Martes, 7 de junio 2015
“La misión entre los barundi (África) – cuenta el P. Gian Paolo Pezzi, comboniano, en esta reflexión que aquí publicamos –, me habían predispuesto a una visión de la Tierra como Madre (como lo creen los indígenas de América); luego, el encuentro con los pigmeos del Ituri (República Democrática del Congo) me permitió entender que se puede respetar y amar la naturaleza de una manera visceral sin dimensión religiosa. Los Foros Sociales Mundiales y encuentros culturales, me han iniciado a ritos y oraciones a la Pacha Mama y me han hecho encontrar indígenas, religiosos y estudiosos de la teología india: es todo un trabajo para entender el sentido bíblico y cristiano de la ecología y la salvaguardia del planeta que “encanta por su sentido poético e incomoda por las ideas que inspiran”, dice una religiosa.”

 

 

P. Gian Paolo
Pezzi.

 

Ecología y salvaguardia del planeta:
a qué nos compromete la fe
y la Palabra de Dios

 

Ecología y salvaguardia del planeta están hoy en la primera página de la actualidad y conllevan contraposiciones emocionales; hasta con términos que convulsionan la narrativa: eco-teología; Yahvé, Padre y Madre; Tierra, Pacha Mama y Gaia; Querubines y Serafines, residuos de experiencias ufológicas; Dios omnipresente y Pan-théos. Y la eco-teología se propone hoy como la respuesta a los desafíos ecológicos que preanuncian catástrofes.

La eco-teología se centra en las relaciones de la religión con la naturaleza, a la luz de las preocupaciones ambientales, asume que existe una relación entre la visión del mundo espiritual y la degradación de la naturaleza y quiere llevar a una reflexión religiosa en la relación del hombre con la Tierra. Puede ser vista como un corolario de la teología de la naturaleza o una expresión de la teología de la creación en la fe cristiana, judía, musulmana e hinduista, pero se impone cuando la naturaleza asume un lugar preeminente.

Su idea central: “La Madre Tierra es un superorganismo vivo” que sufre porque se ha “sobredimensionado al ser humano por encima del resto de la comunidad cósmica”; por ende, hoy “la cruda realidad ecológica” es “el nuevo lugar teológico. Esto es eco-teología”.[1] Jesús, Francisco de Asís y otros ayer, “los sobrevivientes a los huracanes o inundaciones” hoy, nos llaman “a buscar la presencia inmanente de Dios Padre y Madre que sufre” en la naturaleza.

La puesta en evidencia es mía porque la tentación inmanentista es intrínseca a la eco-teología, lo que conlleva el riesgo de desbordar en un ambientalismo religioso y llegar a una “eco-latría”: la “principal divinidad” es la Madre Tierra, Pachamama, Coquena, Llastay, Gaia, Ñuke mapu, naturaleza;[2] todo lo bueno viene la naturaleza; todo el mal viene del ser humano, responsable de los desastres: el antropocentrismo es por lo tanto un error y debe ceder su lugar al eco- centrismo.[3] Una perspectiva esta, que abre espacio a una confusión terminológica.[4]

Es un panteísmo que atribuye al cristianismo el déficit de moral ecológica porque el monoteísmo cristiano, rebajando el politeísmo, habría desacralizado el mundo “contraponiéndolo” al Creador; atribuyendo al solo hombre la representatividad de Dios, ha originado un antropocentrismo “arrogante” y fomentado una teología de dominación,[5] causando el “desastre ecológico” y el “androcentrismo”. Si el grito de Dios en los pobres ha dado origen a la teología de la liberación, el grito de las culturas oprimidas engendra hoy la teología india cristiana y la crisis ecológica planetaria reclama ser el nuevo “lugar teológico”. Cristo es reconocido como central a la fe cristiana, pero no lleva al autentico amor de la naturaleza; su redención, afirma la eco-teología,   enfatizando “la trascendencia del hombre, único, imagen y semejanza de Dios”, quita valor al mundo porque este “no sale de la esencia divina, sino de la nada”; Cristo resulta ser un salvador “acósmico”, redentor solo del alma humana.[6]

La posición de Juvenal Quispe aquí citado no es representativa de todo el movimiento ecológico y, por ende, es solo un llamado a no asumir superficial, emocional y globalmente los nuevos desafíos. En algo la espiritualidad cristiana ha fallado -y falla- y el desacierto al desafió ecológico esta implícito en ella; sin embargo: ¿en qué términos y cuál debe ser nuestro compromiso?  La Palabra de Dios, que inspira el movimiento ecológico cristiano, se enfrenta a intuiciones –¿opiniones?-  que, conscientes o inconcientes, inspiran de hecho la respuesta que se ofrecen a los actuales desafíos.   

