P.Romeo Ballan

Reflexiones

Puntualmente, al entrar en el mes misionero de octubre, la Palabra de Dios ofrece un mensaje fuerte sobre la fe del creyente, en especial del cristiano y de toda persona que vive e irradia con coherencia su adhesión al Padre de la Vida. Es preciso recordar enseguida que la fe cristiana no se limita al conocimiento y a la aceptación intelectual de las verdades escritas en la Biblia o en el catecismo; no es una cuestión de ritos, ceremonias y otras obras… La fe es, ante todo, la adhesión plena a una Persona, confianza total en su Palabra, entrega de la propia vida en las manos de un Padre amoroso. Nuestra fe no consiste en saber más, sino en vivir, saborear, gustar, fiarse, entregarse. La fe toca de cerca todo ser y todo el ser (espíritu, alma, cuerpo, personas, cosmos…), gracias a una luz nueva que nos permite estimarlos según la escala de valores que pone a Dios en el primer lugar. La fe es esa “luz gentil”, de la que se había enamorado el Beato John Henry Newman, dejándose guiar hasta la verdad más plena.

¡La fe es vida, salvación! El profeta Habacuc (I lectura), contemporáneo de Jeremías (VII-VI s. a. C.), lo gritaba a la gente, que en una época de represión, maldades, rapiñas, violencias, contiendas, litigios… (v. 3), se preguntaba: ¿quién se salvará? La respuesta del profeta es clara: “el justo vivirá por su fe” (v. 4). El mensaje es nítido; queda la tarea de llevarlo a la práctica en medio del cansancio y los desafíos del camino. Porque para Dios nada es imposible (Lc 1,37). El que se deja guiar y sostener por Él tiene la fuerza para superar los pasos inciertos y cansados.

Después de las propuestas exigentes de Jesús en el Evangelio de los domingos anteriores (renuncia a los bienes, puerta estrecha, honestidad a toda prueba, perdón sin condiciones…), los discípulos son conscientes de su fragilidad y tienen miedo. Por tanto, dirigen al Maestro una oración intensa, que cada uno de nosotros, dentro de su itinerario espiritual, siente como auténtica y sincera desde lo profundo del corazón: “Auméntanos la fe”. (v. 6). Los desafíos que Jesús lanza a nuestra fe débil son paradójicos y proverbiales: arrancar de raíz la morera y plantarla en el mar (v. 6), o trasladar montañas (Mc 11,23). Porque todo es posible para el que cree (Mc 9,23). (Para entender el significado de signos tan atípicos, ver otros comentarios más extensos).

La vida del creyente se desarrolla en las situaciones concretas de cada día, sin necesidad de esos signos extraordinarios, dentro de las dificultades diarias (v. 7) en el cumplimiento fiel y gratuito de las tareas de cada uno. Sin pretensiones, ni reivindicaciones o gratificaciones. Con la conciencia de que somos simplemente siervos, gente común, ordinaria, fiel en las cosas de cada día. Justamente, “pobres siervos” (v. 10), felices en poder servir, con una fidelidad capaz de llegar hasta el martirio. Dios mismo será feliz en hacerse el servidor de esos siervos, los hará sentar a la mesa y los servirá (Lc 12,37).

La fe es un don precioso de Dios que debemos reavivar, guardar e irradiar en el mundo, como recomienda Pablo a Timoteo (II lectura). Un don que hemos recibido gratuitamente del Padre de la Vida: lo podremos robustecer tan sólo si lo compartimos. Porque “¡la fe se fortalece dándola!” (Redemptoris Missio 2). Ya el Papa Pío XII afirmaba con claridad que el compromiso misionero es la primera respuesta de nuestro agradecimiento a Dios (*): Él llama a cada uno a reconocer y a revelar las maravillas de Su amor.

Palabra del Papa

(*)  “El don de la fe y la riqueza incomparable de gracias que le acompañan nos obligan a una permanente actitud de agradecimiento hacia su divino Autor. La fe nos abre las puertas de los profundos misterios de la vida divina; ella estimula nuestro corazón hacia la esperanza de la felicidad celestial y, en esta vida perecedera, afirma y consolida la unidad cristiana (Ef 4,5). En virtud de este gran don brota espontáneo de nuestro corazón el grito del agradecimiento (Sal 115,12). A cambio de tamaño regalo divino ¿qué cosa más grata podrá ofrecer el hombre a Dios, además de la sumisión intelectual, que el esfuerzo por difundir lo más posible la verdad enseñada por Cristo? El espíritu misionero, encendido por el fuego de la caridad, es la primera respuesta de nuestra gratitud a Dios, al fin de comunicar a nuestros hermanos la fe que hemos recibido”.

Pio XII
Enciclica Fidei Donum, 1 (21 de abril de 1957)

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 3/10: BB. Ambrosio Francisco Ferro, sacerdote y 27 compañeros mártires (+1645) en Natal, Brasil..
- 4/10: S. Francisco de Asís (1182-1226), amante de Cristo pobre, fundador de la familia franciscana, misionero entre los musulmanes, envió grupos de frailes a evangelizar en varias partes.
4/10: Día Mundial del Habitat.
- 5/10: SS. Froilán y Atilano, obispos españoles del siglo X, que dejaron la vida eremítica para entregarse a la evangelización de las regiones liberadas del dominio de los árabes musulmanes.
- 5/10: S. Faustina Kowalska (1905-1938), religiosa polaca, destinataria de especiales revelaciones sobre la Divina Misericordia, una devoción que alcanzó una rápida difusión mundial.
- 5/10: Recuerdo de Annalena Tonelli (1943-2003), laica misionera italiana, asesinada en Borama (Somalia) por un desconocido. Algunas de sus palabras: “He escogido una vida de pobreza radical”. - “Un día el bien triunfará”.
- 6/10: S. Bruno (Alemania 1030-1101 Italia), profesor de teología y ermitaño, fundador de la Grande Chartreuse (Grenoble), promotor de la vida monástica, eremítica y cenobítica.
- 7/10: Nuestra Señora del Rosario: oración popular que ayuda a revivir los misterios de la vida de Cristo y de María, en sintonía con los gozos, esperanzas y problemas misioneros del mundo entero.
- 8/10: S. Juan Calabria (1873-1954), sacerdote de Verona, fundador de dos Congregaciones de la Divina Providencia, para los jóvenes, los pobres y los enfermos.
- 9/10: S. Juan Leonardi (1541-1609), fundador de los Clérigos Regulares de la Madre de Dios. Junto con el prelado español J. B. Vives, fundó en Roma una escuela para futuros misioneros ad gentes, que preanunciaba el Colegio de Propaganda Fide (1627).
- 9/10: S. Luis Beltrán (1526-1581), sacerdote dominico español, misionero en Colombia, donde evangelizó a los pueblos indígenas y los defendió ante los opresores.

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)
Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”
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