https://lmcomboni.org/blog/no-asustarse-ante-el-mal-2/Jesús mismo nos da la clave para interpretar su parábola, que se aplica a la vida de cada uno (todos somos un poco buenos y un poco menos), a la vida y a la historia de la Iglesia, la cual está llamada a vivir inmersa en un mundo de violencias y de injusticias, pero siempre animada por la esperanza y la paciencia de Dios. En cada tiempo y lugar, la Iglesia misionera “debe continuar su peregrinación entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios” (S. Agustín, De civitate Dei).

No asustarse ante el mal

Un comentario a Mt 13, 24-43

En tres domingos consecutivos (el anterior, el actual y el próximo), leemos el capítulo 13 de Mateo, que está dedicado a exponernos siete parábolas de Jesús sobre el Reino de Dios. El domingo pasado nos detuvimos en la parábola del sembrador y los diferentes tipos de tierra en la que cae la buena semilla. Hoy leemos tres parábolas: el trigo y la cizaña, el grano de mostaza y la levadura. Las tres empiezan con la siguiente fórmula: “Sucede con el reino de los cielos como…” y nos va explicando a qué se parece el reino de los cielos:

  • a la buena semilla, que crece junto a la cizaña en el mismo campo;
  • un grano de mostaza, que siendo insignificante, se convierte en un árbol grande;
  • la levadura que, sien do poca cosa, fermenta toda la masa.

Como vemos, son tres características que, según Jesús, tienen las cosas de Dios:

1. Lo bueno crece en medio de lo no tan bueno. Un santo ha dicho una frase que muchos repetimos con mucha esperanza: “Siembra amor y recogerás amor”. Eso es verdad, pero no podemos ser ingenuos; en este mundo, junto a la semilla del bien existe también la semilla del mal: orgullo, envidia, oposición injusta, intereses egoístas…

Ante la existencia del mal podemos adoptar tres actitudes:

  • Ignorarlo, como si no existiese, en una actitud de irresponsable ingenuidad. El peligro es que la fuerza del mal acabe ahogando el bien que hay en nosotros, en la familia, en la sociedad. Lo primero para vencer el mal es tomar conciencia de su existencia.
  • Arrancarlo violentamente, con el riesgo de eliminar también el bien que va mezclado con el mal, dado que nada en este mundo es totalmente puro. Hay quien, en un acto de orgullo imperdonable, se cree totalmente justo y acertado en sus actitudes, condenando tajantemente a los demás. Esta actitud ignora dos realidades: el mal que hay junto a la bondad y el bien que hay normalmente junto a la maldad.
  • El discernimiento y la paciencia que propone Jesús. Con mucha sabiduría y realismo, Jesús afirma, como ya lo hacía el libro del Génesis, que todo lo que Dios ha creado es bueno, que en el campo del mundo crece la semilla del bien que Dios ha sembrado en las personas y grupos humanos. Pero al mismo tiempo hay que reconocer que “un enemigo” ha sembrado también semillas de mal. Ante esa realidad –que todos podemos constatar en nuestra experiencia diaria- Jesús nos propone no asustarnos, no hacer aspavientos, no tomar actitudes fanáticas o violentas, sino permanecer tranquilos, saber esperar… De hecho, a veces uno puede hacer poco o nada por arrancar el mal que nos rodea. Sólo en el momento de la “cosecha”, cuando pasa el tiempo, la verdad de la buena semilla triunfa dando “harina” para el buen pan, mientras los frutos de la mala semilla terminan en el fuego. Dios usa todo para el bien, incluso la astucia del enemigo.

2. El Reino parece pequeño y empieza de manera casi insignificante, pero termina creciendo y dando sombra. Las cosas de Dios no empiezan de manera llamativa, sino humilde. Puede ser una palabra dicha en una reunión, un gesto de comprensión, una ayudita en el momento preciso… Muchas pequeñas cosas que pueden contribuir a formar un hijo, levantar a una persona de su tristeza, poner en marca una obra de caridad que termina ayudando a cientos de personas, dando un primer paso hacia la reconciliación…

3. El Reino trabaja desde dentro, transformando las personas desde el corazón y las sociedades desde las personas. A veces parece poca cosa en comparación con las muchas necesidades, con las enormes injusticias, con la prepotencia de las estructuras poderosas. Pero nunca debemos despreciar el poder de la levadura de la verdad, la justicia y el amor.
P. Antonio Villarino
Bogotá