1. Los tres libros de la revelación de Dios

Los cielos proclaman la gloria de Dios, // el firmamento pregona las obras de sus manos;

El día al día le comunica el mensaje, // la noche a la noche le transmite la noticia.

No es un mensaje, no son palabras, // no es una voz que se pueda escuchar;

Pero por toda la tierra se extiende su eco, // y hasta los limites del mundo su mensaje (Ps 19).

La creación es revelación -general para distinguirla de la especial, la Biblia, o primera revelación porque fue “escrita” antes que el Libro-: la naturaleza -el universo- no es un acción no más, dada y concluida, sino el espacio teológico del dialogo de Dios con los humanos: Y es que lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad, se ha hecho visible desde la creación del mundo, por medio de las cosas creadas (Ro 1, 20).[7]

El dialogo de Dios con los humanos, iniciado con la creación, continua en la historia humana de cada Pueblo -con sus vicisitudes, su cultura, su religión-, hasta constituirse en una referencia concreta, la Biblia.

En realidad, Muchas veces y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros antepasados por medio de los profetas (He 1, 1), pero, ahora, en estos últimos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo: la revelación del Padre se hace Palabra, audible al oído y comprensible a la inteligencia, en Jesús, el Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo también el universo (He 1, 2). Pablo habla de “sus” antepasados y profetas, ya que cada pueblo tiene los suyos.[8]

La única revelación de Dios Padre nos llega por un triple camino: por la obra de sus manos -la creación, su primer libro-; por su Palabra escrita e interpretada -la Biblia, su segundo libro-; y por la historia humana -las semina Verbi su tercer libro- verdadera revelación (Concilio Vaticano 2).

  Si el Evangelio anunciado a los pobres, hace de los pobres evangelizadores, cada cultura convertida se vuelve camino de conversión y la salvación se realiza dentro de cada cultura liberada de sus elementos esclavizantes y deshumanizantes. Y así, en este momento histórico, Dios nos habla a través de la crisis ecológica que se vuelve para cada uno, para la sociedad y la Iglesia, un llamado a tomar consciencia del Plan de Dios para con nosotros, en el hoy de su salvación y a convertirnos.

2. La creación bíblica

El salmo 95 es la oración del AT que la Iglesia propone con más frecuencia después del Padre Nuestro, propia del NT. En este salmo, Yahvé es presentado como el Dios del universo y el Dios del pueblo: el tiene en su mano el fondo de la tierra, las cimas de los montes y el mar; el es la roca que salva el pueblo y lo pastorea. Debe ser aclamado porque con su mano produce el universo y conduce a su pueblo y es Dios de la Palabra: Ah! Si hoy, viendo su obra, ¡ustedes escucharan su voz y no tuvieran un corazón perdido que no reconoce sus caminos! Ustedes podrían entrar en su descanso. La idea dominante es, entonces: reconocer la obra del Señor, entrar en su “descanso”, completando el camino de la liberación. La creación es obra divina que anuncia la alianza y pide como respuesta la escucha de la Palabra para llegar a la verdadera libertad, al verdadero “descanso” de Dios: El es nuestro Dios, y nosotros el pueblo que el cobija, el rebaño que guía de su mano.

A la luz de este salmo y de los otros dos libros de la revelación –naturaleza e historia- el relato bíblico de la creación es purificado de lecturas en perspectiva de dominio.[9] El Génesis, en realidad, presenta dos visiones de la misión que el ser humano tiene en la creación:

- Hagamos los seres humanos a nuestra imagen, según nuestra semejanza, para que dominen sobre los peces, [etc.]. Y los bendijo Dios diciéndoles: Crezcan y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen sobre los peces... (Gn 1, 26. 28).

- Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto de Edén para que lo cultivara y lo guardara (Gn 2, 15).

El sentido del texto en el marco cultural de tres mil anos atrás es otra de la percepción nuestra que vivimos en otro marco cultural: claro aquí es que el ser humano representa a Dios en la creación; someter y dominar deben ser entendidos como administrar y cuidar para llegar al descanso del sábado y celebrar la bondad de la creación y su gratuidad:

Demos gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor.

Al que hizo los cielos con sabiduría, al que afianzó la tierra sobre las aguas

Al que hizo los grandes astros y el sol para regir al día y la luna y las estrellas para regir la noche, porque él solo es bueno (Ps 136).  

