Martes, 20 de junio 2017
Son las 8 de la noche en el Nuevo Milenio, uno de los barrios más vulnerados de Tumaco. Niños están jugando futbol en una calle hecha por basura, aserrín y tablas de madera. De vez en cuando el balón se les escapa por debajo de las casas palafíticas construidas sobre las mareas de la costa Pacífica. Las madres los están llamando a comer porque a estas horas ya no hay que estar en la calle. En el barrio hay grupos armados y se escuchan tiros. Ha habido muchos muertos últimamente. Unos 20 soldados están patrullando por las calles del Nuevo Milenio, pero tampoco les brindan seguridad a los vecinos. Así que mejor encerrarse.

Se escucha el ladrido de los perros, algunos pitos de motos, un helicóptero del Ejército y los ritmos fuertes de los RAPeros del Centro Afro Juvenil – una iniciativa de los Misioneros Combonianos. Unos 10 chicos entre los 16 y 24 años, todos vestidos de negro, están ensayando: “Decimos NO a la violencia, a los atentados, crímenes, reclutamiento forzado”. Niños de todas las edades forman el público espontáneo de esta noche imitando los movimientos de los grandes y acompañando orgullosamente el coro “Decimos NO a la violencia”.

Los RAPeros son AfroMiTu porque se sienten orgullosamente afrocolombianos, viven en el barrio Nuevo Milenio en medio de la violencia, el narcotráfico y la indiferencia de muchos adultos, pero igualmente aman su Tumaco y lo quieren ver diferente: con trabajo legal, posibilidades de estudios superiores, una infraestructura digna, un mejor sistema de salud. Y de eso hablan sus canciones. Varios integrantes dicen que nunca se habían imaginado cantar RAP, pero “las ganas de poder expresar públicamente y sin violencia mis frustraciones y sueños venció mi timidez”, confiesa una de las cantantes. “Nosotros componemos nuestras propias canciones y ritmos. Es un trabajo creativo en equipo que me fascina. Por un lado, denunciamos las violaciones de los Derechos Humanos, la corrupción y el mal funcionamiento de los servicios públicos aquí en la costa Pacífica. Pero no solo protestamos. También tenemos dos canciones que hablan de las bellezas de nuestra región.”

Hoy es un ensayo especial porque mañana AfroMiTu se va a presentar en un concurso y se quieren ganar el premio en la categoría de Justicia Social y Derechos Humanos. Toda la semana pasada estuvieron trabajando en el texto que tocaba entregar con anticipación, dos páginas sobre el tema “¿Cómo cambiamos la sociedad desde la música?” Todos dieron sus ideas, dos chicos asumieron la redacción, al final se pulió todo el documento y se envió la solicitud para el premio. Los argumentos de los chicos son sinceros y realistas: “Tumaco es un municipio que ha estado muy abatido por la violencia de diferentes grupos. La mayor cantidad de víctimas de esta realidad han sido jóvenes, y eso es algo que nos duele demasiado, ver que cada día hay menos amigos de la infancia y muy pocas personas en las cuales confiar. Pero también es verdad que hay muchas personas que no estamos de acuerdo con esa violencia, con la corrupción y con el narcotráfico.”

Los AfroMiTu llevan un proceso de casi dos años, empezando de cero, aprendiendo a redactar sus textos, componer las canciones, a cantar y moverse en una tarima. El primer concierto lo realizaron en julio 2015 en la calle principal de su propio barrio. Después no han faltado en ninguno de los eventos importantes que se organizan en Tumaco a favor de la paz: marchas y festivales por la paz, el Día Internacional de los Derechos Humanos, Semana de la juventud.

No es fácil en este contexto ponerse frente a un público y denunciar la violencia. Es un acto de valor y resistencia ciudadana, pero los AfroMiTu han tenido muy buena respuesta. En su documento para el premio escriben: “Es muy gratificante porque hemos tenido buen recibimiento de parte de nuestros barrios y de las personas que nos oyen porque nos ven como líderes que dan la cara al denunciar esos atropellos y violaciones de los Derechos Humanos en nuestro municipio. En nuestras presentaciones nos damos cuenta que realmente a las personas que nos escuchan, les llegan los mensajes musicales, y eso nos da fuerza para seguir adelante como un grupo que ha influido en los demás positivamente.”

