Hoy damos inicio a un nuevo año litúrgico, con el compromiso misionero de anunciar “la Alegría del Evangelio”, como el Papa Francisco nos ha encomendado durante octubre misionero extraordinario, y nos enseña repetidas veces. El Papa nos estimula a salir al encuentro del Señor que viene también en la próxima Navidad, para ofrecer a todos la vida de Jesucristo.

Adviento:
tiempo de espera de la humanidad y tiempo de misión

Isaías 2,1-5; Salmo 121; Romanos 13,11-14; Mateo 24,37-44

Reflexiones
Hoy damos inicio a un nuevo año litúrgico, con el compromiso misionero de anunciar “la Alegría del Evangelio”, como el Papa Francisco nos ha encomendado durante octubre misionero extraordinario, y nos enseña repetidas veces. El Papa nos estimula a salir al encuentro del Señor que viene también en la próxima Navidad, para ofrecer a todos la vida de Jesucristo. (*) En este año litúrgico (Año A) nos acompaña el Evangelio de Mateo, que podemos llamar también el Evangelio del Emmanuel; en efecto, “Dios con nosotros” es uno de los nombres de Jesús, y lo encontramos al comienzo y al final del texto de Mateo: ver Mt 1,18 y Mt 28,20.

Al comienzo del tiempo litúrgico del Adviento, vuelve con fuerza el imperativo de la vigilancia (Evangelio): “Velen, pues, porque no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien… Estén preparados” (v. 42-44). Los ejemplos que Jesús emplea - la experiencia de la gente en los días de Noé antes del diluvio (v. 37-39) y la llegada del ladrón a la hora que menos se piensa (v. 43) - no están ahí para infundir terror, sino para estimular a la vigilancia y animar la esperanza para el encuentro con el Salvador. La vigilancia no es algo especulativo, sino la capacidad espiritual de captar los signos de la salvación de Dios presentes en la historia humana. Velar es mantenerse firmes en la Palabra del Señor, sin titubeos y sin buscar falsos mensajes. La vigilancia es una manera de vivir y afrontar la realidad; es una actitud concreta de compromiso y esperanza.

Todos - creyentes y no - estamos inmersos en los mismos acontecimientos de la historia humana; sin embargo, la comprensión de ellos cambia radicalmente, según cómo se los mire. La fe, en efecto, es una clave de lectura de los acontecimientos, capaz de captar y de evidenciar un plan amoroso de salvación que otros, al no poseer este don, no captan y no se dan cuenta de nada (v. 39). Las actividades pueden ser las mismas, pero el creyente y el no creyente, el cristiano y el no cristiano, las viven de manera diferente, e incluso opuesta. Jesús lo explica hablando de la gente en los días de Noé antes del diluvio: comer, beber, casarse, trabajar en el campo o en casa… (v. 38-41) son realidades ordinarias de la vida cotidiana que se pueden vivir distraídamente o bien como momentos de salvación.

“La diferencia entre el creyente y el no creyente no radica tanto (o solo) en determinados comportamientos externos, sino en una actitud interior diferente. El no creyente vive como si Dios no existiera; como si Dios no tuviera que llegar nunca para él... El creyente, en cambio, vela, sabe que el Señor no tarda. No vive de una manera acomodaticia, sin importarle cómo. No se instala en una cotidianidad alienante. El creyente no rehúye el presente; es más, se compromete lo mismo que los demás; pero no queda preso de las cosas” (Horacio Petrosillo). San Pablo (II lectura) llama así las dos maneras opuestas de vivir: obras de las tinieblas o armas de la luz. El cristiano debe escoger, sin tardar, porque el tiempo es un don precioso para la salvación (v. 11). Sobre este famoso texto paulino fue madurando la conversión del joven Agustín. ¡Y descubrió la vida plena!

Ya desde el comienzo del Adviento, aparece el tema fuerte de la paz y el desarme (I lectura). El pequeño reino de Judá estaba amenazado e involucrado en una guerra arriesgada contra Asiria. El rey, atemorizado, busca alianzas militares estratégicas. Tan solo el profeta Isaías “ve más allá, ve lejos”, invita a la confianza en Dios, único árbitro de pueblos numerosos, y lanza un desconcertante oráculo de paz: nada menos que transformar las armas en instrumentos de producción y desarrollo: hacer arados de las espadas, sacar hoces de las lanzas (v. 4). ¡No más armas de muerte, no se adiestrarán más para la guerra! La utopía será una realidad, dice el profeta, el día en que todos “caminemos hacia la luz de Yahvé” (v. 5). Los cristianos tenemos aquí nuevas motivaciones para apostar siempre y definitivamente por la paz y el desarme.

La reducción-eliminación de las armas, antes que una decisión política, es un imperativo que nace de la fe en Cristo. En nombre de esta fe, es un deber protestar y denunciar a los gobiernos por los excesivos, criminales y absurdos gastos militares y por la fabricación y el comercio de nuevas armas de muerte. El Papa Francisco las ha condenado nuevamente el domingo pasado, 24 de noviembre, en un discurso en Nagasaki, durante su reciente viaje a Japón: “En el mundo de hoy, en el que millones de niños y familias viven en condiciones infrahumanas, el dinero que se gasta y las fortunas que se ganan en la fabricación, modernización, mantenimiento y venta de armas, cada vez más destructivas, son un atentado continuo que clama al cielo”.