La creación es funcional a la salvación histórica; la eterna y universal omnipotencia creadora de Yahvé es fundamento teológico de la liberación de Israel y el Dios creador es la lógica premisa del Dios libertador y salvador de Israel;[10] pero tiene su espacio propio en el plan de Dios ya que Cristo es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura, porque en él fueron creadas todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, las visibles y las invisibles (Col 1, 15-16).

La teología feminista insiste en recalificar los textos del Génesis para purificarlo de la mentalidad machista y patriarcal propia del tiempo judaico precristiano. Purificada del protagonismo y del elitismo que el pueblo de Israel se atribuía, la narrativa bíblica asigna a la naturaleza un carecer interlocutorio propio. En el salmo 95, el Dios del universo –que es también el Dios del pueblo- es Yahvé y no el pueblo, el hombre. No hay espacio para el saqueo de la tierra: el ser humano es amigo, hermano de la naturaleza, la trabaja (cultiva) y es su guardián para preservarla.

3. Integridad de la creación y teleología

Todo lo ha creado Dios por él [Cristo] y para él. Cristo existe antes que todas las cosas y todas tienen en él su consistencia […]. Dios, en efecto, tuvo a bien hacer habitar en él toda la plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, tanto las de la tierra como las del cielo (Col 1, 16b. 17. 19. 20). El eje de toda reflexión y oración sobre el universo y la naturaleza debe encontrar su humus en el “sentido de la creación”, en su dimensión teleológica.

Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre (He 13, 8). Todo fue entonces creado en Cristo y por Cristo: por quien han sido creadas todas las cosas y por quien también nosotros existimos (1 Co 8,6) y quien sostiene todas las cosas con su palabra poderosa (He 1, 3). Todo será entonces re-creado en él y en él encontrará su plenitud, porque en él habita la plenitud de la divinidad (Co 2, 9) y por eso tiene la primacía sobre todas las cosas (Co 1, 18).

La encarnación, punto de partida de la creación, es también su punto de llegada. La creación fue concebida en Cristo, hecha realidad por Cristo, por Cristo redimida y encuentra su cumplimiento final en Cristo. Por ende, la creación está todavía en camino hasta cuando la encarnación de Cristo haya alcanzado su término:[11] este es el plan del amor de Dios escondido desde siempre y ahora revelado en Cristo y en el que el Padre nunca cesa de trabajar y en el que el Hijo trabaja también en todo tiempo hasta llegar al verdadero descanso del universo (Jn 5, 17).

Es el Padre quien nos ha dado a conocer el Plan salvífico, que había decidido realizar en Cristo, llevando su proyecto salvador a su plenitud al constituir a Cristo en cabeza de todas las cosas, las del cielo y las de la tierra (Ef. 1, 9-10):[12] el universo será entonces el Reino de Dios cuando Cristo entregue el reino a Dios Padre que ha puesto todas las cosas bajo sus pies. Y cuando le estén sometidas todas las cosas, entonces el mismo Hijo se someterá también al que le sometió todo, para que Dios sea todo en todas las cosas (1Co 15, 24-28 passim). Es la gran finalidad teológica y cósmica de san Pablo que Teilhard de Chardin expresa con su teoría: la creación no es un hecho del pasado, sino una atracción desde el futuro, “cuando Dios será todo en todos y en todo”.

El valor interlocutorio propio y el amor a la naturaleza no pueden llevar a formas de infatuación,[13] o personificación: en un PowerPoint, hermosas fotos muestran la tierra que respira, pulsa, tiembla, mientras la música de fondo repite, “vive y respira”; la naturaleza es digna de ser respetada y amada por su “personalidad autónoma”, sí, “la Madre Tierra es un superorganismo vivo” y por eso la llamamos Gaia”,[14] con claras referencias a la mitología griega.

A esta “personificación” de la naturaleza, concluye también la ciencia atea: ampliando las fronteras de su conocimiento del universo, dejando la idea que todo es materia, pasando por la teoría quántica de la energía cósmica, hoy llega al bosón de Higgs:[15] es “la partícula de Dios” que aglutina la energía inicial en materia. El universo ya no necesita una causa inicial y la naturaleza es autogénesis.

Un documental de 49 minutos, titulado “Los orígenes cósmicos”,[16] quiere ser una respuesta. Presenta a ocho físicos –premiados internacionalmente y formados en Harvard o Cambridge o miembros de la NASA: discuten la teoría del Big Bang y las teorías físicas modernas; todos llegan a la misma conclusión: antes del universo era la nada y de la nada el universo no podía hacerse salir a si mismo, sin propósito de alguien o por azar.

