¡Pentecostés es una fiesta de maravillas! “Los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua” (I lectura, v. 11). La sorpresa sacude a la gente de Jerusalén y a los mismos Apóstoles, en esa mañana de Pentecostés (I lectura). Muchos pueblos distintos (se nombran hasta 17 pueblos), con idiomas diferentes, hablan una lengua común: todos comentan al unísono las maravillas de Dios (v. 8-11). El Espíritu Santo, que acaba de descender sobre la comunidad reunida en el Cenáculo, es el autor de esta maravilla: es decir, la superación de Babel y el paso a una vida de comunión fraterna y de impulso misionero.

Espíritu de misericordia,
paz, unidad, sanación y misión

Hechos 2,1-11; Salmo 103; 1Corintios 12,3-7.12-13; Juan 20,19-23

Reflexiones
¡Pentecostés es una fiesta de maravillas! “Los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua” (I lectura, v. 11). La sorpresa sacude a la gente de Jerusalén y a los mismos Apóstoles, en esa mañana de Pentecostés (I lectura). Muchos pueblos distintos (se nombran hasta 17 pueblos), con idiomas diferentes, hablan una lengua común: todos comentan al unísono las maravillas de Dios (v. 8-11). El Espíritu Santo, que acaba de descender sobre la comunidad reunida en el Cenáculo, es el autor de esta maravilla: es decir, la superación de Babel y el paso a una vida de comunión fraterna y de impulso misionero. En efecto, en Babel la confusión de las lenguas había provocado la dispersión de los pueblos que, en actitud orgullosa y egoísta, querían edificarse una ciudad y hacerse famosos (Gen 11,1-9); por el contrario, en Jerusalén, cuando el Espíritu desciende, pueblos diferentes logran entenderse y comunicar las maravillas de Dios. En Babel todos hablaban el mismo idioma, pero nadie lograba entender al otro. En Pentecostés hablan lenguas diferentes y, sin embargo, todos se entienden como si hablaran un único idioma. En el corazón de las personas, el Espíritu desplaza el centro de interés: ya no es la búsqueda egoísta de sí mismos o de hacerse famosos, sino vivir en Dios y narrar sus obras, en beneficio de toda la familia humana.

La fiesta hebraica de Pentecostés se había convertido progresivamente en un memorial de las grandes alianzas de Dios con su pueblo (con Noé, Abrahán, Moisés, Jeremías, Ezequiel…). Ahora en la culminación de Pentecostés (v. 1) es el don del Espíritu, que se nos da como definitivo principio de vida nueva: es Espíritu de unidad, de fe y de amor, en la pluralidad de carismas y de culturas. San Pablo atribuye claramente al Espíritu la capacidad de hacer a la Iglesia unida y múltiple en la pluralidad de dones, ministerios, funciones (v. 4-6). El Espíritu quiere una Iglesia rica en dones diversos, pero unida; una Iglesia que no anula, sino que valora las diferencias. ¡Porque constituyen una riqueza! El Espíritu realiza la convivialidad de las diferencias: no las anula, ni las homologa, más bien las salva, las purifica, las custodia, las enriquece, las armoniza. (*) El Papa Francisco nos recuerda que Pentecostés es la fiesta del nacimiento de la Iglesia; es el “cumpleaños de la Iglesia”.

El Espíritu Santo es el fruto más grande y más hermoso de la Pascua, ya desde el último respiro de Jesús en la cruz, que marcó el comienzo de la vida nueva en el Espíritu. En sentido pleno, el texto “expiró” (Lc 23,46; Jn 19,30) se puede traducir: entregó-transmitió el Espíritu (Santo), preludio de Pentecostés. Además, en su resurrección Jesús insufla el Espíritu sobre los discípulos (Evangelio): “Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados” (v. 22-23). Él es el Espíritu de vida y de la misericordia de Dios para el perdón de los pecados. Por tanto, es Espíritu de paz: con Dios y con los hermanos. Es Espíritu de unidad en la pluralidad. Es el Espíritu de la misión universal; es, incluso, el protagonista de la misión que Jesús confía a los Apóstoles y a sus sucesores (cfr. RMi cap. III; EN 75s): “Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo” (v. 21). Son palabras que vinculan para siempre la misión de los apóstoles y de los fieles cristianos con la vida de la Trinidad: el Hijo es el primer misionero enviado por el Padre para salvar al mundo, por el amor (Jn 15,9); el Espíritu impulsa a toda la Iglesia a la misión y en el camino hacia la unidad de los cristianos.

