EL PROYECTO ALTERNATIVO DE DIOS SOBRE HAMBRE, INJUSTICIAS, DESIGUALDADES…

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P. Romeo Ballan

Reflexiones

Otro latigazo de Amós y de Lucas sobre el uso de las riquezas. El profeta Amós (VIII siglo a. C.), en una época de bienestar lanzaba duras amenazas (I lectura) a los ricos del pueblo que banqueteaban apoltronados sobre camas de marfil, entre comilonas, música, vino, perfumes exquisitos… (v. 4-6); vivían de manera disoluta, despreocupados del desastre que amenazaba el país: los dos reinados del norte y del sur acabarían pronto en exilio en Nínive y en Babilonia (v. 6-7).
Resuena nuevamente en el Evangelio de hoy el juicio crítico y severo de Lucas sobre el dinero, la riqueza, la injusticia social... En la parábola de Jesús, al rico le interesan tan sólo dos cosas en la vida: vestir lujosamente y banquetear espléndidamente cada día (v. 19). Con dos pinceladas Lucas describe la dramática diferencia entre el rico y el pobre Lázaro hambriento, cubierto de llagas, que los perros le lamían (v. 21-21). Los dos tienen en común sólo una cosa: la muerte que llega inexorablemente (v. 22). Pero enseguida emerge una nueva diferencia aún más dramática, por el destino opuesto que los separa sin remedio: los ángeles llevan al mendigo junto a Abrahán, amigo de Dios (v. 22), mientras el rico acaba “en el infierno, en medio de los tormentos” (v. 23), incapaz ya de conseguir una gota de agua (v. 24-25), la anulación del “abismo inmenso” (v. 26) y un mensaje para sus cinco hermanos (v. 28).
En la parábola el hombre rico no tiene nombre, mientras Jesús da un nombre al pobre: Lázaro, al fin de subrayar su dignidad y la certeza de que “Dios le ayuda”. La parábola narra la inversión de las dos situaciones opuestas, durante la vida y después de la muerte de los dos personajes, sin emitir un juicio moral sobre su conducta, hasta tal punto de que no se entiende inmediatamente por cuáles se condena al rico, mientras el pobre se salva. No se dice que el rico fuera malo con los criados, ladrón, vicioso, transgresor de los mandamientos… No se dice tampoco que el mendigo fuera una persona piadosa, fiel, humilde, trabajadora… Entonces ¿por qué esa inversión de situaciones? Sería restrictivo quedarse en una lectura moralista y devota de la parábola: inculcar en los pobres tan sólo la aceptación pasiva de situaciones injustas y, lamentablemente, inevitables en esta vida, a la espera del juicio final de Dios. Sería un auténtico opio del pueblo, que adormecería la conciencia del rico y del pobre.
Con esta parábola Jesús afirma que el plan de Dios para la familia humana no admite desigualdades escandalosas: es decir, “que el ricachón pueda convivir al lado del miserable, con tal de que no robe y haga limosnas. Jesús quiere demoler esta convicción. En la parábola Él habla de un rico al que no se le condena por ser malo, sino simplemente por ser rico, es decir, porque se encierra en su mundo y no acepta la lógica de compartir sus bienes. Jesús quiere que los discípulos entiendan que la existencia de dos clases de personas  -los ricos y los pobres-  es contraria al proyecto de Dios. Los bienes son para todos; el que tiene más debe compartirlos con los que tienen menos” (F. Armellini).
S. Ambrosio lo expresa así: “Cuando tú das algo al pobre, no le ofreces lo que es tuyo, simplemente le restituyes lo que ya es suyo, porque la tierra y los bienes de este mundo son de todos, no de los ricos”. ¡Es un cambio radical! Una bocanada de esperanza para una vida nueva y diferente! El plan alternativo de Dios es hermoso y se ha de realizar en el tiempo; es la meta que se abre ante nosotros, el objetivo que hay que conseguir gradualmente, con métodos pacíficos. Lo importante es avanzar en la dirección justa: poner mayor atención a los hermanos necesitados, para compartir con ellos lo mucho o lo poco que tenemos y colaborar, entre todos, a difundir la lógica y el  estilo de la auténtica solidaridad.
¿Utopía? Los últimos Papas no dudan en proponerla con fuerza en sus encíclicas sociales: Juan XXIII (Pacem in Terris, 1963), Pablo VI (Populorum Progressio, 1967), Juan Pablo II (Sollicitudo Rei Socialis, 1987), Benedicto XVI (Caritas in Veritate, 2009). (*)  Estos documentos sociales tienen una extraordinaria fuerza misionera para esa transformación del mundo según el plan de Dios, que es el objetivo del Evangelio. El mensaje es sublime. No hay que rebajarlo ni en la doctrina ni en la práctica, con descuentos, perezas y reducciones; hay que vivirlo como profecía y con experiencias de frontera. Pero ¿dónde encontrar la fuerza para realizar este proyecto radical de Dios? La parábola de hoy nos remite dos veces a la Palabra: escuchar a Moisés y a los profetas (v. 29.31). La Palabra es la única fuerza para la conversión personal y para la transformación del mundo. Para nosotros hoy esa Palabra está cerca, se ha hecho carne y salvación para todos, como lo recuerda Pablo a Timoteo (II lectura).

