P. Ottavio Raimondo

¿Qué beneficio le viene al hombre de todas sus fatigas?  (I lectura: Sir 1,2; 2,21-23)
Busquen las cosas de arriba, donde está Cristo.  (II lectura: Col 3,1-5.9.
Y lo que has acumulado, ¿de quién será? (III lectura: Lc 12,13-21

Uno de la multitud le dijo: Maestro dile a mi hermano que divida conmigo la herencia.

Jesús esquiva la disputa familiar debida a motivos de dinero. Para Jesús la solución es más radical y nos hace pasar del precario equilibrio del poseer que es siempre producto del dividir, a los horizontes de ser con el otro y para el otro que es siempre fruto de la comunión de vida.
Las relaciones con Dios que no se basan sobre las preocupaciones a favor del hermano son relaciones dudosas o por lo menos poco cristianas.
Quien se aleja egoístamente del hermano se aleja de Dios, quien hace que su vida dependa de los bienes materiales pierde una familia sobre la tierra y un Padre en el cielo.
La familia de los discípulos nace y crece donde hay mujeres y hombres capaces de compartir, no de dividir.

Alma mía tienes aqui muchos bienes para muchos años: descansa, come, bebe y diviértete.
Los bienes no aseguran la vida de nadie.
Tu equipaje es demasiado pesado, no podrás ir muy lejos. No porque los horizontes no sean para ti, sino porque tu equipaje es demasiado pesado,
¿No te has dado cuentas que entre más cosas tienes menos las posees? ¿No has reflexionado que acumular genera empobrecimiento y marginación? ¿No has pensado que tus bienes te alejan, te aíslan y te llevan a no tener nunca tiempo para ti ni para los demás?
“STOLTO” es una palabra italiana que indica al mismo tiempo estupidez y malicia. Podriamos decir: necio. Vamos a preguntarno: ¿Logrará alguna vez quien tiene bienes en abundancia descansar, comer y divertirse?
La frase “no tengo tiempo” no la he escuchado nunca en boca del pobre, pero si demasiadas veces en boca del rico. El más grande enemigo del rico, no es Dios, ni el pobre: es él mismo que vive continuamente engañando y engañándose.

Eso  vale para quien acumula tesoros para sí y no se enriquece delante de Dios.
El rico “necio” pierde esta y la otra vida.
Lo que el discípulo no debe hacer. Pero qué bello si en nuestra casa logramos leer los versículos siguientes de 22-34: “descubriremos cuál debe ser la postura del discípulo respecto a los bienes de este mundo. Descubriremos también cómo nos enriquecemos delante de Dios y, estamos todos de acuerdo que evitar andar fuera del camino es ya una cosa bella, pero caminar sobre el camino es infinitamente más bello. Precisamente por eso los cristianos son las personas de la calle.
Precisamente como aquellos dos hermanos a los cuales el papá les había dejado en herencia un campo: mitad para cada uno. Uno de los dos era muy rico pero no tenía familia y el otro muy pobre y debía mantener una numerosa familia. El hijo rico no lograba dormir pensando que el padre le debería de haber dejado un pedazo más grande del campo a su hermano pobre. Se levanta y va al campo a mover los límites a favor de su hermano pobre. Pero el hermano pobre no lograba dormir pensando que el padre debería de haber dejado más terreno al hermano rico que no tenía a nadie que pensara en él, aunque tenía mucho dinero, se levanta y va también él a mover los límites a favor de su hermano rico. Cuando se hace la claridad y el nuevo día nace los dos hermanos se encuentran, uno frente al otro, los dos moviendo los límites a favor del otro.
El discípulo de Jesús es aquel que siempre mueve los límites a favor de su hermano, a favor de las personas, de los grupos, de las culturas, de los países en dificultad.
Tú eres este discípulo, y lo eres con la fuerza del Espíritu.

 

p. Ottavio Raimondo, missionario comboniano 348-2991393 oraimondo@emi.it