Fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo
Año B

Éxodo 24,3-8
Salmo 115
Hebreos 9,11-15
Marcos 14,12-16.22-26

Reflexiones
La Eucaristía es el don divino para que toda la familia humana tenga vida en abundancia (Jn 10,10); es el pan nuevo y definitivo que Cristo confía a la Iglesia peregrina y misionera en el desierto del mundo; un don que es preciso descubrir y proponer a otros: “si tú conocieras el don de Dios…” (Jn 4,10). La Eucaristía es fuente y estigma de unidad: siendo comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo, debe llevar a todos los que participan en ella a vivir la comunión fraterna. De la Eucaristía nace necesariamente un generoso y creativo impulso al encuentro ecuménico y a la actividad misionera, “para que una sola fe ilumine y una sola caridad reúna la humanidad difusa en toda la tierra” (Prefacio). La persona y la comunidad que hacen la experiencia viva de Cristo en la Eucaristía se sienten motivadas a compartir con otros el don recibido. La misión, en cuanto anuncio y presencia de Cristo, nace de la celebración eucarística, encuentra aquí su fuerza y atrae a todos en torno a esta mesa.

La Eucaristía enseña y da la fuerza para derribar las barreras que impiden o mortifican el desarrollo de la vida: 1. enseña a defender la vida de cada persona, con el convencimiento de que ‘¡nadie sobra!’ en la aldea global de la humanidad; 2. da fuerza para vencer la espiral de la violencia mediante el diálogo, el perdón y el sacrificio; 3. impulsa a romper las cadenas del acaparamiento de bienes, promoviendo el compartir, la solidaridad y relaciones más justas entre las personas y entre los pueblos.

En una palabra, la Eucaristía es motor y proyecto de auténtico desarrollo, de promoción humana y cristiana, de transformación de las personas y de la sociedad. En efecto, Jesús instituye la Eucaristía como don de amor, en la misma noche en que iba a ser traicionado, abandonado, condenado… La Eucaristía trasforma así la muerte misma en amor, hasta el punto que la muerte ya está superada y vencida en la resurrección: el amor supera el odio, el amor vence la muerte, porque el amor transforma las personas desde dentro. El Papa Benedicto XVI, comentando la institución de la Eucaristía (Evangelio), nos ofrece una profunda reflexión sobre la Eucaristía como fuerza de transformación de cada persona y del mundo entero: “Solamente esta íntima explosión del bien que vence el mal puede suscitar después la cadena de transformaciones que poco a poco cambiarán el mundo. Todos los otros cambios son superficiales y no salvan”. (*)

¡Es, sin duda, una reflexión fecunda de motivaciones para una actividad y una espiritualidad misioneras, abiertas al mundo! La aldea global -que es el mundo de hoy- no puede si no tener un banquete global, al que todos los pueblos tienen igual derecho a tomar parte; una mesa de la cual nadie debe estar excluido, discriminado o rechazado. Desde siempre, éste es el proyecto del Padre común de toda la familia humana (cf Is 25,6-9). Éste es el sueño que Él confía a la comunidad de los creyentes, para que lo hagan realidad, ya que ellos tienen el “deber-derecho” a celebrar la Eucaristía, haciendo memoria de la muerte y resurrección de Cristo. Éste es el banquete al que están invitados todos los pueblos. ¡Todos unidos y animados por el único Espíritu!


Palabra del Papa
(*) “Haciendo del pan su Cuerpo y del vino su Sangre, Jesús anticipa su muerte, la acepta en lo más íntimo y la transforma en un acto de amor. Lo que desde fuera es violencia brutal -la crucifixión- desde dentro se transforma en un acto de amor que se entrega totalmente. Esta es la transformación sustancial que se realizó en el Cenáculo y que debía suscitar un proceso de transformaciones, cuyo último fin es la transformación del mundo... Esta primera transformación fundamental de la violencia en amor, de la muerte en vida, lleva consigo las demás transformaciones... Llegados a este punto la transformación no puede detenerse, antes bien, es aquí donde debe comenzar plenamente. El Cuerpo y la Sangre de Cristo se nos dan para que también nosotros mismos seamos transformados. Nosotros también debemos llegar a ser Cuerpo de Cristo, sus consanguíneos. Todos comemos el único pan, y esto significa que entre nosotros llegamos a ser una cosa sola”.
Benedicto XVI
Homilía en la Jornada Mundial de la Juventud, Colonia, 21.8.2005


Siguiendo los pasos de los Misioneros
- 14/6: SS. Cuerpo y Sangre de Cristo, pan vivo, para que todos tengan vida en abundancia.
- 15/6: B. Luis María Palazzolo (Bergamo, 1827-1886), predicador de misiones populares, fundador de las Hermanitas Pobres para la educación, la asistencia y las misiones.
- 16/6: B. María Teresa Scherer (1825-1888), religiosa suiza, cofundadora de las Hermanas de la Caridad de la Santa Cruz, que tuvieron una rápida difusión.
- 17/6: Jornada Internacional contra la Desertificación y la Sequía, instituida por la ONU (1995).
- 19/6: Fiesta del Sagrato Corazón de Jesús. Del Corazón traspasado de Cristo nace la Iglesia misionera. – Jornada Mundial para la Santificación de los Sacerdotes.
- 20/6: B. Francisco Pacheco y otros 8 compañeros mártires jesuitas, condenados a la hoguera en Japón (Nagasaki, 1626).
- 20/6: Jornada Mundial de los Refugiados (creada por la ONU, en 2000).

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)
Sitio Web: www.euntes.net “Palabra para la Misión”
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