Miércoles, 3 de mayo de 2017
El terremoto que sacudió a Ecuador la noche del sábado 16 de abril de 2016 con una magnitud de 7,8 grados en la escala de Ritcher afectó gravemente a ciudades como Pedernales, Manta, Portoviejo, Bahía de Caráquez, Esmeraldas y Muisne, ya que el epicentro estuvo ubicado en la zona centro-norte de la costa ecuatoriana. Más de 670 personas murieron, más de 6000 personas quedaran lesionadas y miles de construcciones destruidas o dañadas, y más de un millón de personas se vieron afectadas por el temblor. Un año después el Presidente de la Conferencia Ecuatoriana de Religiosos/as (CER), P. Rafael González Ponce, misionero comboniano, escribió un comunicado titulado “No los olvidamos” que a continuación publicamos.

¡NO LOS OLVIDAMOS!

El hecho que el primer aniversario del terremoto en Ecuador (16 abril 2017) coincida con el Domingo de Pascua – la Resurrección del Señor – a muchos/as puede parecer algo totalmente incidental, sin embargo, para quienes nos situamos desde una dimensión de fe no deja de ser consolador y motivo de gran esperanza. Toda muerte, en la perspectiva pascual, está llamada a ser un camino hacia una vida nueva, más plena. La lectura pascual de lo que pasó hace un año, nos tiene que llevar a cuestionarnos. Materialmente tantas cosas han cambiado… Pero nuestra Vida Consagrada en Manabí, Esmeraldas…y en Ecuador ¿ha cambiado hacia una mayor radicalidad? Nuestra lectura pascual del acontecimiento nos tiene que ayudar a cumplir nuestra misión profética para la Iglesia de Ecuador y hacia nuestros hermanos/as.

De inicio rechazamos todo análisis superficial, triunfalista o moralizante que minimiza lo ocurrido o cierra los ojos para no ver los desafíos que aún nos tienen que seguir cuestionando. Creemos que celebrar, en clima pascual, este aniversario nos pide renovar la memoria para rescatar el paso de Dios en estos acontecimientos, re-escuchar lo que nos quiso decir, y traducirlos en actitudes de Evangelio encarnado para nuestro ser y quehacer, aquí y hoy.

Primero, agradecer por tanta vida entregada en solidaridad y caridad incondicional. La sacudida de la tierra hizo brotar lo mejor de nosotros/as mismos/as, nos hizo más humanos/as y más divinos/as, al estilo de Jesús. Nos trajo una solidaridad que llegó para quedarse.

Segundo, convertirnos desde la experiencia de las trabas personales e institucionales que nos amarran en la mediocridad, intereses miopes, miedos y condicionamientos mundanos. Nos pide lucha constante para romper nuestra auto-referencialidad egoísta.

Tercero, asumir compromisos vitales (con Dios, los demás, la naturaleza, consigo mismo) que nos urgen acontecimientos históricos como el terremoto y tantos otros similares en el mundo.  Compromisos por ser una VC valientemente misionera, en salida hacia las periferias existenciales y del sufrimiento.

Conscientes del abrazo de la misericordia de Dios que se ha manifestado de tantas maneras en lo que pasó, hace un año y después, sentimos la urgencia de ser, para nuestros hermanos, profetas de esperanza: ¡el Dios de las sorpresas nunca deja abandonados a sus hijos/as y sigue contando con ellos/as para hacer realidad su proyecto de un mundo “nuevo”!

La Vida Consagrada existe por su radicalidad profética ahondándose en la presencia divina, que se revela en cada rostro humano y en la creación entera, cuando la abrazamos con amor. Que este aniversario sea eso: renovar nuestro SI a la VIDA.
P. Rafael González Ponce, mccj
Presidente (CER)
P. Luigi Ricchiardi, sdb
Equipo de Reflexión Teológica (CER)