San José, Esposo de la Virgen María: 19 de marzo

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Lunes, 16 de marzo 2020
Nos hallamos en un tiempo de crisis del “padre”, una crisis que tiene razones coyunturales, culturales y sociales. Es tiempo bueno para reflexionar sobre ello, retomando la figura de San José, el «padre del Hijo de Dios».

(1) Hay una razón coyuntural. El símbolo padre ha perdido importancia o resulta negativo: en ciertos grupos humanos ha llegado a difuminarse de tal forma que muchos niños sólo conocen y respetan de verdad a la madre (si lo hacen), pues el padre en cuanto tal no vive habitualmente en la casa o no ejerce en ella una función educadora o afectiva.

(2) Razón cultural. La vieja sociedad jerarquizada (fundada en la ley/poder del padre), ha cumplido su función y parece que nos ha dejado, pero “sin dejar” alternativa. Hemos matado y enterrado (simbólicamente) a ese padre (o el padre ha preferido desaparecer), de manera puede haber surgido una humanidad igualitaria que es buena, sin normas impositivas (cosa también buena), pero sin consistencia interna, sin valores creadores.

(3) Razón religiosa. Si a Dios le llamamos “padre”, hacemos una opción injusta en favor del sexo masculino: dejamos a la madre en un segundo plano, nos olvidamos de ella al entrar en el misterio. En esa línea, son muchos los que piensan que la invocación paterna de Dios es un residuo de antiguas concepciones patriarcalistas, que han servido para someter a las mujeres. Pero unas madres sin padres corren el riesgo de perder algo muy hondo, vinculado a la comunicación y alteridad del ser humano. Por eso, quizá tengamos que decir que Dios no es sólo padre, pero añadiendo que es también padre.

(4) Con ocasión de San José… Por todo eso y por otras razones será bueno reflexionar sobre el Padre, con ocasión de San José que es para los cristianos (al menos para los católicos, a partir del siglo XVI, en tiempos de Santa Teresa) el “patrono” de los buenos padres…
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José, el hombre justo, el fiel y el servidor prudente,
constituido como jefe de familia

Uno de los santos más venerados en nuestras comunidades es San José. Tiene un atractivo muy especial, como lo define el prefacio de este día: el hombre justo, el fiel y el servidor prudente, constituido como jefe de familia. Quizás estas mismas cualidades que se aprecian tanto en nuestros tiempos sean las que lo hacen atractivo. Justicia, fidelidad, servicio y amor a la familia, son las cualidades que todo hombre y mujer deberían tener. Pero aunque las apreciamos mucho es muy difícil encontrarlas.

San José es conocido por su justicia, y justicia entendida en el sentido más amplio: armonía con Dios, con los hermanos, con la naturaleza y consigo mismo. A cualquiera de nosotros lo que le aconteció a José le hubiera amargado la vida, y sin embargo él, despertando del sueño, hizo “todo lo que le había mandado el ángel del Señor”. Quien no tiene su corazón en armonía empieza a cometer injusticias, roba, insulta, exige, despoja y hasta asesina. No se le llena el corazón con nada a pesar de todas sus ambiciones. José llena el corazón de Dios.

José es el hombre fiel que a pesar de que no entiende, sigue amando y protegiendo a María. ¡Qué difícil en nuestros días ser fiel! Con qué facilidad se es infiel a la pareja, a la familia, a los ideales. José es fiel a María y es fiel a Dios.

José es el servidor prudente que busca salvar la vida de su familia aunque ello implique graves sacrificios, alejarse del país, buscar nuevos horizontes, enfrentarse a otras costumbres. El verdadero servidor proporciona vida plena a los que le han sido confiados. El servicio ha perdido mucho prestigio en nuestros días y ya nadie quiere servir.

José también es modelo de jefe de familia. El jefe que se deshace en cuidados y atenciones, no el jefe capataz que impone y atropella. El jefe que se distingue por el cuidado que pone para proteger su familia, no el que se sirve de la familia.

Hoy que andamos tan escasos de estas cualidades, contemplemos a San José y pidámosle a Dios que nos conceda también a nosotros ser justos, fieles, serviciales y guardianes de nuestras familias. Es oración y es compromiso.

Mons. Enrique Díaz, Obispo Auxiliar de San Cristobal de las Casas
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