Domingo XIX del Tiempo Ordinario
Año A - 7 de agosto 2011
P. José Flores, mccj

Hombre de poca fe ¿por qué dudaste?”

Domingo XIX del Tiempo Ordinario
Año A - 7 de AGOSTO 2011
P. José Flores, mccj

Homilia para el Domingo XIX del Tiempo Ord. Año A.
En el evangelio vemos a Jesus que camina sobre el mar de Galilea de noche, mientras los Apostoles se enfuerzan por controlar la barquilla en la que se encuentran. Ellos ven a Jesus y piensan que es un fantasma. La barca representa a la comunidad cristiana o a la Iglesia. Muchas veces durante la historia hemos visto como esa barca esta' a punto de hundirse en el mar, pero Jesus esta' siempre con ella y no permitira' nunca que se hunda. La Iglesia ha sufrido muchas persecuciones y problemas en los siglos pasados y siempre ha sobrevivido. En nuestro dias tambien hemos visto como los enemigos de la Iglesia tratan de descreditarla para que ya no ejerza ningun influjo en la historia de la humanidad. Ha habido casos en que el mismo Papa ha sido atacado por los enemigos del cristianismo, pero ha salido siempre adelante. Jesus esta' siempre con su Iglesia y nunca podra' ser destruida. En nuestra vida tambien hay momentos en que nos parece que vamos a ser sumergidos por las olas del mar, pero en esos momento Cristo nos dice: "Tranquilecense, soy YO". Es una invitacion a la fe en medio de tantas dificultades. Dios no nos puede abandonar, si tenemos fe en El.
Jesús oraba siempre a su Padre. También nosotros debemos siempre estar unidos a Dios en la oración todos los días. La oración nos libra de cualquier tentación o dificultad que tengamos.
P. José Flores, mccj – joseosflores@aol.com

LA TEMPESTAD EN EL LAGO
Después de despedir a la gente, una vez que terminaran ellos de saciarse con los panes y peces que les dio Jesús, Él va al monte solo a orar a su Padre que está en el cielo. Los apóstoles se había ido en una barca atravesando el Lago de Galilea. Ellos no pensaban que en el lago irían a encontrar dificultades. Pero sucedió que se desató una tormenta y la barca parecía hundirse. Ellos luchaban contra el viento para que la barca no se hundiera, cuando en ese momento vieron a Jesús venir a ellos caminando sobre el mar. Los apóstoles se asustaron, creyendo ver a un fantasma,  pero Jesús les dijo: “¡No teman, soy Yo!” Pedro le dice a Jesús: “Señor, si eres Tú, haz que yo vaya hacia ti caminando en el agua”. Jesús le dice: “Ven”. San Pedro empieza a caminar,  pero sintiendo muy fuerte el viento, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Él le grita a Jesús: “¡Señor, sálvame!” Y Jesús, dándole la mano, lo lleva de nuevo a la barca. Probablemente San Mateo narra ese episodio para fortalecer la fe de su comunidad en Siria que estaba sufriendo bajo la persecución de los judíos. Si Jesús está con nosotros nada ni nadie puede hacer del mal. Pero hay que tener fe en Jesús y confiar en su infinita bondad y misericordia.

1ª. Lectura: DIOS NO ESTABA EN EL VIENTO. (I Re. 19,9ª. 11-13ª).
El profeta Elías vivía en una cueva en el monte Horeb. Un día Dios lo llamó y le dijo “Sal de la cueva para que veas al Señor, porque el Señor va a pasar”. Elías salió pero no vio al Señor. Primero vino un viento muy fuerte que resquebrajaba las rocas. Pero el Señor no estaba en el viento. Después vino un terremoto, y el Señor no aparecía. Vino un fuego, y tampoco se vio al Señor. Después del fuego vino un murmullo suave como de brisa, y entonces el profeta Elías se cubrió el rostro y salió de la cueva para encontrarse con el Señor. Dios no está ni en el viento, ni en el terremoto, ni en el fuego, elementos naturales que a veces producen miedo: Dios está en la tranquilidad y en el murmullo de la brisa. Dios no puede estar en el ruido y en estruendo de la música de las salas de baile donde los jóvenes se divierten y piensan encontrar la felicidad; Dios no puede tampoco estar en el terremoto ni en el fuego de pasiones y de la concupiscencia. Dios está en el silencio y tranquilidad de la oración. Muchas veces queremos encontrarnos con el Señor, pero no lo buscamos en la tranquilidad de un retiro espiritual o en un lugar donde no haya ruido. Dios entonces se acercará a nosotros y nos hablará. Nos hará ver cuál es su voluntad para nosotros. Dios habita en nuestros corazones.

