Viernes 28 de febrero 2014
Cristianos de a pie, arzobispos, obispos, sacerdotes, consagrados y numerosos periodistas llenaron el martes pasado la sala San Pío X, a pocos metros de Plaza San Pedro, para participar en la presentación de “Povera tra i poveri. La missione della Chiesa”, libro que contiene escritos del cardenal Gerhard L. Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del teólogo peruano Gustavo Gutiérrez (en la foto) y Josef Sayer, director por muchos años de Misereor. La obra conjunta publicada por la Libreria Editrice Vaticana es un escrito que pone en evidencia algo que muchos no sabemos: que la opción preferencial por los pobres, característica de la Teología de la liberación, es una opción cristocéntrica.

 

Cardenal Rodríguez Maradiaga,
arzobispo de Tegucijalpa, Honduras,
  y el cardenal Gerhard L. Müller,
prefecto de la Congregación
para la Doctrina de la Fe.

 

Pocos meses después de la elección del cardenal Jorge Mario Bergoglio como obispo de Roma, mi amigo Gabriel Estrada escribió un libro con un título muy sugestivo “Francisco. Buenos aires para la Iglesia”.

Efectivamente, un viento nuevo se mueve en el “centro de la cristiandad” y de ahí al mundo entero. La elección de un papa venido del “fin del mundo” se ha revelado como obra del Esíritu: una bocanada de aire fresco. Gracias a eso muchas cosas, sencillas unas, sustanciales otras, han ido cambiando en el Vaticano y en la Iglesia. Es a la luz de esto que quiero leer e interpretar un hecho enorme por su significado.

El 25 de febrero a las 6 de la tarde en la sala San Pío X de Via della Concilizione fue presentado el libro “Povera per i poveri. La missione della Chiesa” que lleva la firma del recién creado cardenal Gerhard L. Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El presentación de este volumen de más de 300 páginas la firma el papa Francisco y contiene también escritos de Gustavo Gutiérrez, teólogo peruano conocido universalmente, y Josef Sayer. Intervinieron en la presentación el padre Federico Lombardi, director de la sala de prensa vaticana, el cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucijalpa, Honduras, que también dirige el grupo de ocho cardenales consejeros del Papa Francisco, el cardenal Müller, Gutiérrez y Sayer.

 

Cardenal Gerhard L. Müller,
prefecto de la Congregación
para la Doctrina de la Fe,
con el poncho tejido por manos campesinas
con lana de auquénidos de los Andes peruanos,
ofrecido por el arzobispo de Ayacucho
y presidente de la conferencia espiscopal peruana,
Salvador Piñeiro.


Al inicio del encuentro, el padre Lombardi indicó entre los presentes al padre Gustavo Gutiérrez e hizo memoria del obispo mártir Óscar Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980 mientras celebraba la eucaristía, y de los jesuitas asesinados en la residencia universitaria de la UCA de San Salvador. Para Lombardi la actitud hacia la teología de la liberación está cambiando. En ese sentido citó  una edición del periódico Osservatore Romano que hace unos meses publicó dos “paginoni” (páginas enormes) con artículos de Müller y Gutiérrez. Se refirió asímismo a la amistad que existe entre ambos teólogos y es puesta en evidencia en los encuentros realizados entre ambos y las palabras “conmovedoras” que Müller escribe sobre el teólogo peruano afirmando: “Para mí la Iglesia pobre para los pobres tiene también el rostro de Gustavo Gutiérrez”.

La parte más extensa y sistematizada de la presentación del libro y de su significado estuvo a cargo del cardenal Rodríguez Maradiaga. El arzobispo hondureño se sirvió para su disertación de metáforas tomadas del lenguaje de la música considerando el libro una magnífica “obra sinfónica”.

A continuación intervinieron también Josef Sayer quien habló de la amistad florecida entre el prefecto y el teólogo peruano “en el contexto de los pobres” porque “sin Gustavo Gutiérez y su teología de la liberación, Müller no habría llegado nunca entre los campesinos... Sin él y su teología de la liberación Müller no habría llegado nunca a los barrios pobres de Lima, La Paz y Sâo Paulo. Nunca se habría inmerso de manera tan coherente y duradera en la difícil vida de los campesinos: una vida de miseria extrema en alturas que van de los 3 000 a los 4 300 metros donde el agua para beber se encuentra sólo en los riachuelos, no existen servicios higiénicos y hay una alimentación balanceada, porque se compone sólo de maíz y papas; donde no se puede tener acceso a la sanidad, donde no hay corriente eléctrica...”

Para Sayer, fueron las intuiciones de la Teología de la liberación de Gutiérez las que “impulsaron al profesor de Dogmática de la Universidad de Münich a pasar hasta dos meses de sus vacaciones para (vivir) una intensa participación de esta vida en condiciones de extrema miseria”.

Gustavo Gutiérrez, presente en primera fila en el auditorio, luego de disculparse por no hablar correctamente el italiano, compartió su interpretación de la parábola lucana del Buen Samaritano. A la pregunta dirigida que un doctor de la ley dirige a Jesús “¿quién es mi prójimo”, el Señor responde con una pregunta: “¿Quién de los tres (personajes de la parábola) se comportó como prójimo?”. Y concluyó que prójimo es el que se aproxima, el que se acerca. A la Iglesia tocaría entonces salir, aproximarse, hacerse samaritana, comentó el teólogo peruano.

Última intervención, breve y densa, fue la del cardenal Müller que inició agradeciendo al Papa por el gesto fraterno de hacer la presentación del libro y luego realiza un recorrido de su experiencia con los pobres, en primer lugar en su familia, que no era pobre del todo pero tampoco “nadaba en el oro”, luego con el mundo académico y pastoral y, por último, entre los empobrecidos de Perú y otros países de América Latina.

A Müller, teólogo profundo y pastor sensible, no escapan los detalles conexos a la Teología y a la práxis de la liberación. Por eso cita con desenvoltura tanto Libertatis nuntius y Libertatis conscientia (de Joseph Ratzinger), la doctrina social de la Iglesia, la Gaudium et spes como los acontecimientos que involucran el mundo de los pobres y al camino de discipulado misionero de la Iglesia latinoamericana.


La nota cordial al encuentro la puso Salvador Piñeiro (en la foto a la derecha), arzobispo de Ayacucho y presidente de la conferencia espiscopal peruana. En la última intervención de la noche reivindicó al padre Gutiérez y agradeció al cardenal Müller por su acercamiento a los pobres del Perú. “Antes de ayer – dijo – el Papa le impuso las insignias cardinalicias; hoy yo quiero investirlo con este poncho tejido por manos campesinas con lana de auquénidos de los Andes peruanos”.
Con toda naturalidad, el cardenal lució como si fuese un ornamento litúrgico el regalo de Piñeiro durante una larga entrevista realizada por periodistas de diversos medios presentes en el aula.

Gabriel tenía razón: con Francisco han llegado “buenos aires para la Iglesia”. Para muestra otro botón: la edición de L’Osservatore Romano” de hoy publica un escrito de Arturo Paoli, forjado también él en el mundo de los empobrecidos de América Latina. La página forma parte del libro intitulado “Cent’anni di fraternità” (Cien años de fraternidad) de Chiare Lettere, una casa editorial que no goza de mucha simpatía dentro de los muros del Vaticano. Otro motivo para creer que otros aires se respiran en esos lugares.
Jorge García Castillo,
Combonipress