P.Romeo Ballan

Reflexiones

El capítulo 15 es el corazón del Evangelio de Lucas. Con las tres famosas parábolas  -de la oveja descarriada, la moneda perdida, el padre de dos hijos desviados-  Jesús pone en evidencia el Corazón de Dios, que es Padre-Madre bueno, amigo, solidario, acogedor, rico en misericordia, siempre dispuesto al perdón, al abrazo, al olvido, a hacer nuevo el corazón de cualquiera que se abandone a Él y en Él confíe. Para Él ninguna oveja es anónima o insignificante: todas son importantes, ni una sola se ha de descarriar, hace lo posible para que ni una sola se pierda y, si se diera el caso, hace todo lo posible para rescatarla. Entrega hasta la vida para reunir a los hijos dispersos (cf. Jn 11,52). El Padre pródigo de misericordia es el núcleo central del Evangelio, la primera noticia por excelencia, que abre el corazón a la esperanza, al gozo, a la vida.

La orientación fundamental de una persona y su solidez psíquico-emocional-espiritual dependen de la idea que se tenga de Dios. A menudo, los condicionamientos familiares o los métodos educativos engendran en las personas la idea falsa de un dios juez severo, mezquino, castigador, lejano, distraído, cerrado en su mundo… ¡Nada hay más aberrante ni peligroso! La página del Evangelio de Lucas es todo lo opuesto; ayuda a liberarse de esa carga negativa y ayuda a descubrir el verdadero rostro de nuestro Dios, tal y como Jesús nos lo revela. El Dios cristiano ama la fiesta, se alegra, invita a hacer fiesta, provoca la fiesta… (v. 5.6.7.9.10); ama ser nuestro compañero de viaje en los momentos de gozo y en los momentos de dolor, siempre pronto a dar alas a la esperanza y valor ante las frustraciones.

El Dios cristiano ofrece a todos la posibilidad de la fiesta, con ese típico gozo que nace del misterio pascual. Pero siempre dentro del marco irrenunciable de la libertad. Por ejemplo, Jesús no dice que el pastor haya cerrado la puerta del redil para impedir que las ovejas se escapen; ni dice que haya cerrado con llave la puerta de la casa para impedir que el hijo menor se volviera a marchar; tampoco dice si, al final, el hijo mayor entró a la fiesta, o bien si permaneció encerrado en su postura de rechazo a su padre y a su hermano… Dios se ofrece como centro y lugar de la fiesta, de la vida, pero no obliga a nadie. En su libertad el hombre puede llegar incluso a resistir a Dios y cerrarse al don que Él hace de sí mismo. Pero si uno le abre el corazón, Dios entra a hacer fiesta con Él (cf. Ap 3,20). (*) 

Pablo (II lectura) se presenta como una persona radicalmente transformada por Dios, quien, pasando por encima de los graves errores del apóstol, lo hace capaz, se fía de él y le confía el ministerio tratándolo con misericordia (v. 12-13). En efecto “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (v. 15), revelándonos así el verdadero corazón de Dios Padre, como aparece ya en el Primer Testamento (I lectura). Dios amenaza castigar al pueblo que le ha dado la espalda haciéndose “un novillo de metal” (v. 8). De hecho, la amenaza es tan sólo aparente, es parte de una pedagogía salvífica más amplia, para mostrar la fuerza de la oración de intercesión. Moisés es un ejemplo luminoso de ello: él se pone en la brecha, como un puente entre el pueblo y Dios, suplicando a Dios en favor del pueblo (v. 11). Como buen abogado, sugiere al mismo Dios las razones por las que Él no puede destruir a su pueblo (v. 11-13).

Moisés es un modelo de orante que cree en la fuerza misionera de la oración de intercesión, a la que se unen a menudo el ofrecimiento del sufrimiento y de la vida misma. “Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios”  (v. 11). «En realidad la expresión utilizada en el texto original hebraico debería traducirse así: ‘Entonces Moisés comenzó a acariciar el rostro del Señor, su Dios, diciendo…’ Moisés actúa como un niño que ve a su padre enfadado y se pone a mimarlo, hasta que logra arrancarle una sonrisa. La imagen de Moisés que acaricia el rostro de Dios es una de las más hermosas de la Biblia» (Fernando Armellini). La fuerza misionera de la oración de intercesión tiene sólidas bases en la Biblia y en la historia de la espiritualidad encarnada en grandes orantes: Abrahán, Moisés, Samuel, David, Jeremías, Esther, Pablo, María, Cristo, el Espíritu Santo… Asimismo, San Benito, Teresa de Ávila, Juan M. Vianney, Teresa de Calcuta y muchos otros grandes evangelizadores que imploraban de Dios la eficacia de su acción misionera y la conversión del corazón de la gente. Un ejemplo entre otros es San Daniel Comboni, que afirma: “La omnipotencia de la oración es nuestra fuerza”.

  

Palabra del Papa

(*)  “Desear algo más que la cotidianidad regular de un empleo seguro y sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agustín tenía razón: nuestro corazón está inquieto, hasta que no descansa en Ti. El deseo de la vida más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos su huella. Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida; en un modo único y especial, la persona humana, hecha a imagen de Dios, aspira al amor, a la alegría y a la paz. Entonces comprendemos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva”.

Benedicto XVI

Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud, 2011.1

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 13/9: S. Juan Crisóstomo (ca. 349-407), obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia; escribió varias obras, sufrió persecuciones, murió exiliado en Comana, a orillas del Mar Negro.

- 14/9: Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, icono de Cristo Crucificado-Resucitado, símbolo del misterio pascual para la salvación de todos los pueblos.

- 15/9: B. V. María de los Dolores, asociada íntimamente a la pasión redentora de Cristo.

- 15/9: B. Pablo Manna (1872-1952), sacerdote italiano del PIME, misionero en Birmania, fundador de la Pontificia Unión Misionera, para la difusión del espíritu misionero en las comunidades cristianas. Se celebra también el 16/1, en la cercanía de la Semana por la Unidad de los Cristianos, que él promovió.

- 16/9: S. Cipriano, obispo de Cartago (Túnez), teólogo, apologeta y mártir (ca. 200+258).

- 16/9: S. Juan Macías (1585-1645), religioso de origen español, coadjutor dominico; vivió y murió en Lima (Perú), entregado a los pobres y a los enfermos.

- 18/9: BB. Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles, laicos y catequistas, martirizados en México (+1700).

 

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”

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