P. Ottavio Raimondo

“Aumenta nuestra fe”

Frente a Jesús que nos pide que no escandalicemos a los pequeños y que sepamos perdonar siempre, a los discípulos no les queda más que decirle: “Aumenta nuestra fe”. No escandalizar implica asumir pacientemente una pedagogía de acompañamiento de los pequeños en la fe y no proponerles cosas que no puedan asimilar. Podría ser que los pequeños en nuestras comunidades sean aquellos que apenas se han acercado o que forman parte de ellas desde hace poco tiempo.
Perdonar significa no dejarse atrapar por el odio, ni que el odio tenga la última palabra; significa superar la amargura, el instinto de venganza y lanzar un puente para reconstruir la relación destruida por la ofensa. Perdonar significa encontrar más allá de las apariencias el sentido trascendente de los acontecimientos.
En nuestro camino tenemos necesidad de una fe siempre más profunda en el Dios de Jesús, que tiene el poder para liberarnos de la opresión y de todas las fuerzas destructivas. Y lo quiere hacer cada día.
Si hay fe, se hacen maravillas por el otro, la verdadera fe está unida al amor, un amor que nunca se da por vencido y que siempre es fecundo.

“Arráncate y ve a plantarte en el mar”

La morera es una planta con un extenso sistema de raíces difíciles de erradicar y de trasplantar.
En un retiro espiritual, al inicio del año de actividades pastorales, me acerqué a un pequeño grupo que reflexionaba sobre este trozo del Evangelio. “Yo soy la morera, decía un miembro del grupo, que está llamado a ser plantado en el mar, en aquel mar que para los hebreos es el reino del enemigo y que para nosotros puede ser el mundo de hoy con todos sus antivalores, con todos sus ídolos y sus contradicciones”. “Cada uno de nosotros y cada miembro de la comunidad cristiana está llamado a hacer esta experiencia” – añadía otro. “Evangelizar es arrancar y plantar, pero también dejarse arrancar y dejarse plantar” - concluía un tercero.
Pero la sorpresa más bella la tuve cuando el grupo formuló estas cuatro preguntas

  • ¿Cuántas moreras ha arrancado nuestra comunidad y cuántas ha plantado en el mar, gracias a la profundidad de nuestra fe?
  • ¿Cuántas opciones que parecían imposibles se hicieron posibles?
  • ¿Cuántos puentes se ha construido donde había abismos o zanjas?
  • ¿Cuántas distancias se han acortado?

“Somos siervos inútiles. Hemos hecho cuando debíamos hacer”.

No desistir nunca, no se puede descansar argumentando que ya hemos trabajado suficiente. La característica del siervo es servir y en la vida cristiana todo es gratuidad y don.
Nuestra responsabilidad es servir. Somos simplemente siervos que no reclaman derechos frente a Dios, ni frente a la comunidad, ni frente a ninguna persona. Decir “siervo inútil” equivale a decir “siervos que no reclaman derechos”.
¿Te has hecho disponible y has hecho lo imposible?, ¿has hecho lo que debías; es decir lo que debes hacer hoy y lo que debes continuar haciendo mañana. ¿Te han dicho que no hay lugar para ti en la mesa y que debes continuar dándote? No grites: ingratos; continua sirviendo.
Jesús lo ha dicho de si mismo: “He venido a servir”. Nosotros lo decimos de nosotros mimos con la certeza de que los únicos momentos perdidos en nuestra vida son aquellosen los cuales no servimos. “No estamos llamados a vivir en paz, sino por la paz”, escribió un joven en su cuaderno durante un campo-misión.
Es Dios quien fija las citas con las personas y con los pueblos. Nosotros damos solo una mano a Dios para realizar estas citas a través del servicio gratuito.
Esta es la misión de la Iglesia misionera en el mundo