Palabra del Papa

(*)  «El rico personifica el uso injusto de las riquezas por parte de quien las utiliza para un lujo desenfrenado y egoísta, pensando solamente en satisfacerse a sí mismo, sin tener en cuenta de ningún modo al mendigo que está a su puerta. El pobre, al contrario, representa a la persona de la que solamente Dios se cuida: a diferencia del rico, tiene un nombre, Lázaro, abreviatura de Eleázaro (Eleazar), que significa precisamente "Dios le ayuda". A quien está olvidado de todos, Dios no lo olvida; quien no vale nada a los ojos de los hombres, es valioso a los del Señor. La narración muestra cómo la iniquidad terrena es vencida por la justicia divina... Esta parábola se presta también a una lectura en clave social. Sigue siendo memorable la que hizo el Papa Pablo VI en la encíclica Populorum progressio. Hablando de la lucha contra el hambre, escribió: "Se trata de construir un mundo donde todo hombre... pueda vivir una vida plenamente humana... donde el pobre Lázaro pueda sentarse a la misma mesa que el rico" (n. 47)... El llamamiento que en aquel entonces hizo Pablo VI: "Los pueblos hambrientos interpelan hoy, con acento dramático, a los pueblos opulentos" (Populorum progressio, 3), conserva hoy toda su urgencia».

Benedicto XVI - Angelus del 30 de septiembre de 2007

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 27/9: S. Vicente de Paúl (1581-1660), sacerdote francés, fundador de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad, para la formación del clero, las misiones populares y el servicio a los pobres.
- 27/9: Día Mundial del Turismo, con el tema (2010): “Turismo y biodiversidad”.
- 28/9: S. Lorenzo Ruiz, de Manila, y 15 compañeros mártires (sacerdotes, religiosos y laicos), asesinados en Nagasaki (Japón, 1633-1637), tras haber evangelizado en Extremo Oriente.
- 28/9: Nacimiento de Confucio en China (551 a. C.).
- 29/9: Fiesta de los SS. Miguel, Gabriel y Rafael, arcángeles, servidores de Dios y sus mensajeros.
- 30/9: S. Jerónimo (347-420), sacerdote y doctor de la Iglesia, eximio estudioso y traductor de la Biblia.
- 30/9: Día para los Niños de la Calle.
- 1/10: S. Teresa del Niño Jesús (1873-1897), carmelita en Lisieux (Francia), doctora de la Iglesia; patrona de las Misiones. - Es hija de dos Beatos: Luis Martin (1823-1894) y Zelia María Guérin (1831-1877).