Lunes, 2 de septiembre 2019
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Papa Francisco durante el FSMM (Foro Social sobre Migraciones - México, noviembre de 2018), envió un mensaje claro: los refugiados y los migrantes son personas y nadie tiene derecho a pensar por ellos, juzgarlos por sus razones en correr el riesgo de esta aventura. Sin embargo, su propia familia, su propia gente, su propia Iglesia tienen este derecho y algunos obispos africanos lo han hecho, abogando por la juventud con fuertes palabras: "No creas en las falsas promesas que conducen a la esclavitud" y a la muerte "en el Mediterráneo o en el desierto de Libia".

Reunidos en Uagadugú, Burkina Faso, del 14 al 20 de mayo, para su Tercera Asamblea Plenaria, los obispos de la Recowa-Cerao, las conferencias nacionales e interterritoriales de África Occidental, al final de la reunión, han publicado una declaración y un mensaje pastoral en el que también mencionan el flagelo de la emigración masiva.

Los obispos elogian los importantes progresos que África ha realizado en los últimos años, gracias al compromiso caritativo y misionero de la Iglesia y a la dedicación de sus hijos. Sin embargo, señalan "las amenazas inesperadas, las tragedias sin precedentes y los nuevos desastres que arriesgan con destruir todos estos esfuerzos para el desarrollo social y el progreso humano". La lista es larga: epidemias, desastres ambientales, violencia sectaria, ataques a la democracia, dificultad para alcanzar las reconciliaciones nacionales, nuevas formas de terrorismo y pobreza y, enfatizan "el problema de la migración que afecta especialmente a los jóvenes africanos", a quienes dirigen directamente parte de su mensaje.

No crean las falsas promesas que conducen a la esclavitud.

“Ustedes representan el presente y el futuro de África, que debe luchar con todos sus recursos para la dignidad y felicidad de sus hijos e hijas. En este contexto, no podemos guardar silencio sobre el fenómeno de la migración de jóvenes africanos a Europa. Nuestros corazones de pastores y padres sufren al ver embarcaciones sobrecargadas de jóvenes, mujeres y niños a merced de las olas del Mediterráneo. Por supuesto, entendemos su sed de felicidad y bienestar que sus países no les ofrecen. El desempleo, la miseria, la pobreza siguen siendo males que humillan y repugnan. Sin embargo, no son suficientes para que sacrifiquen sus vidas tomando caminos tan peligrosos hacia destinos donde la felicidad parece escapar a aquellos mismos que viven en esos lugares donde ustedes anhelan llegar. Dios no ha dejado despojada a África. Por el contrario, le ha proporcionado tantos recursos humanos y naturales que puede ofrecer a todos sus hijos e hijas lo que necesitan".

Más allá de las palabras, podemos percibir también la enseñanza católica cuando afirma que arriesgar su propia vida por razones no seguras o inadecuadas, no está de acuerdo con la voluntad de Dios. Por lo tanto, los obispos invocan al Señor para que los jóvenes sean "más conscientes" de los "peligros de la emigración irregular. Considerando las tragedias que se están desarrollando ante nuestros ojos, debemos reconocer que África se está derrumbando". El llamado de abogacía se hace claro: "Con trabajo duro y perseverancia pueden ustedes tener éxito en África y, lo que es más importante, hacer de este continente una tierra próspera".

La atención de los obispos se dirige también a "todos aquellos que regresan de una desafortunada experiencia de emigración", con la esperanza de que puedan encontrar en la Iglesia "una bienvenida pastoral y espiritual que les permita reintegrar su propio país y su propia comunidad eclesial para poder vivir plenamente su fe".

Un doble llamado

Los obispos, al final de su mensaje, presentan dos solicitudes. La primera a los gobiernos y a los políticos de los países donde se origina la emigración: “Debido a sus funciones políticas, ustedes son de manera especial los guardianes de sus hermanos y hermanas, y de sus naciones. En sus aspiraciones al desarrollo, en su profundo deseo de mejora, en su lucha por mejores condiciones de vida, en sus aspiraciones de paz, educación y felicidad, los ojos de sus pueblos se dirigen hacia ustedes". Luego, hacen un verdadero llamado de abogacía: "Sin pretender tomar su lugar, siendo su misión de una naturaleza diferente, la Iglesia, sin embargo, está a su lado. Con usted, ella quiere trabajar para promover naciones y comunidades pacíficas, más unidas en torno a los nuevos valores del reino que trasciende las barreras étnicas y geográficas. Con los gobiernos, ella quiere trabajar en conjunto para promover la buena gobernanza, el estado de derecho, las elecciones transparentes, el buen desarrollo de estas elecciones, el respeto a la constitución nacional y a los resultados electorales".

La segunda solicitud está dirigida a los países adonde se dirigen los emigrantes. "Hacemos un llamado a un orden internacional más justo para que, con los bienes de la tierra que pertenecen a todos, lleguemos a una mejor distribución de los recursos del mundo, a una remuneración más justa de los esfuerzos de cada uno, a que las riquezas de nuestros países beneficien a todos".

Los obispos son conscientes de que nadie puede ser señal de esperanza si no es creíble. Por lo tanto, se dirigen fraternalmente a todos los responsables religiosos. "La paradoja de nuestra región de cara al desarrollo de nuevas formas de fundamentalismo, de fuentes de ciega violencia, que siembran el terror y desestabilizan a nuestras naciones, nos cuestiona hondamente. ¿Podemos hablar de guerra santa? ¿En nombre de qué Dios y qué religión puede uno seguir matando seres humanos y, además, personas inocentes que solo piden vivir?
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Ver el mensaje completo: Pastoral Message: 3rd Plenary Assembly Of Recowa-Cerao, Ouagadougou (Burkina Faso)