de Alessandro Guarda

Quisiera reunir los temas para presentar, a la luz del Capítulo 2003, in un binomio: la comunidad... y la economía,
Y el fondo Común...que tienen una relación intrínseca.

La Comunidad

a) En mi intervención al Capítulo, partiendo de las consideraciones sugeridas de la avenita implementación parcial del Fondo Común Provincial en los seis años precedentes, he sugerido de haber un Plano Zonal en los cuales los Combonianos presentes se sientan en colaboración para conseguir el mismo objetivo. Lo llamaban “plano zonal”, previniendo situaciones muy extensas como aquella de la Uganda, del Congo o del Brasil, en los cuales es preferible y más concreto disminuir la extensión del Plano de intervención misionario a “zonas” en vez de provincias. Es mi convicción que la aplicación de un Fondo Común Provincial pueda fracasar ahí donde falta una verdadera conciencia y voluntad de trabajo común. El Fondo Común es solo un instrumento y no un toco mágico que resuelve todos los problemas económicos de las provincias.
Este Plano (zonal o provincial) sería un plano de evangelización, por tanto de objetivos de anuncio y de realización y de metodología misionaria. He subrayado algunos elementos:
 La continuidad. Un Comboniano no puede deshacer aquello que el suyo predecesor ha iniciado, siendo siempre necesaria una constante revisión y confrontación entre los resultados obtenidos y las necesidades e objetivos para alcanzar.
 La comunitaridad en la decisión y en la maduración de las posibilidades porque cuando las decisiones llueven del alto, a menudo no tienen continuación.
He llegado a proponer que la provincia se vuelva promotora y coordinadora de una acción de desarrollo y testimonio de la caridad en estrecha relación con el plano de evangelización adapto, realizando por tanto al detalle en las singulas misiones, parroquias y comunidades aquello que ha sido proyectado junto a la provincia, sin mortificar las iniciativas privadas, pero que deberán ser canalizadas también sí el inventor del proyecto fuera cambiado por diferentes motivos, y garantiría una más segura evaluación de la validez del proyecto.

b) El Capítulo ha hablado mucho sobre la comunidad y él ha planteado un proyecto actualizado en la realidad cultural de hoy y con una proyección en dirección al futuro, y ha mostrado como la economía se relaciona con la vida comunitaria y ofrece los medios para la realización de la misión que la comunidad se propone.

1. Antes de nada somos interpelados por los pobres como fue Comboni:
“En tantas situaciones de pobreza, abandono y muerte, Comboni descubrió en Cristo crucificado la presencia eficaz de Dios de la vida y una multitud de hermanos para amar y de valorar, llevándoles el Evangelio”. (n.34)
“Viviendo esta misma experiencia de contemplación apostólica, también nosotros vivimos la alegría de la donación total, compartiendo la fuerza liberadora del Evangelio con los crucificados de la historia (hacer causa común – n. 35.2)

“Somos invitados a los pueblos y a los grupos humanos más pobres y marginados “.

Sobre el ejemplo de Comboni conjugamos juntos evangelización y promoción humana como dos caras de la misma misión ,Pablo VI° en la suya Populorum Progressio habla de “ desarrollo integral, es decir vuelto a la promoción de cada hombre y de todo hombre”. (PP n. 14).
“Con compromiso prioritario por la primera evangelización llevamos la Palabra al corazón de la vida de las personas… La evangelización es también aprobación humana. Ella lleva a las personas y a los grupos humanos ha alcanzar la plenitud de la suya dignidad”. (n. 401).

La metodología comboniana viene indicada claramente: entre las cuales.
+actuar siempre en manera comunitaria, (n. 42)
+denunciar con espirito profético las situaciones y las causas de las injusticias (n. 42.6)
+trabajar con compromisos específicos para una promoción humana integral (n. 42.7)
+compartir la vida de los pobres usando el dinero para una solidariedad eficaz y respetuosa de la dignidad (n. 42.8).

