P. Agostoni Tarcisio
Luogo di Nascita: Desio/Italia
Voti temporanei: 07/10/1940
Voti Perpetui: 07/10/1945
Ordinazione: 20/04/1946
Data Decesso: 15/01/2012
Luogo Decesso: Milano/Italia
El Padre Tarcisio Agostoni nació en Desio, provincia de Milán, el 23 de noviembre de 1920. A los trece años entró en el seminario comboniano de Padua y luego en Brescia. En aquellos años estudió también música y aprendió a tocar el órgano, habilidad que le resultó muy útil más tarde, en África. Después de dos años de noviciado en Venegono y el escolasticado en Verona, Roma y Rebbio (por causa de la guerra) fue ordenado sacerdote el 20 de abril de 1946. Regresó de nuevo a Roma para conseguir el doctorado en filosofía. El padre Tarcisio, en su larga vida desarrolló un colosal trabajo, no obstante su físico diminuto y una salud no demasiado robusta.
En 1950 fue destinado a Uganda donde transcurrió 44 años: en un primer período, de 1951 al 1969, y después del 1979 al 2005, con una interrupción de diez años en Roma, cuando fue elegido Superior General.
En Uganda comenzó a enseñar filosofía en el seminario de Gulu, pero también música y canto. Se empleó a fondo en la preparación de los catequistas, de los maestros de las escuelas católicas y de las pequeñas escuelas esparcidas en el bosque en torno a la parroquia, en la formación del laicado, promoviendo de modo particular la Acción Católica.
En 1956 el Obispo de Gulu lo nombró director diocesano del Apostolado de los Laicos. Pío XII en la Evangelii Praecones (1951) invitaba a los misioneros a promover la Doctrina Social de la Iglesia y el padre Agostoni se sintió llamado a este apostolado. En 1956 fundó dos revistas: “Verdad y Caridad” para sensibilizar al clero, y “Leadership”, para la formación cristiana y sociopolítica de los laicos y para prepararlos a tomar en su mano las riendas de la nación. Muchos de sus artículos, más tarde, fueron recogidos y publicados en el libro “El manual de todo ciudadano”.
En marzo de 1961 los obispos de Uganda lo escogieron, junto a otros cuatro sacerdotes, para organizar el Secretariado de la Conferencia Episcopal Ugandesa. Tuvo que dejar Gulu y establecerse en Kampala. Era el responsable de los sectores del Apostolado de los Laicos, de los servicios sociales y del servicio de información de la Conferencia Episcopal.
En el sector de los servicios sociales, se empleó a fondo en la promoción de la mujer, instituyendo clubs donde se enseñaban materias diversas, entre otras, puericultura, higiene y alfabetización. Para la promoción de los laicos, organizó el Centro Ugandés de Formación Social, donde se impartían cursos de administración, economía, contabilidad e informática. Tomó a pecho las condiciones de los niños abandonados y huérfanos, tratando de encontrar familias ugandesas que le adoptasen para sacarlos del orfanato y hacerlos crecer en un clima verdaderamente familiar.
En 1964 colaboró en los preparativos para la ceremonia de canonización de los 22 Mártires de Uganda, fijada para el 18 de octubre en Roma, y en aquella ocasión consiguió transportar a Roma un nutrido grupo de peregrinos ugandeses, entre los cuales estaba también Denis Kamyuka, uno de los tres jóvenes amnistiados por el rey en el último minuto. Así, en San Pedro, por vez primera, resonaron los tambores africanos.
En setiembre de 1965 regresó a Italia durante cuatro meses, como secretario de los obispos africanos en el Concilio. En 1967 volvió de nuevo para el Congreso Internacional del Apostolado de los Laicos. Para el padre Tarcisio, fue este un período de grande actividad, donde mantuvo muchos contactos, tanto con el gobierno ugandés como con las iglesias protestantes, con el islam y con el movimiento ecuménico.
En 1968 un sacerdote africano lo sustituyó en el Secretariado de los Obispos. A comienzos de 1969 fue nombrado Canciller de la Curia Arzobispal de Rubaga (Kampala) con dos encargos concretos: la construcción del nuevo santuario de los Mártires de Uganda y la preparación y organización del viaje de Pablo VI a Uganda (1969).
En mayo de 1969 tuvo que regresar a Roma para participar en el Capítulo General, durante el cual fue elegido Superior General. Al ser elegido por un segundo mandato, desempeñó este cargo por un total de diez años (1969-1979). Escribía el padre David Glenday en 1996, con ocasión del 50º aniversario de ordenación sacerdotal del padre Tarcisio: “Se lo recuerda como el Superior General que se enfrentó con apertura y equilibrio a los años del inmediato post concilio, que ha dado una aportación decisiva al camino de reunificación de las dos ramas del Instituto FSCJ y MFSC, que condujo la renovación de nuestra Regla de Vida y de nuestra formación de base, que encaminó hacia nuevos horizontes la misión ad gentes y que, al final de sus dos mandatos, ha vuelto a vivir con la pasión y energía de siempre aquella misión que es especialmente suya: Uganda”.
