El Instituto de los Misioneros Combonianos es exclusivamente misionero y se dedica a la evangelización de los pueblos. Las características de este servicio misionero se resumen en las cuatro dimensiones siguientes: "ad gentes", "ad pauperes", "ad extra" y "ad vitam".

El nacimiento del Instituto
Las características de este servicio misionero se resumen en las cuatro dimensiones siguientes: son misioneros "ad gentes": porque se dirigen a aquellos pueblos, ambientes y situaciones no todavía o no suficientemente evangelizados. Son misioneros "ad pauperes": porque dan preferencia a los más pobres y abandonados en la fe y en la dimensión social. Son misioneros "ad extra": porque son hombres de Dios en éxodo, que sobrepasan fronteras personales, familiares, geográficas, culturales, sociales y religiosas. Son misioneros "ad vitam": porque se consagran a Dios para la misión para toda su vida.Poco antes de morir la noche del 1º de octubre de 1881, Mons. Daniel Comboni, tomando la mano de don Giovanni Dichtl, le pide: "Jura que serás fiel a tu vocación misionera". Comboni está seguro de que la obra de la Regeneración del Mundo negro querida por Dios, mientras cuente con hombres y mujeres generosos y decididos no morirá; por esto añade: "Yo muero, pero mi obra no morirá".
Algunos años antes, precisamente el 15 de septiembre de 1864, Comboni, arrodillado junto a la tumba de san Pedro, concibe un Plan para la Regeneración de toda África. El Plan, aprobado y sostenido por el papa Pío IX, salva la Misión del África Central, que recibe un nuevo impulso y el apoyo de numerosas organizaciones católicas. El Plan, sin embargo, no podrá realizarse si faltan operarios; por eso Comboni inicia en Verona el Instituto de las Misiones Africanas, que acoge sacerdotes y laicos dispuestos a dar su propia vida, para que también África, la "perla negra", pueda resplandecer junto a las de otros continentes en el manto de la Iglesia.
En 1885, cuatro años después de la muerte de Comboni, el Instituto se convierte en Congregación religiosa, dando inicio a aquel camino dinámico y fecundo de los Misioneros Combonianos que, fieles a la inspiración inicial, la hacen eficaz a lo largo de la historia, adaptándola a la luz de los signos de los tiempos, de las llamadas de la Iglesia y de las situaciones misioneras de “Nigrizia”.

Una obra querida por Dios
El camino del Instituto no siempre fue fácil, pero dos acontecimientos manifiestan que la obra iniciada por Mons. Daniel Comboni y llevada por los Misioneros Combonianos es una obra querida por Dios. El primer acontecimiento fue el renacimiento de la Misión del África Central, después de los acontecimientos de la Mahadia; el segundo fue la reunificación del grupo alemán y del italiano en una única Congregación.
En 1882, las topas sudanesas guiadas por Mohamed Ahmed que se proclamaba "El Mahdi" (la guía), barrieron las frágiles estructuras de la misión recién comenzada, segaron la vida de jóvenes misioneros y misioneras y sometieron a los otros a una persecución despiadada y cruel que hizo beber a aquel pequeño rebaño heroico de supervivientes el cáliz de la amargura, de la debilidad y de la humillación. El padre Josef Ohrwalder, después de diez años de prisión en el campo del Mahdi, consiguió escapar, y fue precisamente él, junto con otros quienes en 1900 pudo retornar a Sudán, a Ondurman, para volver a dar vida a aquella semilla plantada por tantos misioneros y misioneras y regada con su sudor, sus lágrimas y su sangre. Los tres primeros sucesores de Mons. Daniel Comboni en la dirección de Vicariato Apostólico del África Central, Mons. Francesco Sogaro, Mons. Antonio Roveggio y Mons. Francesco Saverio Geyer, se prodigaron con todas sus fuerzas primero para liberar a aquellos misioneros que todavía eran presos del Mahdi y luego para hacer avanzar la obra iniciada por Daniel Comboni no sólo entre los pueblos negros de Sudán, sino también en el vecino país de Uganda, a donde llegaron en 1910 los Misioneros Combonianos.
El segundo acontecimiento fue la reunificación de las dos Congregaciones misioneras, la alemana y la italiana en una sola familia Comboniana: esto ocurría en el Capítulo General de 1979, en el que los herederos de Comboni toman el nombre actual de Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús. La separación ocurrida en 1923, a causa de dificultades del momento histórico, no había apagado en los dos grupos, el alemán y el italiano, la identidad misionera y la memoria viva de Comboni, que desde el comienzo, para la realización del Plan, había querido un Instituto verdaderamente católico, abierto a sacerdotes y laicos de toda lengua, cultura y toda procedencia geográfica; un Instituto que no debía eliminar ni aplastar las diferencia culturales, sino articularlas por el bien de la Misión en un verdadero "Cenáculo de Apóstoles".