El trigo, al final, vencerá a la cizaña

Sabiduría 12,13.16-19; Salmo 85; Romanos 8,26-27; Mateo 13,24-43

Reflexiones
¡Está prohibido poner barreras y crear separaciones entre buenos y malos, entre santos y malvados! ¿Por qué existe el mal en el mundo? ¿De dónde viene la cizaña? Nos lo explica Jesús. En las tres parábolas del Evangelio (cizaña, grano de mostaza y levadura) afloran las enseñanzas de la parábola del sembrador (cfr. domingo XV): la insignificante pequeñez de la semilla en comparación con sus potencialidades internas; el dueño que siembra buena semilla en su campo, mientras que el enemigo siembra allí la cizaña; la vengativa impaciencia de los criados y la tolerante paciencia del dueño…  (v. 25.28-29). Al final, en el tiempo de la cosecha y la siega, llega el momento del balance definitivo: se evalúan los resultados, con el consiguiente premio o castigo (v. 30). Nuevamente, Jesús mismo nos da la clave para interpretar su parábola, que se aplica a la vida de cada uno (todos somos un poco buenos y un poco menos), a la vida y a la historia de la Iglesia, la cual está llamada a vivir inmersa en un mundo de violencias y de injusticias, pero siempre animada por la esperanza y la paciencia de Dios. En cada tiempo y lugar, la Iglesia misionera “debe continuar su peregrinación entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios” (S. Agustín, De civitate Dei).

El santo Papa Karol Wojtyla, en uno de sus libros, nos ha dejado un comentario autorizado sobre el mysterium iniquitatis que azota el mundo y la historia, y sobre la coexistencia del bien y del mal, haciendo una referencia explícita a la parábola de hoy: “La manera como el mal crece y se desarrolla sobre el terreno sano del bien constituye un misterio. Misterio es también esa parte de bien que el mal no ha logrado destruir y que se propaga, a pesar del mal, avanzando incluso sobre el mismo terreno. Es inmediata la alusión a la parábola evangélica del trigo y de la cizaña… En efecto, esta parábola puede considerarse como una clave de toda la historia del hombre. En distintas épocas y en diferente medida, el trigo crece junto a la cizaña y la cizaña junto al trigo. La historia de la humanidad es el teatro de la coexistencia del bien y del mal. Esto significa que, si el mal existe al lado del bien, el bien, sin embargo, persevera al lado del mal y crece, por así decirlo, sobre el mismo terreno, que es la naturaleza humana” (cfr. Memoria e Identidad, p. 14).

La aplicación de este mensaje al mundo misionero es inmediata. Ante el mal que avanza o la cerrazón y maldad de muchas personas, a menudo el misionero y el educador se ven tentados a jugar el papel de los siervos de la parábola, que quieren arrancar en seguida la cizaña (v. 28). A menudo ostentan el cuchillo del ‘celo’ para aplicar el aut-aut (o-o). Jesús, el divino sembrador del buen grano, invita a tener más paciencia y misericordia, concede tiempo para la maduración, respetando los tiempos de Dios, el único juez que sabe lo que hay en el corazón humano.

Aun teniendo la fuerza incontenible del Evangelio (v. 31-32), la misión comienza siempre en situaciones de pequeñez y de fragilidad de cara a la fuerza poderosa del maligno. El misionero es, ciertamente, portador de una levadura capaz de renovar el mundo desde dentro (v. 33), pero actúa en los tiempos largos de la paciencia, de la escasa relevancia, de la derrota momentánea y de la tolerancia. Ya lo había prefigurado el libro de la Sabiduría (I lectura): oh Dios, “tu soberanía universal te hace perdonar a todos” (v. 16). Mientras los poderosos de la tierra a menudo se exceden y abusan del poder, Dios es siempre “poderoso soberano”, juzga con mansedumbre, nos gobierna “con gran indulgencia” (v. 18). El Dios cristiano manifiesta su omnipotencia sobre todo perdonando y usando misericordia. En efecto, Él otorga a sus hijos la “dulce esperanza” de que, tras el pecado, da “lugar al arrepentimiento”. Este es el estilo de Jesús, que el discípulo y el misionero asumen como programa de vida y de acción. (*)

El corazón humano es un campo de buen grano mezclado con cizaña, bajo la presión del maligno y los embates de la intolerancia. Necesitamos que el Espíritu (II lectura) venga en ayuda de nuestra debilidad (v. 26), nos sostenga en el tiempo de la coexistencia del bien y del mal, aliente nuestra esperanza y nos eduque según el corazón misericordioso de Dios (v. 27).

