P. Ottavio Raimondo

Jesús fue a un lugar solitario para orar

El viaje hacia Jerusalén continúa. Había iniciado con un rechazo: los habitantes de un poblado no aceptaron a Jesús y a los discípulos. Inmediatamente después vienen explicadas las condiciones necesarias para seguir a Jesús en este camino.
Y dado que caminando se crece, o como dicen en América Latina, “Caminando se hace camino”, los discípulos son invitados a confrontarse con la figura del samaritano y del hombre herido en el camino que baja de Jerusalén a Jericó; con las dos hermanas, Martha y María.
Hoy nos encontramos frente a una nueva experiencia, que a la par de la otra, deberá acompañar aquellos primeros discípulos y a cada uno de nosotros por toda la vida: Jesús que ora.
Falta una indicación precisa del lugar geográfico. Se acentúa solo que fue a un lugar solitario.

Cuando oren digan: Padre…

Padre. Es la palabra que más recurre aenla boca de Jesús. Es el nombre de Dios en la boca del discípulo de Jesús. También en la misa de cada domingo la liturgia ha puesto una primera introducción del “Padre”, precisamente para que todos inicien la oración diciendo la palabra “Padre”. Toda la asamblea dice “Padre” y no solo el presidente.
Isaías afirma en el capítulo 63, versículo 16: “Abraham no te reconoce e Israel (Jacob) no se acuerda de nosotros, tú Señor, eres nuestro Padre, desde siempre a ti te llamamos nuestro redentor”
Quien nos ha precedido está lejos de nosotros, aquel que está cerca es el Dios Padre. Él está “en el cielo” o sea en aquella realidad que no pasa, que permanece.
Bella expresión “santificado sea tu nombre” que podríamos traducir: que permitamos que se revele tu rostro en la historia del mundo y de la comunidad de los discípulos.
Otro punto motivante es decir: “venga tu reino”: que se realice tu sueño de un mundo de vida para todos, en un mundo de hijos.
Y “danos hoy el pan nuestro de cada día” es la exaltación de la sobriedad y de la fraternidad. El pan no lo pedimos para siempre, solo para hoy. No lo pedimos cada uno para sí mismo, sino para todos y para cada uno.
“Perdona nuestros pecados y no nos dejes caer en la tentación”. La palabra “tentación” la encontramos en el Evangelio de San Lucas cuando habla de Jesús en el desierto. No pedimos que nos exente, sino que nos ayude a superarla. La tentación es buscar la seguridad en el poder de los hombres y escandalizarse huyendo de una vida de servicio y huyendo de la debilidad de la cruz.

Si uno de ustedes tiene un amigo

He aquí que el amigo lo tenemos, y aún mas por iniciativa suya. Pero queremos que todos los pueblos tengan a este amigo; que descubran el valor del Reino y logren entender, que Él, Jesús de Nazaret, estos valores los realiza en plenitud en su vida cotidiana.
Pero puedo preguntarme: ¿hay alguien que me considera “amigo” y no tiene miedo de relacionarse conmigo en la oscuridad profunda de las noches que parecen no tener fin?
¿Es posible que no escuche el llamado insistente a la puerta de pueblos enteros?
Un grupo de personas, jóvenes y adultos, desde hace un año se integraron y confrontan entre ellos mismos sobre su estilo de vida, para poder distinguir entre las necesidades reales y las impuestas. El objetivo que quiere conseguir es ser capaces de pensar en una sociedad basada en la solidaridad, que  garantiza a todos la oportunidad de satisfacer sus necesidades básicas. En un encuentro, uno de ellos decía: - Me doy cuenta y creo que lo mismo le suceda a las otras personas del grupo, que no tengo derecho de cerrar la puerta y luego de dormir con mi familia sueños tranquilos. Pero sobretodo, tomo conciencia de que el “Padre” nos está dando Espíritu Santo: nuestra vida adquiere cada día más el color de la solidaridad, la ternura y la aceptación; el color de la comunión.

 

p. Ottavio Raimondo,
missionario comboniano
348-2991393
oraimondo@emi.it