El soplo de Jesús sobre los Apóstoles en la tarde de Pascua (v. 22), para el evangelista Juan es ya Pentecostés y evoca la creación nueva, que es obra del Espíritu: Él transforma desde dentro a cada persona y la dispone a acoger el don de la salvación en Cristo. De manera real, aunque por caminos invisibles que se nos escapan, el Espíritu dispone los corazones de las personas, incluidos los no cristianos, para el necesario encuentro salvífico con Cristo, como lo enseña el Concilio: “Debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma por Dios conocida, se asocien al misterio pascual (GS 22; es un texto valiente que Juan Pablo II cita tres veces en la RMi, n. 6.10.28).

Estrechamente vinculada a la obra creativa y purificadora del Espíritu está también su acción capaz de sanar y curar el alma y el cuerpo de las personas. Se trata de una energía real y eficaz, ante la cual existe una particular sensibilidad en el mundo misionero, aunque a menudo no es fácil discernir. La acción sanadora alcanza a veces también el cuerpo, pero más a menudo toca el espíritu humano, sanando las heridas interiores y derramando el bálsamo de la reconciliación y de la paz. Se abren ante la Iglesia campos siempre nuevos para su actividad misionera, en los que está llamada a trabajar con creciente impulso y creatividad. ¡Confiando en la acción del Espíritu!

Palabra del Papa

(*) “El Espíritu Santo, mientras obra la distribución de gracias y servicios, es el principio de la unidad de la Iglesia… Solo el Espíritu Santo puede suscitar la diversidad, la multiplicidad y, al mismo tiempo, producir la unidad… Es Él que armoniza la Iglesia, porque, como dice san Basilio el Grande: «Él mismo es la armonía»... La unidad no es principalmente el resultado de nuestra acción, sino que es don del Espíritu Santo. Sin embargo, esta no vendrá como un milagro al final: la unidad viene en el camino, la construye el Espíritu Santo en el camino… Por lo tanto, invoquemos al Espíritu con confianza, para que guíe nuestros pasos y cada uno escuche con renovado vigor el llamado a trabajar por la causa ecuménica; que Él inspire nuevos gestos proféticos y fortalezca la caridad fraterna entre todos los discípulos de Cristo, «para que el mundo crea» (Jn 17,21) y se acreciente la alabanza al Padre que está en el Cielo”.
Papa Francisco
Carta en el 25 aniversario de la encíclica Ut Unum Sint, 24 de mayo de 2020

Siguiendo los pasos de los Misioneros

31/5. Solemnidad de PENTECOSTÉS: el Espíritu Santo “habla” en todas las lenguas y culturas de los pueblos.

° Fiesta de la Visitación de la B. V. María a su prima Isabel, en un encuentro de fe y alabanza al Señor.

1/6. Lunes después de Pentecostés: Memoria de la B. V. María, Madre de la Iglesia.

° S. Justino mártir (†165), laico palestino nacido en Samaria, filósofo estudioso del helenismo; atraído por los profetas de Israel, llegó a encontrar en Cristo la verdad. Después de recibir el bautismo en Éfeso, llegó a Roma, donde escribió dos Apologías en defensa de los cristianos, y fue decapitado con otros seis compañeros, en tiempos del emperador Marco Aurelio. Decía: “He tratado de aprender todas las filosofías, luego he adherido a la verdadera doctrina, a aquella de los cristianos”.

° B. Juan Bautista Scalabrini (1839-1905), obispo de Piacenza (Italia), visitó cinco veces las 365 parroquias de la diócesis. En 1887 fundó el instituto de los Misioneros de San Carlos Borromeo (conocidos como Scalabrinianos), y en 1895 el de las Hermanas Misioneras de San Carlos, ambos para la asistencia pastoral de los migrantes en América.