Es la finalidad del universo -Dios todo en todas las cosas- que impide toda personificación de la naturaleza y toda lectura atea de la realidad. Es para distanciarse de estas ambigüedades que las Comisiones Justicia y Paz prefieren a “ecología” el término “creación”: con la expresión “Integridad de la creación” quieren además incluir la idea del universo como un todo dialogante con Dios y con los seres humanos.[17]

4. La ecología pide una teología teleológica, teocéntrica-trinitaria, panenteísta

En la perspectiva teleológica cada ser es entonces una eslabón de la inmensa corriente cósmica que, en la fe cristiana, sale de Dios, en Dios vive y hacia Dios se dirige: Dios, en realidad, no está lejos de cada uno de nosotros, ya que en él vivimos, nos movemos y existimos (He 17, 28).

En estas relaciones, la creación no está excluida porque es el ámbito del plan redentor de Dios: ser salvados significa ser parte de la creación que se va transformado en el nuevo cielo y en tierra nueva; salvados, porque la creación en su conjunto, será salvada. Estrictamente hablando, no existe salvación individual: estamos atados con un millar de cadenas entre todos y con la creación en su conjunto. La salvación que se nos ofrece en Jesucristo es global y la encarnación indica que la salvación se realiza en el aquí y ahora de la historia y de nuestro mundo concreto.

La salvación es experimentada en y para este mundo: La creación misma espera anhelante que se manifieste lo que serán los hijos de Dios. Condenada al fracaso, no por propia voluntad, sino por aquel que así lo dispuso, la creación vive en la esperanza de ser también ella liberada de la servidumbre de la corrupción y participar así en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos, en efecto, que la creación entera está gimiendo con dolores de parto hasta el presente (Ro 8, 19-22).

En esta perspectiva, la corriente ecológica[18] ha despertado dos valores, el valor de las relaciones y la conciencia de las responsabilidades cósmicas.

Su tesis central, en efecto, es que todo se relaciona con todo y en todos los puntos, acentuando la necesidad de un acercamiento interdisciplinar que abarque el pasado y el futuro de la realidad total. Lo que existe, co-existe y subsiste por una red de relaciones omnicomprensivas. Nada existe afuera de las relaciones en la que cada ser posee su relativa autonomía.[19] Las consecuencias éticas de esta visión son la solidaridad, la responsabilidad corporativa y la negación al derecho de los más fuertes.

Los desafíos ecológicos y las respuestas socio-económicas, culturales y políticas que se están dando, interpelan también la teología y la espiritualidad católica y deben ser asumidos en una visión teológica y de fe fuertemente teleológica y teocéntrica-trinitaria, recuperando el capitulo de la llamada Teología Natural, e incorporando la noción de panenteísmo a veces mirada con sospecha.

 Dios, Trinidad, está al origen del universo entero que, por ende, no puede que ser a su imagen y semejanza: el cosmos, revelación de Dios, es eminentemente también el libro abierto de las relaciones internas y eternas del único Dios. El lugar privilegiado del ser humano no debe derivar en antropocentrismo, sino en responsabilidad moral.[20]

Todo no es Dios –panteísmo- pero Dios está en todo, es omnipresente, nos decía hasta el catecismo de Pío X: esta es la noción de panenteísmo que nos permite abrazar el universo entero con el mismo amor con el que abrazamos al Dios creador de la vida.[21] Reflejo del lema Lex orandi lex creiendi este abrazo y esta experiencia espiritual de panenteísmo está reflejada poéticamente en los salmos y los himnos bíblicos de la creación recuperados en la Liturgia de las Horas. ¿Cómo no pensar en el salmo A todas sus obras alcanza su ternura? ¡Qué tus obras te den gracias Señor y tus fieles te bendigan; qué proclamen la gloria de tu reinado y hablen de tus hazañas, dando a conocer a los hombres tus hazañas! (S 145, 10). ¿O en el salmo 150 con una invitación a que Todo viviente alabe al Señor?

En los salmos se alaba a Dios por la naturaleza (S 104), por el agua (147, 8-9), por la responsabilidad dada al ser humano de cuidar a la creación (S 8, 5-9), por las cosechas (S 65, 67).

Dos salmos me parece son camino para renovar nuestra actitud frente a la creación; el S 65 10-14: Tú cuidas la tierra y la riegas y la colmas de abundancia… donde se percibe un interés directo de Dios y de su amor por la naturaleza; el S 67 7-8 donde el interés de Dios para que la tierra dé su fruto inspira una acción de gracias con el deseo que todos los pueblos le reconozcan y le agradezcan.[22]

Estos textos contradicen la idea de una fe cristiana responsable en su concepción del degrado de la naturaleza; agravan sin embargo la responsabilidad ética de los creyentes.

