En el segundo domingo de Cuaresma tenemos una cita anual fija: la Transfiguración de Jesús sobre el monte Tabor (Evangelio). El hecho ocurre “seis días después” (v. 1) de los encuentros en Cesarea de Felipe (con la profesión de fe de Pedro, la promesa de su primacía, el primer anuncio de la pasión (Mt 16,13-28). Cada uno de estos hechos aporta piezas significativas para la configuración del verdadero rostro de Cristo.

El Rostro ‘transfigurado’
no quiere rostros ‘desfigurados’

Génesis 12,1-4ª; Salmo 32; 2Timoteo 1,8b-10; Mateo 17,1-9

Reflexiones
En el segundo domingo de Cuaresma tenemos una cita anual fija: la Transfiguración de Jesús sobre el monte Tabor (Evangelio). El hecho ocurre “seis días después” (v. 1) de los encuentros en Cesarea de Felipe (con la profesión de fe de Pedro, la promesa de su primacía, el primer anuncio de la pasión (Mt 16,13-28). Cada uno de estos hechos aporta piezas significativas para la configuración del verdadero rostro de Cristo, hacia el cual la antífona de entrada nos invita a mirar: “Busquen mi rostro. Tu rostro buscaré, Señor; no me escondas tu rostro” (Sal 26,8-9). Una respuesta a tan insistente súplica llega de un alto monte (v. 1), donde Jesús se transfiguró ante tres discípulos escogidos: “Su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz” (v. 2). La luz no viene de afuera, sino que emana desde dentro de la persona de Jesús. Con razón, Lucas, en el texto paralelo, subraya que Jesús subió al monte “para orar, y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió” (Lc 9,28-29). De la relación con su Padre, Jesús sale transformado interiormente; la plena identificación con el Padre resplandece en el rostro de Jesús (cfr. Jn 4,34; 14,11).

Jesús no busca su auto-glorificación; quiere que sus discípulos descubran mejor su identidad y su misión. Para tal fin, sobre el monte se realiza una manifestación de la Trinidad a través de tres signos: la voz, la luz y la nube. La voz del Padre proclama a Jesús su “Hijo, el amado. Escúchenlo” (v. 5); la luz emana del cuerpo mismo del Hijo Jesús; la nube es símbolo de la presencia del Espíritu. En ese contexto de gloria, que es un adelanto de su Pascua, Jesús habla con Moisés y Elías “de su partida, que estaba para cumplirse en Jerusalén” (Lc 9,31). Oración y revelación de la Trinidad, pasión y glorificación: ahora los discípulos pueden entender algo más acerca de su Maestro. Podemos acoger una invitación para cada uno de nosotros: busquémonos un tiempo -posiblemente prolongado - para contemplar el rostro de Jesús, hasta poder decir, como Pedro: “Señor, bueno es estarnos aquí” (v. 4). (*)

Nunca la verdadera oración es evasión. Para Jesús la oración era un momento fuerte de identificación con el Padre y de adhesión coherente y confiada a su plan de salvación. Este camino de transformación interior es el mismo para Jesús, para el discípulo y para el apóstol. La oración, vivida como escucha-diálogo de fe y de humilde abandono en Dios, tiene la capacidad de transformar la vida del cristiano y del misionero; es la única experiencia fundante de la misión. La oración alcanza su momento más verdadero cuando desemboca en el servicio al prójimo necesitado. El B. Óscar A. Romero, obispo y mártir en El Salvador (+24.3.1980) era tajante en declarar: “Una religión de misas dominicales, pero de semanas injustas, no le gusta al Señor; una religión llena de oraciones, pero sin denunciar las injusticias, no es cristiana”. En una homilía cuaresmal Benedicto XVI explicó muy bien la dimensión misionera de la oración “La oración es garantía de apertura a los demás. La verdadera oración nunca es egocéntrica; siempre está centrada en los demás. La verdadera oración es el motor del mundo, porque lo tiene abierto a Dios”.

El discípulo-misionero está convencido de que Dios es fiel y lo acompaña en todas las etapas y peripecias de la vida: en los comienzos, en los momentos de Tabor y en los momentos de Getsemaní. Dan testimonio de ello también Abrahán y Pablo. Abrahán se fio de Dios (I lectura) que lo invitaba a salir de su tierra y a dejar sus parientes para ir hacia un país desconocido (v. 1), que Dios le habría mostrado. Igualmente, San Pablo dejó el camino de Damasco para correr la nueva aventura con Jesús. Por tanto, podía exhortar al discípulo Timoteo (II lectura): “Según la fuerza de Dios, toma parte en los duros trabajos del Evangelio” (v. 8).