2ª. Lectura: UN DOLOR INCESANTE TORTURA MI CORAZÓN. (Rom. 9,1-5).
San Pablo se sentía muy triste y adolorido por el constante rechazo de Jesús por parte de los judíos que eran sus connacionales. Él se había convertido a Cristo y quería que todos sus paisanos también lo hicieran. Pero no fue así; ellos se aferraban a la Ley de Moisés que contenía un sinnúmero de cosas y preceptos (más de 750) que todos deberían de cumplir. Ellos querían que aún los que no eran judíos los observaran, al convertirse al cristianismo. El precepto de no comer carne de puerco por ser considerado un animal impuro. Pero en el evangelio leemos cómo Jesús enseñó que “lo que entra por la boca no hace impuro al hombre, sino más bien lo que sale del corazón es lo que lo hace impuro” (Mat. 15,17-18). Toda clase de carne es pura y se puede comer. También en la visión o sueño que tuvo San Pedro en el que vio un mantel que bajó del cielo lleno de manjares suculentos y Jesús le dijo: “¡Come!” Había también ahí carne de puerco (chicharrones). Pedro no quería comer eso porque lo consideraba impuro, pero Jesús le dice: “No llames impuro a lo que Dios ha hecho puro”  (Act, 10,9-15). Estos preceptos hacían muy difícil la predicación del evangelio. Los apóstoles reunidos en Jerusalén habían decretado no imponer a los convertidos paganos (griegos o romanos) las leyes judaicas. San Pablo decía claramente que de nada servía la circuncisión que los judíos practicaban. Lo que vale más es la fe en Jesucristo, cuyo único mandamiento era el amor. Cuando los apóstoles vieron que los judíos no aceptaban el evangelio, San Pablo les dice: “Nosotros vamos a dedicarnos sólo a los paganos” sin olvidar a los judíos que aceptaron la Buena Nueva. Todavía hoy existen muy pocos cristianos entre los judíos de la Palestina. Muchos cristianos del Medio Oriente (Irak, Irak etc.) han sido desplazados y ahora viven en otras naciones.

3. EVANGELIO: “HOMBRE DE POCA FE, ¿PORQUÉ DUDASTE?   (Mat. 14, 22-33).
En el evangelio de hoy Jesús manda a sus apóstoles que crucen el Lago de Galilea y los esperen en la otra orilla, mientras Jesús despide a la gente y va a orar en el monte. Jesús sentía siempre la necesidad de estar en comunión con Dios su Padre. No es que Él se dedicase a predicar el evangelio solamente y a hacer milagros. Jesús pasaba, con mucha frecuencia, las noches en oración. Pero sucedió que los apóstoles encuentran una tormenta y están a punto de naufragar. Jesús entonces va a su encuentro caminando sobre el lago. Los apóstoles lo ven y le gritan: “¡Señor, sálvanos!” San Pedro, creyendo que era un fantasma, le grita: “Señor, si eres tú, llámame a ti caminando sobre el agua”. Y Jesús le dice: “¡Ven!” Pedro comienza caminar sobre el agua, pero viendo que el viento esta fuerte, perdió el equilibro y estaba por hundirse. Entonces Jesús lo tomó de la mana y lo llevó a la barca. Luego le dijo: “Hombre de poca fe ¿porqué dudaste?”. Al subir Jesús a la barca el viento se calmó y sobrevino una grande paz. Los apóstoles se arrodillaron delante de Jesús y le dijeron; “Verdaderamente Tú eres el Hijo de Dios”. También nosotros, cuando estamos con Jesús, sentimos una grande paz en nuestros corazones. Pero hay que tener fe en Él, que siempre nos ayuda en cualquier dificultad que tengamos.

ACTUALIZACIÓN DEL EVANGELIO:
La barca de los apóstoles representa la comunidad:
Cristo está presente en cada comunidad cristiana, como está presente en toda su Iglesia. La Iglesia ha atravesado por un sinnúmero de persecuciones y de problemas que han llegado hasta la división y la separación de algunas fracciones o regiones, cismas y rechazos por parte de sacerdotes y obispos. Miguel Cerulario, obispo de Constantinopla, se separó de Roma con muchos otros obispos que lo siguieron y formaron la Iglesia Ortodoxa Oriental. La Iglesia, todavía en nuestros días, sufre persecuciones en distintas parte del mundo. Pero en dos mil años de existencia siempre ha superado todas esas dificultades y no ha naufragado en el mar de este mundo, porque Jesús está presente en ella. Él dijo a sus apóstoles: “Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo”.

Jesús no es un fantasma: Él está vivo en su Iglesia. Hay que tener plena confianza en Jesús a pesar de los vientos contrarios que azotan a la Iglesia y a cualquier comunidad cristiana. Pedro perdió la confianza en el Señor debido a la fuerza del viento, pero Jesús lo toma de la mano y lo lleva a la barca. También a nosotros, si alguna vez perdemos la confianza y la fe en Dios, lo único que debemos hacer es rogar al Señor que nos tenga de la mano y nos lleve de nuevo a la salvación. Todos podemos tener tentaciones y problemas en la vida, pero si tenemos confianza en Jesús, Él nos llevará siempre de la mano nos conducirá al puerto de salvación.

“Verdaderamente Tú eres el Hijo de Dios”. Nuestra fe en Jesús debe ser una fe viva. Para Jesús no hay problema o dificultad que no pueda ser vencida. Muchas veces en el evangelio Jesús nos dice: “Si tuvieran una fe del tamaño de una semilla de mostaza, podrían decirle a este árbol, quítate de aquí y plántate en el mar, y él les obedecería”. Pero nuestra es demasiado pequeña para enfrentar a veces la más pequeñas dificultades de la vida. Los apóstoles creían que Jesús era el Hijo de Dios, pero raramente lo invocaban en sus necesidades personales. Muchas veces lo contrastaban y le decían: “¿Dónde vas a conseguir pan suficiente para alimentar a toda esta gente?” Jesús curaba siempre a los enfermos, resucitaba a los muertos, hacía cesar los vientos y las tempestades. ¿No puede Él ayudarnos en nuestras pequeñas dificultades? Claro que puede, pero debemos tener mucha fe en Él y no dudar de su amor y de su misericordia para con todos y cada uno de nosotros. Y cuando nos ayuda, es porque no se lo pedimos con fe y amor, con perseverancia.
P. José O. Flores, mccj