5. El pecado original

La responsabilidad ética enfoca la conducta de pecado. En una perspectiva teleológica y panenteísta nuestra idea de pecado original debe ser repensada.

San Ireneo –muy lejano de la ¡Oh feliz culpa! Agustiniana – sostiene que la historia de Dios, que se realiza en la historia humana, no inicia a causa del pecado original, porque Dios siempre tuvo, escondido en su seno, un plan de amor: su comunión total con el ser humano. Creados a imagen de Dios los humanos, según Ireneo,  son sin embargo, imperfectos y deben crecer en esta semejanza y alcanzar la plenitud de la vida en Dios. Adán y Eva pretendieron hacerlo solos, sin aceptar “los limites” que Dios les indicaba: Podemos comer el fruto de los árboles del huerto; sólo nos prohibió Dios, comer o tocar el fruto del árbol que está en medio del huerto (Gn 3, 2). Y así pecaron.

El hombre podía disfrutar de los bienes creados, pero no hasta acabarlos. Comer, en griego y en hebreo, implica consumir, agotar: podían comer pero “no comerlo todo”, lo que implicaría considerarse como Dios frente a la naturaleza. Los humanos no aceptando límites se pretenden  los dueños absolutos de lo que existe, rompen el equilibrio y la armonía, que eran garantizados por los límites respetados, creando fracturas en el conjunto de la realidad. Orígenes dirá que el nombre Adán no es un nombre propio, sino nombre de todo hombre, de todo progenitor, así como Eva es el de toda madre, o sea progenitora. Los dos, no son individuos, son familia y son sociedad.

La Biblia, en realidad, no habla de “pecado original”:[23] en el esfuerzo de explicar el mal del mundo habla de pecado,[24] de un pecado que realiza la primera sociedad, ejemplo de toda sociedad. Este pecado es no aceptar límites en el uso de los bienes que Dios ha puesto a su disposición;[25] es un pecado que no se ha dado una vez para siempre, que más bien se da en cada vuelta de la historia cuando una sociedad sobrepasa los límites inscritos en la naturaleza, que debería saber leer y respetar ya que fue el mismo hombre quien dio nombres a las demás creaturas.

Pecado original, entonces, no en el sentido del origen, sino pecado, origen también hoy de las maldades: Todos, tanto judíos como no judíos están bajo el pecado (Ro 3, 9), porque todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios (Ro 3, 23). En realidad, Ro 1, 18-32; 2, 12-16; 3, 9-26 nos indican que el pecado es algo estructural al hombre y a su sistema de vida. Consumismo, capitalismo, materialismo muestran con evidencia donde va a parar una sociedad, cuando se nutre de una cultura  -un proyecto de vida- que rechaza el orden y la verdad inscritos en la realidad: a la destrucción y a la muerte.

Este riesgo es intrínseco a toda cultura -aunque, según el Concilio Vaticano 2, cada una puede estar más cerca o más lejos del proyecto de Dios-, y se manifiesta en el momento en que pretende liberarse de Dios para ser autosuficiente y autónoma. Es entonces un pecado estructural –sinónimo de pecado original- que se transmite de generación en generación por la llamada socialización.

Este proyecto de Dios – según Ireneo-, está inscrito en la historia humana –y por ende en la naturaleza-, pero, considerando la debilidad humana, el Padre por amor lo desvela enviándonos a su Hijo. Jesús inicia el Reino de Dios, abre el camino a la humanidad para que crezca hasta alcanzar la plenitud, cuando todo será recapitulado en Cristo: el es de toda creatura Primogénito –él que rompe la vagina-, porque, en su resurrección, rompió el velo de la muerte que separa el ser humano de la vida divina y despejó así el camino hacia Dios hasta cuando Dios será todo en todos y en todo.

 

Conclusiones


Podría haber presentado estas reflexiones en forma inductiva, es decir, recorriendo el camino de experiencias y reflexiones sobre las revelaciones de Dios que me ha llevado a ellas. Habría sido demasiado largo, dando además la impresión de, o cayendo de hecho, en manipular la Palabra de Dios.