2. El punto central de la dinámica de la comunidad en relación a la actitud económica queremos encontrar en el capitulo IV sobre la comunidad, vista como objeto y sujeto de la misión a los nn. 82-89.
La comunidad comboniana se encuentra en primera línea en frente a la globalización. No es solo un lenguaje o una moda, más una realidad de la cual no podemos no tomar conciencia.
La globalización es una realidad, no una posibilidad.
En este mundo globalizado el Capítulo nos invita ha hacer la nuestra elección de campo a fin de que “la comunidad comboniana llege ha ser signo de aquel pueblo global que se quiere construir” (n. 82). Una Globalización alternativa así pues, que nosotros llamamos comunión, solidariedad, Reino de Dios, pero que esta en estrecha relación con un extremo a otro del mundo.
En este contexto somos todos en primera línea al frente de la globalización en Colombia, en Congo, en Brasil y en otras partes del mundo, y todos solidarios: Los cofrades del Norte con aquellos del Sur, aquellos de la animación misionaria con aquellos del primer anuncio… y los ecónomos con todos.
La elección fundamental del Capítulo en merito a este argumento en coherente desarrollo de cuanto ya sea dicho en los capítulos anteriores, es el rechazo del individualismo.
Se decía: “La llamada a la misión es sí una llamada individual, pero vivida e expresa como comunidad. Carismas y donos personales enriquecen la misión y vuelven el servicio misionario más productivo”. (n. 83)

3. El Capítulo profundiza el discurso comunitario, también bajo el perfil de las exigencias de vida común de las personas, del punto de vista de la espiritualidad y comunión trinitaria.
Subrayo el aspecto donde se introduce el discurso económico: en el Plano misionario. Un documento misionario comunitario se ha hecho ya en muchos puestos, y una programación sesentenal provincial es ahora una tradición para los Combonianos.
Antes de todo tenemos el Plano histórico de Comboni. Quizás pero a veces lo consideramos como un nuestro conocimiento histórico, equipaje cultural para poner en alguna sala bien como trofeo, o en el desván con los recuerdos de la juventud o de nuestros ancianos. Cada tanta lo desplazamos de acuerdo a las necesidades y hacemos un congreso docto para conservar en la memoria, “para no olvidar”. Conseguimos por tanto recoger algunas ideas “proféticas” y a decir que son todavía válidas: ¡un modo con otro para decir que todo el resto no es más válido!
Ciertamente también el Comboni se ha despagado de la letra de su Plano, pero fino en fondo he quedado convencido que fuese la inspiración y la línea metodológica y programática para seguir. .
Este Plano sin embargo es el primer Plano de acción comboniana al cual le siguen otras programaciones y propósitos, y al cual deberían inspirarse los Planos provinciales para implementar el Plano Comboniano en una provincia concreta hoy.
En este contexto coge toda la suya importancia la invitación del Capítulo a “preparar, en dialogo con los coordinadores continentales del sector de la evangelización, una ratio Missionis del Instituto” (n. 49), del cual evidentemente después podrán acoger los movimientos las provincias.

4. ¿Por qué insisto tanto por su importancia de este Plano provincial y la suya concretización comunitaria? Porque el rol y la función de la economía son plenamente introducidas en la vida y misión de la comunidad. Una realidad para superar, eliminar completamente de la nuestra mentalidad es aquella “del ecónomo a tiempo perdido, que cuenta el dinero que resta al fin”: alguien puesto allí a coger un cuaderno de cálculos, o ha hacer alguna relación económica a la fin del año, para responder a las peticiones de regla que ninguno entiende el por qué se deban hacer.
“La economía es un importante sector de la vida humana y misionaria”, reconoce el Capitulo al n. 101, y él la introduce en la vida de la comunidad en cuanto tal.
“La comunidad es el lugar donde se cumple el discernimiento, la elección, la realización y la evaluación del trabajo y del servicio misionario”. (n. 85) “Ha sido Comboni el primero a querer que la misión fuera llevada adelante a un cenáculo de apóstoles (S 2648) donde personas diferentes vinieran asociadas para el mismo proyecto común”. (idem).
El proyecto y el trabajo misionario, que se trate de anuncio cate comunal, pastoral juvenil, formación de catequistas, formación comboniana , animación misionaria u otra cosa, es un trabajo de toda la comunidad de la primera a la última fase: juntos se lleva adelante, aunque con diferentes competencias, carismas diferentes y en forma complementaria: todos en dirección al mismo objetivo concordado!.

