A QUIEN ESPERE LE SONRIE EL NUEVO DIA
p. Ottavio Raimondo – Suor Giuseppina Barbato

Primer domingo de Adviento (B)

A QUIEN ESPERE LE SONRIE EL NUEVO DIA
p. Ottavio Raimondo – Suor Giuseppina Barbato 

Nosotros somos barro y tu eres aquel que nos da forma (I lectura: Is 63,16-17.19; 64,2-7)
Fieles Dios (II lectura: 1 Cor 1,3-9)
Lo que les digo a ustedes, se los digo a todos: ¡vigilen! (III lectura: Mc 13,32-37

El mundo en el que vivimos

Durante la marcha de la Paz da Perugia a Asís, celebrada en septiembre de este año año, los participantes destacaron los siguientes compromisos, como  caminos de paz:

  1. Garantizar a todos el derecho al alimento y al agua
  2. Promover un trabajo digno para todos
  3. Invertir en los jóvenes, en la educación y en la cultura
  4. Desarmar las finanzas y construir una economía de justicia
  5. Repudiar la guerra, cortar los gastos militares
  6. Defender el bien común y el planeta
  7. Promover el derecho a una información libre y pluralista
  8. Hacer de la ONU la casa común de la humanidad
  9. Invertir en la sociedad civil y en el desarrollo de la democracia
  10. Construir sociedades abiertas y democráticas

Una comunidad como la nuestra, que actúa y que está alerta podría preguntarse: ¿En este nuevo año litúrgico, cuál de estos caminos de paz nos comprometeremos a conseguir? O quizá: ¿Cuál de estos objetivos nos lleva a vivir con más intensidad el diálogo con todos los cristianos y con la misión ad gentes?

La palabra que nos ha sido dada:

Lo que Jesús dijo a los primeros discípulos, gracias a Marcos, se extiende a todas las comunidades cristianas de todos los tiempos y en todos los países del mundo. Se nos ha confiado la tarea de trabajar y vigilar. Nuestra vocación no es descubrir o fijar la fecha del regreso del Hijo del Hombre. La imagen del ladrón subraya que el momento no se puede prever, acaecerá de improviso. Y el regreso no podemos interpretarlo como una venida para robar atrapándonos de sorpresa. El tiempo de la espera es largo para ofrecernos la oportunidad de encontrarnos preparados y así la venida se transformará en un encuentro gozoso, en un abrazo tierno y en el nuevo día sin ocaso.

Podría ser que lo que mayormente nos impide comprometernos en el actuar y en el vigilar, no sean las riquezas ni otros caprichos. Los principales peligros son el desánimo y los falsos “cristos” o falsos profetas. Vivamos el presente y para el presente, sin dejarse convencer de quien le gustaría vivir solo para el futuro: ¡Cuidado con quienes polarizan la atención solamente sobre el final¡

Vamos a reflexionar:

Estamos vigilantes, pero no basta…

  • No queremos un vigilar que sea de fuga

         Queremos un vigilar que sea encuentro

  • No queremos vigilar solos

    Queremos vigilar juntos

  • No queremos vigilar para nosotros mismos

    Queremos vigilar para otros

  • No queremos vigilar para crear lejanía

    Queremos vigilar para construir cercanía.

Daniel Comboni: 1000 vidas para la misión

Años y años de experiencias misioneras, muchas veces agotadoras, maduran en Comboni un profundo equilibrio interior, fue capaz de mirar a África con una sólida conciencia, con inteligencia, con una distancia crítica, sin insuficiencia intelectual o moral. Él advertía que era necesaria mucha humildad, o permanecer en silencio, mirar, escuchar, aprender, sufrir. "Los exploradores pasan como meteoros en estos lugares y luego se van a su casa. Pero la misión es más difícil, hay que caminar despacio, escribir menos y hablar sólo después de mucho tiempo, despues de una larga experiencia... "

“La vida del misionero es un misterio de dolor y de alegría, de afanes y esperanzas, de dolor y de consuelo…” por lo tanto: “oren y pidan oraciones, para que todos nos hagamos santos, salvando asì la “Nigrizia”.

Difícilmente en Europa se puede dar una idea del sufrimiento que se debe soportar en estas regiones calurosas y desérticas del África (Carta a la Sociedad de Colonia, 1881. Pocos meses después Comboni muere el 10/10/1881)