“Si el planeta tierra se acaba, como misioneros –reaccionaba uno de los más convencidos seguidores de esta nueva línea-, ¿a quien iríamos a anunciar el evangelio?”. “¡A los terrícolas de Marte!”, le contestó alguien. Pregunta y respuesta folclóricas y pletóricas. El Planeta Tierra no necesita ser salvado, ya se salvó muchas veces y se salvaría a si mismo, aun cuando los humanos no se preocuparan por él. La geología está allí para demostrarlo. El planeta no necesita ser salvado, no está en peligro: la que está en peligro es la humanidad por nuestro estilo de vida inmoral.[26]

¿Por qué entonces asumir el desafió ecológico? La estabilidad climática, la biodiversidad, el acceso al agua potable, la tierra para cultivar -en una palabra el equilibrio ecológico- son factores esenciales al bienestar humano: comprometidos como evangelizadores por la promoción humana, no podemos nos sentirnos desafiados por la crisis ecológica que nos viene encima. Pero, ¿cuál debería ser nuestro compromiso?

Los temas ecológicos son una cuestión de justicia fundamental para las generaciones futuras y, concluye Juan Pablo II, “la crisis ecológica es un problema moral”.[27] 

“Cambiar el paradigma económico es un imperativo ético ineludible”, no porque “La Madre Tierra está herida de muerte” por hijos suyos que padecen un “déficit de moral ecológica”, sino porque “está demostrado que quienes consumen más, contaminan más”[28] y sobre todo porque un estilo de vida que implica dominio, despilfarro, abusos, violencia no está seguramente de acuerdo con lo planes de Dios.

Contribuir a este cambio ético y a reconstruir la moral ecológica sin caer en el panteísmo, la “personificación” de la naturaleza, un ambientalismo utópico e ingenuo nos exige una formación  ecológica pero también una visión cósmica de la vida humana y de fe que, al parecer, nos falta un poco. Lo hacía notar a nuestros Capitulares 2009, Adolfo Nicolás, general de los Jesuitas: La relación con la naturaleza es esencial en la religiosidad asiática [y en todas las religiones]- y es central en la fe bíblica; sin embargo, nuestra liturgia católica no tiene ni siquiera una fiesta litúrgica para celebrarla.

Creo que pretender sustentar ecología y compromiso para una ética ecológica con la “sola” Palabra de Dios escrita lleva a una manipulación de la revelación. Las ideas que analizo, sean aceptadas o no, percibidas o no como ortodoxas, son las que subyacen al compromiso ecológico de laicos y religiosos. Asumir claramente la centralidad de Dios creador en la experiencia de fe; el pecado como origen actual de las estructuras de dominación socio-económica; la creación como punto de atracción hacia el futuro de la humanidad y del cosmos; la comunión con El como único télos de la creación, me parece que son las condiciones para enfrentar desde la fe los problemas agobiantes del Planeta y la necesidad de recuperar el respeto y el amor a la naturaleza.

De lo contrario la ecología llevaría a una eco-teología en la que es imposible evitar una infatuación panteísta: poética, vagamente universalista, a lo mejor, pero lejana del misterio de la cruz y de la resurrección que quedan centrales también hoy en la fe cristiana. Iniciando toda reunión sobre cambios climáticos, salvaguardia del planeta, desarrollo eco-sostenible con el salmo 104 (103) o con el himno de Daniel 3, 57-88, ¿no tendríamos suficiente inspiración y fuerza para dedicarnos con fe a estos problemas? Bendice al Señor alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! 

Bibliografía

- Constant in context, a theology of Mission for today, S. Bevans & R. Schroeder, Orbis Books-Maryknoll, New York 2011.

- Once Upon a Time in Africa, Joseph G. Healey, Orbis Books-Maryknoll, New York 2004.

- Juvenal Quispe, Hacia una Eco Teología, Co-edición, Bolivia 2006.

- Eco-teología. Equipo de investigación Facultad de Teología Pontificia Universidad Javeriana

http://www.ecoteologiapuj.blogspot.com/

- La carta de la Tierra – Leonardo Boff: http://armonicosdeconciencia.blogspot.com/2010/06/leonardo-boff-la-carta-de-la-tierra.html

- Ecología, Mundialidade, Mística – Leonardo Boff, Río de Janeiro 1993. Citaciones de la Traducción italiana, Cittadella Editrice.