5. Se vuelve normal entonces la con división de los bienes y de los medios materiales en comunidad y en provincia ( si hay un proyecto común!) Y esta misma con división se vuelve proposta alternativa y denuncia del materialismo y consumismo dominantes en la sociedad. (n. 86).
Si no hay un proyecto común de evangelización, el fondo común se volverá en seguida el lugar de enfrentamiento de diferentes intereses.
Se vuelve lógico tener un Fondo Común. Allí donde no hay o no es aceptable se puede fácilmente denunciar, no tanto o solo el apego a los propios bienes ( ¡¿cómo se puede después decir que son bienes propios, aquellos que son recibidos de otros, sobre simple petición para un trabajo misionario o de caridad!?), pero sobre todo un trabajo individualista: ¡ mis proyectos, mis ideas, mis programas y por lo tanto mis cosas!
Pero naturalmente necesitan ser sostenidas por una programación en las cuales se encuentran, necesita sentir que se tiene un puesto en esta comunidad provincial o de delegación presente en un cierto país, sentir de ser escuchados, también si evidentemente no todas las decisiones tomadas son conformes a las propias opiniones. Entonces me encuentro y encuentro la mía vocación inicial para los más indigentes y abandonados.

6. En la lógica de la participación al mismo Fondo Común se necesita también insistir sobre la participación al esfuerzo de encontrar los medios necesarios para poner en común. “Nos comprometemos todos, dice el Capítulo, el la búsqueda de los medios necesarios para la nuestra vida y el servicio misionario”. (n.102.3). Las dificultades que se encuentran frecuentemente, en el conflicto de las generaciones y de las diferentes mentalidades, deben ser superadas por un objetivo común. Las soluciones no pueden ser de tipo matemático, en general “cada co frade debe llevar una entrada de 10000 dólares”. Pero en la realidad de las personas, de sus carismas, de sus conocimientos, de sus capacidades, de sus trabajos, todos colaboraran, en cuanto puedan, al mantenimiento de la misión.

El Fondo y el Plano Común se vuelven más exigentes sí por los singulos, pero también por los Superiores, ¡es mucho más fácil dejar que cada uno haga lo que quiere, con tal que no fastidie!”
Hacer funcionar sin embargo un plano común de misione, significa vigilar siempre a todo el territorio, ofreciendo colaboración, coordinamiento, diálogo y atención.
Es exigente también para el ecónomo provincial o de delegación: porque debe gestionare todo el conjunto de los bienes provinciales con una mirada juiciosa a esto que esta sucediendo en cada comunidad y cuales serán las posibilidades futuras, previniendo los movimientos de crisis y evaluando las posibilidades de intervento.
Es una obligación también para las singulas comunidades que se deban comprometer en una dinámica de programación, sea de la acción para cumplir que de los medios para emplear. De ejecución del programa y presupuesto estabilido, y en un tercer momento de evaluación e informe regular, sea a la provincia y a su superior, que a los eventuales benefactores o financieros.

7. Una provincia con Fondo y Plano Común deberían tener también un programa común de interventos sociales o de programación humana.
El Capítulo no ha hablado expresamente bajo este punto de vista, pero ha sugerido la realización de proyectos de promoción humana que haga parte de la programación provincial (n. 50.1) que son encomendados a una comunidad (n.50.2), que sean evaluados con criterios pastorales y técnicos, que respondan a las reales necesidades de la iglesia local y a criterios de pobreza evangélica (n. 102.5), que la gestión sea transparente (n. 102.6) y que favorezcan un modelo de desarrollo sostenible y compatible con las provisiones locales (n. 102.7).
Las primeras indicaciones recuerdan eran dadas por las cosí dichas “obras significativas” (n.50) en las cuales deberían ser subrayadas la vocación y el rol del hermano en misión, pero estimo que sean verdaderas para cada proyecto social para promover, y independientemente de cómo el hermano debería participar llenamente al Plano misionario de la comunidad y provincia de la primera fase de planificación a aquella conclusiva de colaboración según el propio carisma.

8. Esto que digo sobre a propósito de “pueblo global alternativo” y colaboración entre Norte y Sur (cfr. N. 2) lo veo actuar en este contexto de promoción humana programada y coordinada por la provincia de misión del Sur y sostenida por la animación de la provincia del Noroccidente, manifestando llenamente la unidad de acción misionaria comboniana. La pregunta que se hace muy a menudo es: ¿Cosa hacen los Combonianos en aquel País? Aquí esta la misma familia presente al Norte y al Sur, al de aquí y al de ahí de un ideal barricada social, aquella que separa la pobreza de la riqueza.

A. Lwanga Guarda.
Ecónomo general.