P. Ottavio Raimondo

“Jesús, maestro, ten piedad de nosotros.

Hay una humanidad que pide compasión: lejanos, excluidos, no integrados… Jesús les restituye su lugar y la dignidad, los reconoce como personas; busca su integración. El otro no es un caso o un problema, sino una persona.
Mientras la prueba está cercana, las personas en la enfermedad, viven juntas, hebreos y samaritanos. En la abundancia nos aislamos, y peor aún, nos aprovechamos del débil y hasta hacemos negocios con sus males o como dicen los italianos: “facendo affari sulla sua pelle” (haciendo negocios sobre su piel).
En este mes en que se nos recuerda que somos Iglesia para anunciar el evangelio al mundo entero, estamos llamados a recordar nuestras actitudes frente a los empobrecidos.
¿Será aceptable que Italia en el 2009 esté entre los cinco mayores proveedores internacionales de armas que se venden principalmente a los países en desarrollo? Los contratos firmados en 2009 por las empresas italianas ascendieron a US $ 2,7 mil millones, de los cuales casi el 90% (2,4 millones de dólares) se estipularon con las naciones en vías de desarrollo.
“Jesús maestro, ten piedad de nosotros”, gritaron a Jesús aquellos diez leprosos.
“Iglesia de Jesús, ten piedad de nosotros” inmensas multitudes gritan desde lejos, quizá demasiado lejanos, porque hasta allá los hemos relegado.

Se postró delante de Jesús, a sus pies, para agradecerle

Quien ahora está fuera, en seguida puede encontrarse dentro y en primera fila, pero quien ahora está dentro, corre el riesgo de quedar fuera.
La salvación de Dios es para todos los pueblos y esta salvación como la sanación de la lepra y de toda lepra, se realiza a lo largo del camino de nuestra historia, en la cotidianidad, en la comunidad cristiana. Vale la pena recordar que los primeros cristianos eran llamados “las personas del Camino”.
“Cuidado” nos dice el samaritano. “Estoy aquí” y tú cristiano, desde hace tanto tiempo, ¿dónde estás?
La sanación es un don hermoso, grande, inmenso. Pero la gratitud o se encuentra al centro de todo o no es gratitud.
Y si la gratitud falta, Jesús no restituye la enfermedad a quien no agradece; su don permanece. Pero quien la gratitud no la tiene o no la manifiesta, no podrá escuchar la palabra que le dice: “Levántate y vete, tu fe te ha salvado”.
Para San Daniel Comboni, de quien hoy 10 de octubre celebramos el memorial, gratitud y confianza se convierten en sinónimos: “Toda mi confianza está en Dios que ve todo, que puede todo y que nos ama”.

“Levántate y vete; tu fe te ha salvado”

La sanación puede obtenerla también quien se detiene a distancia, pero la vocación de levantarse, de ponerse en camino y de testimoniar la propia fe y sus frutos, nace de la cercanía, de una relación personal con Jesús, de una palabra suya que es llamada personal.
Y feliz quien a esta palabra le da crédito. Feliz quien escucha esta palabra, se levanta y va. Nos lo dice también nuestro Papa Benedicto XVI, en el mensaje para la Jornada Misionera Mundial 2010 cuando escribe: “En una sociedad multiétnica que experimenta cada días mas formas de soledad y de indiferencia preocupante, los cristianos deben aprender a ofrecer signos de esperanza y a convertirse en hermanos universales, cultivando los grandes ideales que trasformaron la historia y, sin falsas ilusiones o inútiles miedos, comprometerse a hacer del planeta la casa de todos los pueblos”. Y luego afirma: “la Iglesia se convierte en “comunión” a partir de la Eucaristía, en la cual Cristo, presente en el pan y en el vino, con su sacrificio de amor edifica la Iglesia como su cuerpo, uniéndonos al Dios uno y trino y entre todos nosotros”.
Somos hermanos por postrarnos frente a Cristo, para después caminar como iglesia misionera; no nos contentemos de detenermos a distancia.