- Para el Panenteísmo: http://es.wikipedia.org/wiki/Panente%C3%ADsmo

- La Creación en el NuevoTestamento, Mueller Ekkehardt: http://biblicalresearch.gc.adventist.org/documentos/creation-nt.htm o http://archive.org/stream/LaCreacionEnElNuevoTestamento.ekkehardtMueller#page/n1/mode/2up

- Breve Panorámica de Prolegómenos a la Teología: http://tesoroscristianos.net/autores/Libros%20Pdf%20Gino%20Iafrancesco/Breve%20Panoramica%20de%20Proleg%f3menos%20a%20la%20Teologia.pdf

- La Eco-justicia: http://eco-justicia.blogspot.com/2009/10/leyendo-el-nuevo-testamento-en-la-era.html

- Creación y Nuevo Testamento: http://www.buenastareas.com/ensayos/Creacion-Nuevo-Testamento/3229884.html

- Un subsidio franciscano para la Justicia y la Paz: http://es.scribd.com/doc/48671053/Un-Subsidio-Franciscano-de-Justicia-Paz-y-Integridad-de-la-Creacion

- Verso una eco-teologia in prospettiva interreligiosa: http://www.liberospirito.org/Testi/Ecoteologia/felix%20wilfred%20-%20verso%20un%27ecoteologia.pdf

- Qué nos enseña la eco-teología sobre la Trinidad: http://eco-justicia.blogspot.com/2009/10/que-nos-ensena-la-ecoteologia-sobre-la.html

 


NOTAS

[1] Juvenal Quispe, o.c., pp. 11, passim.

[2] La Eco-teología, Por Rivas Salazar Luis Christian: Texto contrario a todo discurso ecológico pero no por eso privo de valor en los peligros que insinúa: http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20100421/la-eco-teologia_67030_122720.html

[3] La carta de la Tierra, de Leonardo Boff es un ejemplo típico: no menciona ni a Dios ni a la creación.

[4] “Necesitamos reconciliarnos con la Madre Tierra y con Dios Padre y Madre que cohabita en el universo. El acelerado cambio climático que estamos provocando en el planeta nos exige una mística cosmo-teandrica, en la que Dios Padre y Madre, naturaleza y hombre (varón + mujer) coexistamos de manera fraterna y equilibrada”. Id. p. 69.

[5] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=119070 “La Eco-teología de la Liberación es la respuesta a la crisis que azota el mundo”.

[6] Juvenal Quispe, o.c., p. 73-74, 75, 79, 80 passim. Ver el capitulo, “La modernidad y el antropocentrismo absoluto”, ib. p. 81ss.

[7] San Buenaventura. La creación revela vestigia Dei y representa un camino para volver a El; “El mundo entero es sombra, camino, vestigio, es el libro escrito desde el exterior” (Hexaem. 12, n.14). La visión de Francisco: Toda criatura es una palabra de Dios, porque habla de Dios (Comment. in Eccles.). Gregorio de Nisa: Aquí la tierra, las islas, el mar y, por encima en forma de techo, la bóveda del cielo. La riqueza de cada especie fue colocada en estos edificios: por riqueza entiendo la creación, todo lo que la tierra produce y todo lo que, vivo y animado, brota al mundo de los sentidos.

[8] Ireneo, obispo de Lyon (Galia romana), nacido en Smyrna, posee la cultura griega y es heredero de la tradición post-apostólica de los testigos oculares de Jesús el Evangelio del Padre. El habla  de la historia -no de la ley como Tertulian experto en el Derecho romano, o de la filosofía griega como Orígenes- que no es “narración de eventos pasados”, espacio de dialogo con Dios porque “todo acontece dentro el tiempo y todo es guiado hacia el futuro de Dios” (González, en Constant in context). “The proverbs and myths of the African people reveal that the Holy Spirit wowed the seeds of the Good News in African cultures long before the African people ever heard Jesus’ words and teachings” (J. Healey: p.ix).

[9] Just as all ancient religions have their own account of the origin f the World so has the Bible (Christian Community Bible, Gn note 1.1) “Al igual que todas las religiones antiguas tienen su propia narración sobre el origen del mundo, la Biblia también tiene el suyo”.

[10] Ps 33: la creación, fundamento de la confianza en el gobierno providencial de Dios; Ps 95: la creación introduce al Dios salvador de Israel; Ps 135: la alabanza al Dios de la historia celebra su gloria desplegada en la creación; Ps 136: el “credo histórico”  es un artículo de fe en la “creación”.

[11] Es el Punto Omega de Teilhard de Chardin, que no puede ser el resultado del universo sino que debe existir antes de la evolución del universo, ya que el Punto Omega es el responsable de la subida del universo hacia la conciencia y la personalidad. Esto significa que el Punto Omega se encuentra fuera del marco en el que el universo se forma, porque es por su atracción el universo evoluciona hacia este Punto Omega.