Palabra del Papa

(*) “No es el poder lo que redime, sino el amor. Este es el distintivo de Dios: Él mismo es amor. ¡Cuántas veces desearíamos que Dios se mostrara más fuerte! Que actuara duramente, derrotara el mal y creara un mundo mejor. Todas las ideologías del poder se justifican así, justifican la destrucción de lo que se opondría al progreso y a la liberación de la humanidad. Nosotros sufrimos por la paciencia de Dios. Y, no obstante, todos necesitamos su paciencia. El Dios, que se ha hecho cordero, nos dice que el mundo se salva por el Crucificado y no por los crucificadores. El mundo es redimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres”.
Benedicto XVI
Homilía en el solemne inicio del Pontificado, Roma, 24 de abril de 2005

Siguiendo los pasos de los Misioneros

20.  S. Apolinar (siglo II), mártir, primer obispo de Clase-Ravena, evangelizador de la región italiana de Emilia-Romaña.

°     S. Frumencio († ca. 385), natural del Líbano, evangelizador y fundador de la Iglesia católica en Etiopía, primer obispo de Axum (hoy en Eritrea); fue consagrado obispo por san Atanasio.

21. S. Lorenzo de Bríndisi (1559-1619), sacerdote franciscano capuchino, recorrió muchas regiones de Europa predicando el Evangelio y realizando misiones de reconciliación. Es doctor de la Iglesia.

°     S. Alberico Crescitelli (1863-1900), mártir, sacerdote italiano del Pontifico Instituto de las Misiones Extranjeras (PIME), misionero en China, asesinado atrozmente durante la rebelión de los bóxers.

°     Recuerdo de Albert John Lutuli (1898-1967), maestro sudafricano, gran guía tribal, político, pastor laico de una iglesia cristiana y predicador religioso. En su calidad de presidente general de African National Council (ANC), optó por la noviolencia activa contra el sistema del apartheid sudafricano. Forjó una compatibilidad filosófica entre las dos culturas: la zulú de su patria y la cristiano-democrática de Europa. Recibió el Premio Nobel de la Paz (1960) y el Premio por los Derechos Humanos (ONU) a título póstumo (1968).

22. S. María Magdalena, sanada por Jesús, le siguió hasta el Calvario; fue la primera en verlo resucitado y en anunciarlo a los apóstoles (cfr. Jn 20, 2.15-18).

°     B. María Inés Teresa Arias Espinosa (1904-1981), mexicana, fundadora de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento y de los Misioneros de Cristo para la Iglesia Universal, dos institutos para la evangelización ad gentes.

23. S. Brígida de Suecia (1302-1373), madre de familia, luego religiosa, mística y fundadora de la Orden del Santísimo Salvador; peregrinó a Tierra santa y a varios santuarios de Italia. Es copatrona de Europa.

°     B. Margarita María López de Maturana (1884-1934), religiosa española, fundadora de las Mercedarias Misioneras de Bérriz.

°     B. Basilio Hopko (1904-1976), mártir: obispo auxiliar greco-católico de Presov (Eslovaquia), encarcelado (1950-1964) y torturado bajo el régimen comunista.

24. S. Charbel Makhluf (José, 1828-1898), sacerdote y monje maronita del Líbano, luego ermitaño entregado a la oración y austeras privaciones. La devoción popular hacia este santo se ha extendido por doquier.

°     Bs. Juan Solórzano y Diego Martínez, mártires mercedarios; fueron entre los primeros misioneros españoles en el Nuevo Mundo. Solórzano, compañero y consejero de Cristóbal Colón, fue matado en la isla de Cuba; y Martínez en el Cusco (Perú, †1536).

°     SdD. P. Ezequiel Ramin (1953-1985), misionero comboniano italiano de Padua, asesinado en 1985 en Cacoal (Rondonia-MG, Brasil), después de haber realizado una misión de paz a favor de un grupo de campesinos que reclamaban justamente por sus tierras. En una carta a una clase de escuela primaria escribía: “Es hermoso soñar con hacer feliz a toda la humanidad. No es imposible”.

  1. Santiago Apóstol, hijo de Zebedeo como su hermano Juan; fue el primer mártir entre los Apóstoles (en los años 42-44) en Jerusalén, por orden de Herodes Agripa (cfr. He 12,1-2). Es patrono de España.

°     Bs. Rodolfo Acquaviva, italiano, y otros 4 jesuitas (Alfonso Pacheco, Pedro Berno, Antonio Francisco y Francisco Aranha), martirizados en 1583 en Salsette, cerca de Goa (India).

°     Aniversario de la I Conferencia general del Episcopado latinoamericano (Río de Janeiro, 1955) en la que se creó el CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano), con sede en Bogotá (Colombia). Las siguientes Conferencias generales fueron en Medellín (Colombia, 1968), Puebla (México, 1979), Santo Domingo (República Dominicana, 1992), Aparecida (Brasil, 2007). El CELAM coordina las 22 Conferencias Episcopales de América Latina.

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”

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