A las 8:30 pm los chicos terminan su ensayo. Ya no hay que estar en la calle. De pronto hubiera sido bueno pulir una vez más la nueva canción “Del barrio soy yo” pero no hay que arriesgarse. Es tarde y nunca se sabe …

El día siguiente, los AfroMiTu son los primeros que entran al salón donde se escoge el premiado del concurso. Ni el jurado ha llegado todavía, pero los chicos están listos. Como siempre vestidos de negro y blanco, cadenas, gorras y cara dura de RAPeros pero con unos ojos sencillos y emocionados por el momento. Dos chicos son nuevos, llevan a penas 2 meses de haberse integrado al grupo, pero todo sale muy bien. El público se contagia al escuchar las primeras notas. Todo mundo se pone de pie y aplaude frenéticamente. ¡Y AfroMiTu gana el premio! Eso es AfroMiTu. Esa es la cara juvenil de Tumaco que tanto necesitamos. ¡Eso es construcción de paz!

Confirmar la resistencia

Confirmarse en Tumaco es más que tradición y sacramento, es resistencia. Es más que una fiesta bonita en ropa elegante al final de un año de catequesis para cumplir con los requisitos de la Iglesia. Es el inicio de un compromiso concreto, difícil y valiente dando testimonio vivo de este Jesús de Nazaret que luchaba por un mundo más justo, amoroso y pacífico. Todos los años un reducido número de confirmandos ingresa a la Pastoral Juvenil formando pequeños grupos de fe y construcción de un mundo mejor.

La Parroquia de La Resurrección, liderada por los Misioneros Combonianos, abarca varios barrios de alta vulnerabilidad en el casco urbano de Tumaco. Debido a la total ineficacia del Estado en este puerto nariñense, fue la guerrilla de las FARC que durante varios años regulaban la convivencia de las miles de familias. Desde que los mandos principales de las FARC se retiraron para concentrarse en las zonas veredales y apostarle a la paz, múltiples grupitos de criminales, paramilitares y disidentes guerrilleros han iniciado una lucha despiadada por el dominio del este sector que compone la parroquia. Casi todos los días algún civil pierde la vida en este conflicto de barrios. Por las noches las calles están abandonadas y las fronteras invisibles impiden que amigos y familiares de barrios vecinos se visiten.

Mas sin embargo, los Misioneros Combonianos no dejan de atender a toda su parroquia e intentan que los jóvenes de los diferentes barrios puedan conocerse construyendo así redes fraternas por encima de las fronteras inhumanas. El grupo juvenil “Jóvenes cambiando el mundo con amor” es resultado directo de una catequesis de confirmación moderna y aterrizada en la realidad. Los chicos viven rodeados por la violencia. Algunos tienen hermanos vinculados a algún grupo armado o el narcotráfico. Otros han perdido amigos o familiares por desplazamiento y asesinato, pero como grupo juvenil están luchando por no rendirse sino “cambiar el mundo con amor”.

El domingo de Pentecostés 2017 se confirma un nuevo grupo de jóvenes de la Parroquia La Resurrección. La noche anterior al sacramento se suele celebrar una Misa especial para y con los jóvenes. Las fronteras invisibles incomodan a varios de los chicos porque viven en los “barrios enemigos” del sector donde se ubica el templo. Una parroquia fragmentada por fronteras absurdas. Incluso se tuvo que adelantar la hora de la misa para minimizar los riesgos nocturnos, pero nadie puede faltar porque es un momento muy especial en el que cada joven se pone frente a toda la comunidad para manifestar públicamente el compromiso que quiere asumir como fruto del proceso de confirmación. Justamente iniciando este acto tan importante, se va la energía en todo Tumaco. Sobre la comunidad de La Resurrección cae una oscuridad casi total y una tensión aún más grande pensando en la salida de la iglesia en “territorio hostil”. Pero los jóvenes siguen pronunciando sus compromisos con voz firme. La mayoría expresa que quiere pertenecer al grupo juvenil y ser jóvenes constructores de paz.

Mientras tanto en el barrio vecino el grupo juvenil está preparando un brindis. Llevan quince días recogiendo los pesos necesarios para una torta de tres leches y champán. En la oscuridad del barrio, los “Jóvenes cambiando el mundo con amor” son casi los únicos que no se han retirado a sus casas, sino que están preparando con velas, confeti y mucho cariño el momento de bienvenida para los “nuevos”. Llevan más de un año cumpliendo con su propio compromiso de confirmación. Con actos tan sencillos como éste, son constructores de paz resistiendo al miedo y la indiferencia.

Temerosos vienen llegando los confirmandos caminando media hora por los barrios en conflicto cuando descubren en medio de la oscuridad la luz de las velas del grupo juvenil. Abrazos, cariño, palabras propositivas: Estamos aquí porque queremos que ustedes hagan parte de nuestra familia. Por eso hemos preparado esta sorpresa para ustedes porque somos los “Jóvenes cambiando el mundo con amor.” Bienvenidos!

Así, una vez más queda claro: Confirmarse en Tumaco es más que tradición y sacramento, es resistencia.
Uli Purrer