[12] “Al final tendremos una verdadera liturgia cósmica y el cosmos se convertirá en hostia viva; pidamos al Señor para que nos ayude ser sacerdotes en este sentido... y ayudar en a transformar el mundo en una adoración de Dios”. Papa Benedicto XVI - 2009 (National Catholic Reporter, 24.09. 2009).

[13] “En la paz de Monte Spineto, una presencia silenciosa, nos hace percibir sentimientos profundos y místicos… y así que nos vestimos de espiritualidad y todos nos volvemos uno”. Blog Rita Armanda Fezzi.

[14] Juvenal Quispe: pp. 67. “Lo demostró el medico y biólogo inglés James E. Lovelock…[quien] acogiendo tradiciones ancestrales, denominó a la Tierra como la Gaia”: el nombre griego para "tierra", ge o ga, la primitiva diosa Tierra; nació del caos, el gran vacío de la nada, y con ella vino Eros, luego dio a luz a Ponto (el mar) y Urano (el Cielo) por partenogénesis.

[15] El bosón de Higgs -de Peter Higgs- es una partícula elemental del Modelo estándar de física de partículas que pretende explicar el origen de la masa de las partículas elementales: el bosón es la más pequeña excitación posible de la energía y la hace materia.

[16] “Cosmic Origins” website, www.cosmicoriginsfilm.com. Es obra del filósofo, sacerdote y productor, Padre Robert Spitzer en su objetivo de integrar la fe y la razón: ha producido la película para sostener que la existencia de Dios puede ser probada a través de la evidencia científica.

[17] El binomio “Justicia y Paz” fue acuñado por Pablo VI, el origen de “Integridad de la creación” no está muy claro.

[18] La palabra ecología fue acuñada por Ernest Haeckel en 1866 por indicar la ciencia del hábitat. A finales del siglo XIX Eugen Warming la define como la ciencia que estudia los organismos vivos. Hoy la ecología se interesa a las relaciones e interacciones en mana re sí de todos los seres vivos y no se limita a la naturaleza sino que abarca la cultura y la sociedad y así se habla de ecología natural, humana, social, etc.

[19] Leonardo Boff, o.c. p. 16ss.

[20] Eso de la misma manera que el bautismo NO nos hace hijos de Dios, todos los seres humanos: el bautismo no da en seno a la familia de Dios una misión especifica: ser sacerdotes, profetas y reyes.

[21] Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas, especialmente en el hermano sol. Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas, por el hermano viento y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo. Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sostiene y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.

[22] La creación genera en el hombre gestos de alabanza: aclamar (S 29, 1-2-), tocar y cantar (S 33, 2-3), batir palmas (S 47, 2), adorar (S 96, 9), gritar (S 98, 4; 99, 9; 103, 1-2. 20-22), danzar (S 149, 3). Sería largo listar los textos bíblicos -S e himnos- que muestran como la naturaleza, creatura de Dios, no está a lado sino participa del dialogo de Dios con sus creaturas.

[23] Il n’y a pas trace du péché originel dans le récit de la Genèse. La teología asiática se pregunta como hablar de un pecado original que condenaría a los billones de personas seguidores de las religiones orientales, sin que supieran que existe.

[24] El refrán: Dios vio que era bueno. Y, sin embargo, todo lo creado tiene límites: el mar, la tierra, el cielo.

[25] Un cuento dinka (Sudan) dice que al comienzo Dios vivía con los humanos, enfermedades y muertes era desconocidas y un granito de mijo era suficiente para la comida diaria.  La mujer sin embargo quiso más comida y mientras pilaba mijo golpeó a Dios. Dios se alejo de los humanos y apareció la muerte. G. Healey, o.c. p. 3.

[26] Leer: El planeta no está en peligro. La humanidad sí: http://www.jpic-jp.org/52-es.html. “La Gaia ha sufrido, durante toda su historia, diferentes agresiones naturales como consecuencias de los impactos cósmicos, las que hicieron que en diferentes épocas y en distintas proporciones desaparecieran infinidad de especies de vida en la Tierra. Pero, la Gaia fue recreando y reacondicionando el ambiente para el surgimiento o evolución  de la vida. […] Hoy, debido a la contaminación y al desequilibrio ambiental ocasionado por el hombre, puede que la Gaia genere nuevas condiciones ambientales a las cuales el hombre no pueda adaptarse y perecer por las sequías, hambrunas crónicas, pestes, etc.”. O.c. p. 67.

[27] Mensaje del 8 de diciembre de 1989.

[28] Jubenal Quispe, o.c. p. 11,…, 56.