Isaías  50,5-9a
Salmo  114
Santiago  2,14-18
Marcos  8,27-35

Reflexiones

En el corazón del Evangelio de Marcos (estamos hoy exactamente en la mitad), vuelve el tema de fondo sobre la identidad de “Jesucristo, Hijo de Dios” (1,1; cf 15,39). Él posee una identidad rica y misteriosa, que, desde el comienzo hasta el final, el evangelista Marcos quiere desvelar gradualmente a sus lectores. El texto de hoy contiene la respuesta ardiente de Pedro, quien toma distancias de las opiniones corrientes entre la gente: los grandes personajes religiosos del pasado quedan superados, ahora Jesús de Nazareth es el Mesías, el Cristo. El texto paralelo de Mateo (16,13-20) da un mayor despliegue al diálogo entre Jesús y Pedro, con los temas de la piedra, la Iglesia, las llaves... Dentro de su brevedad, Marcos concentra en las palabras de Pedro la revelación de quién es Jesús: “Tú eres el Mesías” (v. 29). La afirmación de Pedro es correcta y completa en cuanto fórmula teológica, aunque él tenga de ella una comprensión limitada y distorsionada, como se ve pronto por el reproche de Jesús que viene a continuación (v. 33).
A estas alturas del Evangelio de Marcos, Jesús ha entrado en una etapa nueva: deja las muchedumbres de Galilea, quiere dar más tiempo a la formación de sus discípulos y comienza revelándoles su doble identidad de Mesías y de Siervo que sufre: son dos realidades inalcanzables por la sola mente humana. Pedro, con dificultad, alcanza la verdad de Jesús Mesías-Cristo, pero tropieza totalmente ante la verdad del Mesías-Siervo que “tiene que padecer mucho, morir y resucitar” (v. 31). Pedro pretende dar lecciones a Jesús y lo increpa por ese género de previsiones (v. 32), hasta que Jesús lo amonesta duramente, invitándolo a retomar el lugar que le corresponde, detrás de Jesús: el discípulo camina tras el Maestro, sigue sus pasos. En el tema del sufrimiento y de la cruz, Pedro es esclavo de la mentalidad corriente, piensa como los hombres. Tan sólo más tarde, cuando llegue el Espíritu, logrará pensar como Dios (v. 33).
 “Tú piensas como los hombres, no como Dios”: es la amonestación de Jesús a Pedro y a los discípulos de entonces y de siempre. Una amonestación que rechaza toda forma de religiosidad cómoda y retórica. Una desconcertante invitación a emprender el camino estrecho de la humildad y de la austeridad: dejar de pensar sólo en sí mismos, hacerse disponibles a los demás, compartir la decisión de Jesús, que ha aceptado, por amor, incluso la muerte, para que todos tengan vida en abundancia (Jn 10,10).  Una llamada  a todos los bautizados (sean ellos simples fieles o responsables de comunidades, en cualquier nivel) a colaborar para que la Iglesia  -de la cual todos formamos igualmente parte-  sea siempre más discípula que aprende y actúa según el estilo de Jesús; más humilde, pobre, austera en los signos exteriores; más valiente y eficaz en sus opciones en favor de los débiles y de los últimos. En una palabra, una Iglesia más conforme a su Maestro, siguiéndole los pasos. Ese es el verdadero lugar de una Iglesia discípula y misionera; su único motivo de orgullo. (*)
 Cargar la cruz y seguir a Jesús (v. 34), acoger la sabiduría y la fecundidad evangélica de la cruz es posible sólo por una gracia, que la liturgia nos invita a implorar, para estar seguros de que salvaremos nuestra vida “tan sólo si tenemos el valor de perderla” (Colecta), ofreciéndola con Jesús por la vida del mundo. Esta certeza sostenía al Siervo sufriente (I lectura): “El Señor me ayuda, no quedaré defraudado” (v. 7).
La fraternidad y el servicio a los necesitados son valores inseparables del seguimiento de Cristo, como enseña el apóstol Santiago (II lectura): las palabras hipócritas y huecas son incapaces de calentar al que tiene frío y saciar al hambriento (v. 15-16). La autenticidad del seguimiento del Señor se comprueba con los hechos de la caridad. Dan testimonio de ello algunos santos que recordamos en este mes: la B. Madre Teresa de Calcuta (5/9), S. Pedro Claver (9/9), S. Padre Pío de Pietrelcina (23/9); S. Vicente de Paúl (27/9)... Ya que se han atrevido a perder su vida por Jesús y por el Evangelio, la han salvado (Mc 8,35). Por tanto, su testimonio es claro y estimulante para las fuerzas vivas de la misión hoy, aquí y en todas partes.

Palabra del Papa

(*)  “El que encuentra a Jesús, el que se deja atraer por Él y está dispuesto a seguirlo hasta el sacrificio de la vida, experimenta personalmente, como hizo Él en la cruz, que sólo el «grano de trigo» que cae en tierra y muere da «mucho fruto» (cfr. Jn 12, 24). Éste es el camino de Cristo, el camino del amor total, que vence a la muerte... Ésta es la experiencia de los verdaderos amigos de Dios, los santos, que han reconocido y amado en los hermanos, especialmente en los más pobres y necesitados, el rostro de aquel Dios largamente contemplado con amor en la oración. Ellos son para nosotros ejemplos estimulantes, dignos de imitar”.

Benedicto XVI
En la peregrinación al Santuario del Rostro Santo
en Manoppello (Chieti, Abruzos), 1° de septiembre de 2006

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 13/9: S. Juan Crisóstomo (ca. 349-407), obispo de Costantinopla, doctor de la Iglesia; escribió y sufrió mucho, murió exiliado en Comana, a orillas del Mar Negro.

- 14/9: Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, icono del Crucificado-Resucitado, símbolo del misterio pascual para la salvación de todos los pueblos.

- 15/9: Beata Virgen de los Dolores, asociada íntimamente a la pasión redentora de Cristo.

- 15/9: B. Pablo Manna (1872-1952), sacerdote italiano del PIME, misionero en Birmania, fundador de la Pontificia Unión Misional, para la difusión del espíritu misionero en las comunidades cristianas. Se celebra también el 16/1, poco antes de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, obra que él promovió.

- 16/9: S. Cipriano, obispo de Cartago (Túnez), teólogo apologeta y mártir (ca. 200+258).

- 16/9: S. Juan Macías (1585-1645), religioso de origen español, hermano coadjutor dominico; vivió y murió en Lima (Perú), entregado a los pobres y a los enfermos.

- 18/9: BB. Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles, laicos casados y catequistas, martirizados en México (+1700).

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)
Sitio Web: www.euntes.net “Palabra para la Misión”

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XXIV Domingo - Tiempo Ordinario - Año B