Isaías es también el profeta de la universalidad de la salvación que Dios ofrece a todos los pueblos (v. 2-3). Nosotros los cristianos, que ya creemos en Cristo, sabemos quién es el Salvador que ha venido, que viene y que vendrá también en la próxima Navidad, a la cual nos estamos preparando; mientras que los no cristianos –que son todavía la mayor parte de la familia humana (dos terceras partes)–  esperan, o no han acogido aún, el anuncio de Cristo Salvador. Por eso, el Adviento, que nos recuerda el largo tiempo de espera de la humanidad, es un tiempo litúrgico propicio para redescubrir “la Alegría del Evangelio” y para despertar en nosotros los cristianos la conciencia de la responsabilidad misionera, con la oración, el testimonio y el anuncio.

Palabra del Papa

(*) La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús... Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría… Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo... Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida”.
Papa Francisco
Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, 24-11-2013, n. 1 y 49

Siguiendo los pasos de los Misioneros
- 1/12: I Domingo de Adviento, tiempo litúrgico de la espera del Señor y tiempo misionero para recordar la larga espera de los pueblos que aún aguardan el primer anuncio de Cristo Salvador.

- 1/12: B. Carlos de Foucauld (1858-1916), francés; tras una juventud descabellada, se convirtió, se hizo sacerdote y ermitaño en el desierto argelino. A los cristianos, musulmanes, hebreos, ateos que pasaban por su oasis, les ofrecía hospitalidad, como “hermano universal”. Fue asesinado en Tamanrasset, por una banda de ladrones; es testigo de amor a la Eucaristía, de misión y diálogo.

- 1/12: B. Clementina Anuarite Nengapeta (1940-1964), religiosa de la Rep. Dem. del Congo y mártir, asesinada en Isiro durante la rebelión de los simbas ((es decir, los leones, como ellos se autodefinían). Dio claro testimonio de castidad y de perdón. En 1964, durante la guerra civil, fueron asesinados en Congo centenares de miles de congoleños y unos 170 misioneros de varios países y congregaciones; entre ellos también 4 combonianos italianos: Remo Armani, Lorenzo Piazza, Evaristo Migotti y Antonio Zuccali.

- 1/12: Día Internacional de la lucha contra el SIDA (instituida por la ONU-OMS, en 1988).

- 2/12: B. Liduina Meneguzzi (1901-1941), religiosa italiana de las “Salesias” de Padua, misionera en Etiopia, fallecida en Dire Dawa.

- 3/12: S. Francisco Javier (1506-1552), jesuita español, misionero en India y Japón, donde obtuvo numerosas conversiones y dio vida a varias comunidades cristianas; falleció en la isla de Sanchán, a las puertas de China. Es Patrono principal de las Misiones.

- 3/12: B. Ladislao Bukowinski (1904-1974), misionero polaco, apóstol de Kazajistán; fue un valiente defensor de vidas humanas y encarcelado tres veces bajo el régimen comunista. Una vez liberado, en lugar de regresar a Polonia, se quedó en Karaganda para servir a los católicos del lugar.

- 3/12: El Papa Gregorio XVI promulgó (1839) una bula para condenar el comercio de esclavos y excomulgó a los que tomaran parte en él.

- 3/12: Día Internacional para los Derechos de las Personas con Discapacidad (ONU, 1982).

- 4/12: B. Adolfo Kolping (1813-1865), sacerdote alemán, “padre de los artesanos”, promovió la formación y las asociaciones de jóvenes trabajadores.

- 4/12: Siervo de Dios Josué Dei Cas (1880-1932), hermano comboniano, de Sondrio (Italia), misionero en Sudán, donde contrajo la lepra y murió ofreciendo su vida por un joven misionero gravemente enfermo. 

- 5/12: B. Felipe Rinaldi (1856-1931), tercer sucesor de S. Juan Bosco al frente de la Sociedad salesiana, a la que dio un fuerte impulso misionero ad gentes.

- 5/12: Recuerdo de Matthew Lukwiya (Uganda, 1957-2000), médico del hospital de Gulu, testigo de caridad cristiana; asistiendo a enfermos de ébola, contrajo el virus mortal. Como él, otros médicos y enfermeros en el mundo fueron víctimas de contagios asistiendo a enfermos; así seis religiosas “Poverelle de Bérgamo” (1995, por ébola en R. D. del Congo); Lucille T. Corti (1996, por sida en Gulu), etc.

- 5/12: Día Internacional del Voluntariado.

- 6/12: S. Nicolás (ca. 250-326), obispo de Mira, patrono de Bari, santo popular por los regalos de Navidad; patrono de los niños, farmacéuticos, mercaderes, navegantes, pescadores.

- 6/12: B. Pedro Pascual (ca. 1225-1300), mercedario español, obispo de Jaén, evangelizador en España y Portugal; fue martirizado por musulmanes en Granada.

- 6/12: Recuerdo de Raoul Follereau (1903-1977), abogado, periodista y escritor francés, fundador de la Jornada Mundial de los Enfermos de Lepra (1954); a ellos consagró su vida de “vagabundo de la caridad”, dando charlas en todo el mundo, creando organismos de ayuda, lanzando llamados a los poderosos por la paz y la reducción de armas. Entre sus libros: “Si Cristo mañana…”.

- 7/12: S. Ambrosio (339-397), era aún catecúmeno y prefecto de la ciudad, cuando fue nombrado obispo de Milán; doctor, defensor y organizador de la Iglesia, maestro de S. Agustín; autor de célebres textos bíblicos, ascéticos y litúrgicos; se le considera el padre de la liturgia ambrosiana.

- 7 y 8/12: Aniversario de importantes documentos misioneros: decreto conciliar Ad Gentes (7-12-1965); Evangelii Nuntiandi (Pablo VI, 8-12-1975); Redemptoris Missio (Juan Pablo II, 7-12-1990).

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web: www.euntes.net “Palabra para la Misión”

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++