La Iglesia misionera grita hoy en el desierto del mundo

Baruc  5,1-9
Salmo  125
Filipenses  1,4-6.8-11
Lucas  3,1-6

Reflexiones

El evangelista Lucas empieza a lo grande, como historiador atento a los hechos (Evangelio): enmarca la aparición pública de Juan el Bautista y de Jesús de Nazaret dentro del contexto histórico-geográfico del tiempo. Con sobriedad y exactitud, cita siete personajes contemporáneos del acontecimiento (v. 1-2). También aquí el número siete tiene un significado simbólico: indica la totalidad. Mencionando a las siete personas con su rol, Lucas quiere afirmar que toda la historia  -pagana y judía, profana y sagrada-  está involucrada en los acontecimientos que él está a punto de narrar. Son hechos que atañen a toda la familia humana con sus instituciones y estructuras religiosas y civiles.

El acontecimiento es que “vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto” (v. 2), a orillas del río Jordán, con un mensaje de “conversión para el perdón de los pecados” (v. 3). Lucas, con documentos en la mano, quiere garantizar a sus lectores que la salvación de Dios se realiza en un tiempo, en un lugar y con un programa bien definidos. Queda confirmada aquí la intención que el evangelista ya había expresado en su prólogo: investigarlo todo diligentemente para escribirlo en orden, a fin de que se conozca la solidez de las enseñanzas (Lc 1,3-4). El Evangelio de Jesús se funda sobre hechos ciertos, transmitidos por testigos oculares y creíbles; no queda espacio para inventos humanos, o proyecciones psicológicas.

La salvación de Dios se realiza dentro de la historia humana, no fuera de ella; no se sobrepone a la historia, se inserta en ella, aunque la trasciende. Como la sal. Con la fuerza de la semilla y de la levadura. Como un fermento de vida nueva. Es exactamente lo que ha hecho Jesús y lo que los cristianos estamos llamados a hacer en el mundo (ver la Carta a Diogneto). Juan el Bautista lo preanuncia con las palabras de los profetas Isaías y Baruc (I lectura), que toman cuerpo en ese preciso contexto geográfico. Juan predica en el desierto, lugar bíblico, antes que geográfico; lugar y tiempo de fuertes experiencias espirituales (vocación y alianza, tentaciones y fidelidad...), que el pueblo elegido debe revivir continuamente. El Bautista predica a orillas del Jordán: el río que es preciso atravesar (rito del Bautismo) con un cambio de mentalidad y de vida (conversión), para entrar en la tierra prometida. No recorriendo caminos escabrosos y torcidos (símbolos bíblicos de soberbia, arrogancia, atropellos, injusticias...), sino un camino de conversión interior, allanado y recto (v. 4-5). Pablo añade una descripción de esa vida nueva en Cristo (II lectura): rebosante de amor, de integridad moral, de colaboración en la difusión del Evangelio (v. 5.9).

La salvación de Dios es para todos, insiste el Bautista, citando a Isaías: “Todos verán la salvación de Dios” (v. 6). Todo hombre, toda carne (dice el texto original), es decir, toda persona en su debilidad y fragilidad recibirá la salvación de Dios. Una salvación que Dios ofrece a todas las personas, sin exclusiones. Una salvación que el hombre no puede producir por sí mismo, sino que le llega de afuera: ¡sólo de Dios! El escritor ruso Alejandro Soljenitsyn describe así la incapacidad radical del hombre para su propia salvación: “Si alguien se está ahogando en un estanque, no se salva tirándose hacia arriba por sus cabellos”. Necesita de una mano de afuera: la mano de Dios. ¡Y necesita de la mano de los amigos de Dios! El tiempo de Adviento, tiempo de la espera de la humanidad, nos invita a pensar y actuar en favor de los numerosos pueblos que todavía no conocen al Salvador que viene.

La mano amiga de Dios se revela igualmente en la presencia maternal de María Inmaculada (8/12), tan cercana a Dios y a la familia humana, como se manifestó en las apariciones de Guadalupe (ver el calendario 12/12). Dios se manifiesta también en la mano amiga de los cristianos, mano tendida para ayudar a cualquier persona que tenga necesidades materiales o espirituales. Heredera de Juan el Bautista hoy es la Iglesia misionera, que grita en el desierto del mundo: “Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos” (v. 4). Anunciar a Cristo es tarea permanente de los cristianos, es un tesoro a compartir con otros, como lo repite a menudo el Papa Benedicto XVI. Ver, por ejemplo, el viaje pastoral y ecuménico a Turquía  (*), los mensajes para el DOMUND, etc.  El Evangelio es el tesoro más precioso de los cristianos; un bien a compartir con toda la familia humana.

Palabra del Papa

(*)  “Como Cuerpo de Cristo, la Iglesia ha recibido la misión de anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra (cf. Mt 28, 19), es decir, transmitir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo la buena nueva, que no sólo ilumina sino que también cambia su vida, hasta vencer incluso a la muerte. Esta buena nueva no es sólo una palabra, sino una Persona; ¡es Cristo mismo, resucitado, vivo!... Los cristianos no pueden tener sólo para sí lo que han recibido. No pueden confiscar este tesoro y esconder esta fuente. La misión de la Iglesia no es defender poderes ni obtener riquezas; su misión es dar a Cristo, compartir la vida de Cristo, el mayor bien para el hombre, que Dios mismo nos entrega en su Hijo”.

Benedicto XVI
Homilía en la catedral del Espíritu Santo, Estambul  (Turquía), 1° de diciembre de 2006

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 6/12: S. Nicolás (ca. 250-326), obispo de Mira, patrono de Bari, santo popular por los regalos navideños; patrono de los niños, jóvenes, farmacéuticos, mercaderes, navegantes, pescadores, perfumistas.

- 6/12: B. Pedro Pascual (ca. 1225-1300), mercedario español, obispo de Jaén, evangelizador en España y Portugal, fue martirizado por musulmanes en Granada.

- 7/12: S. Ambrosio (339-397), obispo de Milán, doctor, defensor y organizador de la Iglesia, maestro de S. Agustín.

- 7 y 8/12: Aniversario de importantes documentos misioneros: Decreto Conciliar Ad Gentes (7.12.1965); Evangelii Nuntiandi de Pablo VI (8.12.1975); Redemptoris Missio de Juan Pablo II (7.12.1990).

- 8/12: Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, Madre de Cristo, el Salvador.

- 8/12: B. Narcisa de Jesús Martillo Morán (1832-1869): nació y vivió en Ecuador, pero murió en Lima (Perú), terciaria dominica, entregada a la oración, penitencia y servicio a los necesitados.

- 9/12: S. Juan Diego Cuauhtlatoatzin (+1548), indígena de México, al que se le apareció la Virgen de Guadalupe sobre la colina del Tepeyac (1531).

- 10/12: Jornada Mundial de los Derechos Humanos (ONU 1948).

- 12/12: Nuestra Señora de Guadalupe, quien se apareció en la colina del Tepeyac en México (1531) a San Juan Diego, con un mensaje de esperanza, en los comienzos de la evangelización del continente americano: “No temas. ¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?” 

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)
Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”
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