° S. Aníbal María Di Francia (1851-1927), sacerdote siciliano de Messina, apóstol de la oración por las vocaciones, fundador de los Rogacionistas y de las Hijas del Divino Celo.

° En 1867 Daniel Comboni, a los 36 años, fundó en Verona el Instituto para las Misiones de la Nigricia, primer núcleo del futuro instituto de los Misioneros Combonianos. - En 1872 fundó en Verona también las Hermanas Combonianas (véase el 1/1).

2. Bs. 7 Obispos Greco-Católicos Rumanos, encarcelados por los comunistas en Rumania (años 1950-1970); fallecieron en la cárcel sin renegar de la fe, permaneciendo en comunión con la Iglesia de Roma. Durante su viaje apostólico a Rumania (2019), el Papa Francisco los proclamó Beatos y mártires, declarándolos “testigos de libertad y misericordia”. Sus nombres son: Vasile, Valeriu, Ioan Suciu, Tit, Alexandru, Iuliu, Ioan Bălan. 

° SdD. Patrick Peyton (1909-1992), sacerdote irlandés-estadounidense, apóstol de la “Cruzada del Rosario en familia” y en los medios de comunicación social. Suyo es el lema: “La familia que reza unida permanece unida”.

° En 1537 el Papa Pablo III condenó la esclavitud, con la Bula pontificia “Sublimis Deus”.

3. Ss. Carlos Lwanga y 21 compañeros mártires de Uganda, asesinados – algunos quemados vivos - entre 1885 y 1887 en Namugongo y alrededores de Kampala, por odio a la fe y en particular por haberse negado a condescender a los deseos homosexuales del rey (13 de ellos eran sus pajes). Junto con ellos, fueron matados también 23 jóvenes de confesión anglicana y 62 musulmanes. Pablo VI, durante su viaje a Uganda (1969), hablando a los líderes musulmanes, dijo: ¿Y cómo no asociar al testimonio de los mártires católicos y protestantes la memoria de esos confesores de la fe musulmana, que han sido los primeros, en 1848, en no trasgredir su religión?

° Memoria de Fray Juan de Zumárraga (1476-1548), franciscano español, primer obispo de México (1530), y recuerdo de otros franciscanos, entre ellos: Pedro de Gand y los 12 Apóstoles. Otros grandes evangelizadores de México fueron: Bartolomé de las Casas, OP, Eusebio Francisco Kino, jesuita, Vasco de Quiroga y otros; anunciaban el Evangelio, hacían promoción humana y defendían a los indios.

° Aniversario del fallecimiento de Afonso Mwembe Nzinga, rey del Kongo (siglo XV), primer soberano de África Central que recibió el Bautismo (1491). En 1518 su hijo Enrique llegó a ser el primer obispo negro de África subsahariana.

5. S. Bonifacio (675-754), mártir, monje benedictino inglés; con un grupo de monjes y de monjas, salió como misionero para Alemania, donde obró numerosas conversiones y organizó la vida eclesial. Fue nombrado por el Papa obispo de Maguncia y fue asesinado durante una misión entre los frisones en Holanda. Es Patrono de Alemania y está sepultado en la catedral-monasterio benedictino de Fulda.

° Día mundial del Ambiente, proclamado por la ONU (1972).

6. S. Norberto (1080-1134), misionero en Francia y Alemania, obispo de Magdeburgo (Alemania), fundador de los Premonstratenses (1120), nombre que hace referencia a la abadía francesa de Prémontré, donde esta Orden nació.

° S. Marcelino Champagnat (1789-1840), sacerdote francés, fundador de los Pequeños Hermanos de María (Hermanos Maristas), para la educación cristiana de los jóvenes.

° S. Rafael Guizar y Valencia (México, 1878-1938), obispo de Veracruz. No obstante la persecución, ejerció valientemente el ministerio episcopal, sufriendo el destierro y otras penas.

° Recuerdo de Martín Martini (1614-1661), misionero jesuita italiano en Hang Zhou (China) durante 17 años; era historiador, geógrafo, pionero en el intercambio cultural entre China y Occidente. Seguía el método misionero de su cohermano Mateo Ricci y de otros jesuitas.

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++