer una contribución positiva.

2. Recordamos el lugar muy especial que tienen en muchas tradiciones religiosas, liturgias, textos y celebraciones los diversos recursos naturales  –incluidos los recursos ligados a la energía, como el fuego y la llama, el incienso y el agua–. Los elementos naturales son la inspiración y los medios que pueden ayudar a vincularnos con lo trascendente. En muchas religiones y tradiciones religiosas, incluso en las muy antiguas, la energía es un atributo de la divinidad, del poder y de la capacidad de creación. Por lo tanto, es fundamental meditar sobre el significado y la relevancia de los recursos energéticos y sobre el hecho de que los seres humanos pueden utilizar la energía tanto para fines buenos como malos, estando siempre tentados a traspasar límites que no deben ser violados en los campos de derechos humanos, la sostenibilidad, la bioética, entre otros.

3. Reconocemos que el acceso a la energía es un requisito previo para el cumplimiento de muchos derechos humanos y para el desarrollo de personas y comunidades. En consecuencia, pedimos políticas, financiamiento y una transferencia efectiva de tecnologías y capacidades donde sea necesario, asegurando que, en cualquier contexto donde los humanos se establezcan, haya acceso a energía limpia, segura, confiable y asequible, con el menor impacto ambiental posible, de acuerdo con la cultura local, las necesidades y con las capacidades relacionadas de mantenimiento y gobernabilidad. Si bien recordamos el imperativo moral de no dañar a otros, apoyamos una transición ambiciosa hacia fuentes y procesos de energía no contaminante y una menor dependencia de los combustibles fósiles. Esta transición debe ir de la mano con la descentralización y la democratización de la producción y el acceso a la energía. Sugerimos que los creyentes y las personas de buena voluntad deben desistir de cualquier empresa, incluidas las relacionadas con la energía, que no sean coherentes con valores genuinos humanos y religiosos o, cuando sea posible, exigir a las compañías y fondos en los que invierten a mejorar su conducta ambiental y social, así como sus indicadores de desempeño.

4. Hacemos un llamamiento a los Estados para que rechacen cualquier proyecto energético a gran escala si no se han evaluado adecuadamente sus impactos medioambientales y sociales y no se ha examinado minuciosamente y de manera exhaustiva la alternativa de las instalaciones de menor escala que utilizan energías renovables; oponerse a la corrupción, salvaguardando siempre la dignidad y los derechos y la participación de los habitantes locales. Se deberá aplicar el principio de justicia reparadora, que puede ser denominado como "el que contamina paga y restaura la situación", respetando siempre a los habitantes locales.

5. Hacemos un llamamiento a los Estados ya los reguladores financieros para que eviten la especulación irresponsable y cínica sobre los recursos energéticos.

6. Hacemos un llamamiento a los Estados, a las organizaciones internacionales ya los servicios públicos de energía para que eviten cualquier dependencia innecesaria de redes, acuerdos comerciales, patentes o burocracia que puedan obstaculizar una descentralización y democratización de la energía, en particular el acceso a la energía de los más pobres y aislados –en conformidad con los objetivos de la Energía Sostenible para Todos de las Naciones Unidas para el año 2030.

7. Apelamos al sector empresarial, así como a todos los consumidores, para que no se dediquen a la mera búsqueda de mayores ganancias a corto plazo y al aumento de los niveles de consumo y, sobre todo, se abstengan de la promoción y producción masiva de productos de corta duración que exigen una gran cantidad de energía para su producción y uso, que pronto se desactualizan o se rompen y necesitan ser reemplazados por otros más nuevos, reforzando así una cultura insostenible de desechos y consumismo desenfrenado. Los productos de larga duración deben ser preferidos, especialmente cuando cumplen con los altos estándares en los campos de la protección del medio ambiente, la igualdad de redistribución de los ingresos, la inclusión social, los derechos humanos.

8. Rechazamos la producción y el uso de bombas nucleares y, más ampliamente, nos entristece la cantidad de energía y recursos naturales que se utilizan para producir y usar armas.

9. Hacemos un llamamiento a nuestros agentes religiosos, a los administradores y usuarios de edificios religiosos, incluidas las instalaciones de formación o de vivienda, para que mejoren –según sea el caso, respetando exigencias artísticas, de aislamiento y de seguridad– los patrones de consumo de energía de estos edificios; en la medida de lo posible, utilizando la energía producida localmente a partir de fuentes renovables; escogiendo cuidadosamente a sus proveedores, para fomentar el reciclaje, el ahorro de agua y, siempre que sea posible, el compostaje y el reciclaje de desechos.

10. Recomendamos la observancia de los diversos tiempos de ayuno y el aumento de la frugalidad según lo prescrito por nuestros respectivos textos sagrados o tradiciones, no como un simple procedimiento o como tendencias de la moda, sino como una oportunidad renovada y un momento privilegiado para la meditación personal, relación con Dios, que también puede abarcar la meditación acerca de la relación con los otros y con otras formas de vida. De manera más amplia, una vida espiritual rica, nutrida por la oración, puede proporcionar la motivación necesaria para el cambio, el progreso y el compromiso para enfrentar los problemas, habiendo identificado sus causas reales, en lugar de limitarse a abordar los síntomas.

11. Animamos a los líderes religiosos de todas las naciones a que trabajen conjuntamente con otros sectores de la sociedad, incluidos los gobiernos y los responsables políticos, a fin de que los sistemas energéticos del futuro estén realmente al servicio de toda la familia humana. Al mismo tiempo, animamos a los gobiernos, los responsables políticos y el sector empresarial a que consideren positivamente la contribución particular de las religiones.

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