El Evangelio de Jesús requiere necesariamente un compromiso tenaz por la defensa y la promoción de las personas más débiles, cuya dignidad humana se ve a menudo afeada y desfigurada por tantas formas de violencia, explotación, abandono, hambre, enfermedades, ignorancia. ¡Cualquier afeamiento de la dignidad humana es contrario al proyecto original de Dios, Padre de la Vida! ¡Allí donde hay un rostro humano afeado y desfigurado, es imperiosa y urgente la presencia de la Iglesia y de los misioneros del Evangelio! Jesús, con su rostro hermoso y ‘transfigurado’, no quiere que haya hermanos y hermanas con rostros ‘desfigurados’. La actividad misionera se hace, por tanto, cercanía a las personas que están en el dolor, contacto con las heridas y curación de las llagas - físicas o morales - de los que sufren.

Palabra del Papa
(*) “Esta Cuaresma 2020 quisiera dirigir a todos y cada uno de los cristianos lo que ya escribí a los jóvenes en la Exhortación apostólica Christus vivit: «Mira los brazos abiertos de Cristo crucificado, déjate salvar una y otra vez. Y cuando te acerques a confesar tus pecados, cree firmemente en su misericordia que te libera de la culpa. Contempla su sangre derramada con tanto cariño y déjate purificar por ella. Así podrás renacer, una y otra vez» (n. 123). La Pascua de Jesús no es un acontecimiento del pasado: por el poder del Espíritu Santo es siempre actual y nos permite mirar y tocar con fe la carne de Cristo en tantas personas que sufren”.
Papa Francisco
Mensaje para la Cuaresma 2020

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 8/3: S. Juan de Dios (1495-1550), portugués, fundador de la Orden de los Hermanos Hospitalarios (los ‘Fatebenefratelli’), protector de los hospitales, patrono de los enfermos y de los enfermeros.

- 8/3: Día Internacional de la Mujer: fue instituido en 1910 y es Jornada ONU desde 1975.

- 9/3: Ss. Cuarenta Soldados de Capadocia, martirizados en Sebaste (Armenia, +320). No obstante las torturas y el estar desnudos, en pleno invierno, en un pantano helado, se mantuvieron fuertes en la fe y en el martirio.

- 9/3: S. Domingo Savio, muchacho educado por S. Juan Bosco, fallecido a los 14 años (+1857), fiel a su propósito: “La muerte, pero no pecados”.

- 10/3: S. Juan Ogilvie (Escocia, 1579-1615), sacerdote jesuita, mártir, el primer santo escocés canonizado después de la Reforma.

- 10/3: B. Elías del Socorro Nieves del Castillo, sacerdote agustino, martirizado en Cortázar (México, +1928), junto con otras personas durante la persecución.

- 11/3: S. Eulogio de Córdoba, sacerdote nombrado obispo de Toledo, apologeta y mártir († 859) durante la ocupación árabe musulmana, cuyos gobernantes lo hicieron decapitar por haber proclamado abiertamente su fe en Cristo.

- 12/3: S. Luis Orione (1872-1940), sacerdote piamontés, fundador de la Pequeña Obra de la Divina Providencia y de algunas Congregaciones religiosas para la asistencia a los más necesitados.

- 12/3: Siervo de Dios Francisco Javier Truong Buu Diep (1897-1946), sacerdote en el sur de Vietnam, matado en connivencia con los comunistas en Tac Say, junto con 30 feligreses. Invitado por los superiores a abandonar la parroquia para salvarse, dijo: “Vivo entre mi gente y moriré con ellos”.

- 12/3: Siervos de Dios Rutilio Grande García (1928-1977), sacerdote jesuita y dos campesinos salvadoreños (un catequista y un adolescente), mártires, matados en El Salvador por el gobierno militar, que oprimía a los que reivindicaban los derechos humanos. La opción por los pobres y el martirio del P. Rutilio fueron fuentes de inspiración preciosa para el amigo arzobispo San Óscar A. Romero (+1980). Están próximos a la beatificación.

- 12/3: Recuerdo de Grégoire Ahongbonon (n. 1952), laico católico de Benín, padre de familia, llantero, fundador de la asociación S. Camilo, que en 25 años ha acogido a 60.000 enfermos mentales en cuatro países africanos: Benín, Costa de Marfil, Burkina Faso y Togo; colaboran con él médicos y voluntarios, que se dedican a visitar familias y en unos 60 centros.

- 13/3: Aniversario de la elección del Papa Francisco (2013), que inició solemnemente su Pontificado el 19 de marzo, fiesta de San José.

- 13/3: S. Dulce Lopes Pontes de Souza Brito (Salvador de Bahía, 1914-1992), religiosa brasileña, conocida con el nombre de “Irmã Dulce” (hermana Dulce); consagró toda su vida al servicio de los pobres y de los obreros.

- 14/3: Sierva de Dios Clara Lubich (1920-2008), laica italiana; inspirándose en la plegaria de Jesús “para que todos sean una sola cosa” (Jn 17,21), fundó el Movimiento de los ‘Focolares’, para la unión y la paz en la familia, entre las generaciones, entre los pueblos y las religiones.

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”

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