Lunes, 19 de octubre 2020
Mujeres y niñas están más expuestas a sufrir pobreza económica en todo el mundo. No existe ningún país en el que se dé una igualdad económica entre hombres y mujeres. La pobreza aumenta la brecha de género y esta genera a su vez pobreza. Brecha de género y pobreza son dos desigualdades interconectadas que vulneran los derechos de las mujeres.
[Vega Alonso del Val, colaboradora de Amnistía Internacional]

¿Qué es la feminización de la pobreza?

Este concepto fue acuñado en los años 70 para mostrar una realidad: la pobreza económica afecta más a las mujeres que a los hombres. Según Naciones Unidas, el 70% de las personas pobres en el mundo son mujeres. Además, una de cada cinco niñas en el mundo vive en condiciones de extrema pobreza. Es decir, en un hogar que sobrevive con menos de 1,90 dólares al día. 

Aunque las mujeres realizan el 66% del trabajo en el mundo y producen el 50% de los alimentos, solo reciben el 10% de los ingresos y poseen el 1% de la propiedad.

Mujeres y niñas son más vulnerables a cualquier forma de violencia y la pobreza económica es una violencia más hacia este colectivo. La feminización de la pobreza vulnera sus derechos y además, frena el desarrollo social y el crecimiento económico mundial.

Hablamos de una brecha de género que pone de relieve cómo las distintas opresiones que sufren mujeres y niñas están conectadas. La pobreza frena su independencia económica, el acceso a los recursos o a derechos como la educación y la salud. Además, genera menos protección ante la violencia y suma más dificultades para tomar decisiones o participar de forma activa en la vida política.

¿Por qué la pobreza afecta más a las mujeres?

La discriminación contra las mujeres y niñas es causa y al mismo tiempo consecuencia de la desigualdad que genera la pobreza económica. Es decir, la pobreza aumenta la brecha de género y la desigualdad de género provoca pobreza. Un círculo que es necesario romper.

En todo el mundo el sistema patriarcal y la perpetuación de los roles de género fomentan desigualdades sociales, culturales y económicas que generan pobreza. La desigualdad laboral es uno de los principales factores que potencian la feminización de la pobreza con salarios más bajos, trabajos no remunerados y mayor tiempo dedicado a los cuidados. Un trabajo que pocas veces es reconocido y valorado.

A nivel mundial, la brecha salarial entre hombres y mujeres es del 24%.

Las mujeres asumen entre dos y diez veces más trabajo de cuidados no remunerados que los hombres. 

Además, el acceso de las mujeres a la propiedad, la vivienda o las finanzas sigue siendo muy difícil en muchas zonas del planeta. En algunos países, las mujeres tienen que pedir permiso a su padre, hermano o marido para abrir una cuenta corriente. En otros, las legislaciones pueden restringir su capacidad para heredar tierras o pedir préstamos.

Esta falta de acceso igualitario a las finanzas es una barrera para salir de la pobreza en la que se encuentran muchas mujeres e impide que tengan plena autonomía para tomar decisiones sobre sus propias vidas.

Por otro lado, la falta de acceso a la educación también genera pobreza y esta, al mismo tiempo, aumenta la probabilidad de no acceder a una educación. De nuevo, el círculo de la pobreza y la brecha de género.

15 millones de niñas no asisten a la escuela primaria, frente a 10 millones de niños. En la adolescencia, muchas niñas tienen que abandonar la escuela secundaria debido a embarazos precoces y al trabajo doméstico

Las crisis económicas ponen en relieve las desigualdades que sufren las mujeres e intensifican aún más las situaciones de pobreza en este colectivo. La actual crisis derivada de la COVID-19 ya lo está haciendo.

La pandemia está generando más precariedad, más sobrecarga del trabajo de los cuidados y, por tanto, más dificultades para teletrabajar o mantener sus oportunidades de empleo, más carga mental a la hora de conciliar, más invisibilidad de las mujeres que trabajan en la economía sumergida –como las empleadas del hogar–, más dificultades para las familias monoparentales y más violencia. Solo en Europa los servicios de emergencia registraron un aumento de hasta un 60% en las llamadas de mujeres víctimas de violencia doméstica durante los periodos de confinamiento por el coronavirus. 

A nivel mundial, esta pandemia ensanchará la brecha de pobreza entre mujeres y hombres. La ONU calcula que unos 47 millones más de mujeres y niñas caerán por debajo de la línea de pobreza, revirtiendo así décadas de progreso para erradicar la pobreza extrema. 

Se esperaba que la tasa de pobreza entre las mujeres disminuyera el 2,7% entre 2019 y 2021. Sin embargo, las proyecciones ahora prevén un aumento del 9,1% debido a la pandemia y sus consecuencias.

Y otro aspecto relevante: con la crisis las mujeres tienen más probabilidades de perder su trabajo. En España el Instituto de la Mujer señala que los sectores más feminizados –como turismo, comercio, hostelería– son los más afectados por la pandemia y en los que la recuperación de su actividad será más lenta.

¿Podemos acabar con la feminización de la pobreza?

Sí, se puede y se debe. Un objetivo que debe involucrar a gobiernos, empresas, ciudadanía y organizaciones. Decíamos anteriormente que la feminización de la pobreza es una brecha de género más y que todas las desigualdades están interconectadas entre sí. Por ello, si acabamos con la desigualdad de género podemos romper con el círculo de la pobreza que sufren las mujeres y viceversa. 

Una apuesta real por la igualdad junto con cambios estructurales y sociales pueden ir abriendo el camino. Esta igualdad de género pasaría por que mujeres y hombres tuvieran el mismo acceso a un empleo, la misma retribución por el mismo trabajo, un reparto de las tareas del hogar y por reconocer y valorar los cuidados no remunerados y el trabajo doméstico. Esta igualdad pasaría por garantizar el mismo acceso en todo el mundo a una propiedad, a un préstamo y  a una educación y salud de calidad.

El empoderamiento de las mujeres y niñas también es clave para tener autonomía económica. Es importante que dispongan de las herramientas necesarias para conocer sus derechos y poder expresarse.

Recordamos que más de la mitad de la población en todo el mundo son mujeres. Erradicar la pobreza económica que sufren es fundamental porque sin igualdad no hay desarrollo posible.
[
Por Vega Alonso del Val (@VegaAlonsoV), colaboradora de Amnistía Internacional, 17 de octubre de 2020]