La sugerencia del Capítulo de 1975, de estudiar las posibilidades de un futuro compromiso, se materializó, dos años después y por voluntad del P. Tarcisio en un viaje (que duró 45 días) que él mismo realizó a Asia, acompañado por el padre Pietro Ravasio. Las etapas con tiempos y finalidades distintos fueron nueve en total: Bahrein, Pakistan, India, Tailandia, Filipinas, Japón, Hong Kong, Taiwán e Indonesia. A su regreso el P. Tarcisio trazó una relación que no pareció despertar mucha atención, más bien, pareció ser dejada de lado. Pero en realidad no fue así. En la relación, de hecho, se sugería la apertura en Filipinas para tener vocaciones y en preparación para la misión en China. Y, como sabemos, en 1987 se tuvo la apertura oficial en Filipinas, en Manila.
Al finalizar su segundo mandato como Superior General, se le pidió al P. Tarcisio de volver a Uganda, al Secretariado de la Conferencia Episcopal, sobre todo para remprender los servicios sociales y la actividad pastoral. En el sector de la actividad pastoral, el padre Tarcisio animó a los obispos a publicar cartas pastorales. Él mismo publicó una carta programática: “retomar la vida con un corazón y un espíritu nuevo”. Ante la situación de incertidumbre y de sufrimiento del país, les animó también para instaurar la Comisión de Justicia y Paz.
En 1987 el nuevo gobierno decidió revisar la Constitución que era todavía la que habían dejado los colonizadores. Obispos y políticos pidieron al P. Tarcisio que reditase su libro “El manual de todo ciudadano”, también porque muy pocos estaban preparados para este trabajo y para la democracia que, como escribía el padre Tarcisio, florece sólo en un estado donde reinan las leyes y el respeto a los demás. Pero el manual no podía ser una simple reimpresión, porque su documentación se había parado en el momento de editar el libro, es decir 1960, y no contenía los sucesivos e importantes documentos de la Doctrina Social de la Iglesia, del Concilio Vaticano II en adelante. De este modo escribió otro, mucho más extenso, de 450 páginas. Este manual acogido favorablemente tanto por los católicos como por los protestantes, se convirtió en básico para quien quiera que estuviese comprometido en el campo sociopolítico y fue adoptado en varias universidades africanas.
El P. Tarcisio era una cara conocida también en la televisión ugandesa y fue el director de programas de Radio Maria Uganda. Escribió numerosos ensayos, conferencias, artículos en Nigrizia, Leadership, MCCJ Bulletin y otras publicaciones.
Tal vez la actividad menos conocida fue su apostolado religioso y social entre los detenidos de la prisión de Luzira (Kampala) iniciada casualmente en 1991. El P. Tarcisio dedicó a este ministerio, tan importante y comprometido, buena parte de su libro autobiográfico: “memorias”, publicado en el año 2006 y en el que cuenta su experiencia con los prisioneros de Luzira y con los condenados a muerte que, a menudo esperaban más de 20 años la pena capital. Un buen número de estas personas no eran ni siquiera culpables, a veces los abogados se presentaban al tribunal sin ninguna preparación y sin ni siquiera haber estudiado su caso.
Ante estas situaciones, el P. Tarcisio empezó a trabajar por los prisioneros y a contactar abogados comprometidos por la justicia y por la verdad. Buscó involucrar a personas influyentes no sólo en Uganda sino también a nivel internacional e inició una campaña para la abolición de la pena de muerte. Escribió también un libro, cuyo título era ya en sí una provocación: “¿Puede el estado matar?”. Dice el P. Tarcisio: las reacciones fueron numerosas: aprobación, rechazo, sorpresa, respeto, etc. El hecho es que, desde la publicación del libro 1999 hasta hoy 2006, ninguna ejecución se ha materializado. En este ministerio estuvo guiado no sólo por su capacidad dialéctica y su preparación filosófica, sino sobre todo por su amor al pueblo ugandés, por la justicia y la verdad.
Desde el 2004 el P. Tarcisio vivió casi siempre en Italia, aunque siguió perteneciendo por un tiempo a la provincia de Uganda. Dedicó los últimos años de su vida al ministerio y a la investigación histórica, pasando varios períodos de cuidados médicos, sobre todo en la comunidad de Milán, Roma y Rebbio. Falleció en Milán el 15 de enero de 2012.
Monseñor John Baptist Odama, Presidente de la Conferencia Episcopal Ugandesa, con motivo del funeral, envió un largo mensaje del que reportamos algunas frases: “En nombre de los obispos ugandeses, de los sacerdotes y de la religiosas, de los laicos católicos ugandeses, y también de numerosas personalidades no católicas, expreso el más sincero dolor junto con las oraciones, por el eterno descanso de su alma y por el consuelo de todos sus hermanos combonianos de los cuales ha sido Superior General por muchos años. Todos los obispos ugandeses nutren un grandísimo respeto y estima por su dedicación a la Iglesia en Uganda, y lo consideramos uno de los grandes misioneros de nuestro país”.














