Viernes 4 de septiembre 2020
En Chad, un misionero que ha vivido en el país durante más de 53 años, ha creado un banco de cereales, que ha tenido mucho éxito. Hoy, 346 bancos forman una federación con hasta 35.000 miembros que benefician a 350.000 personas. El proyecto sigue creciendo allá donde la cosecha es más preciosa que el oro. [Jpic-jp.org]

“Nuestro propósito era crear los medios adecuados que la gente del pueblo necesita para hacer frente a la frecuente escasez de alimentos. Este es un objetivo que no siempre es posible alcanzar con ayudas y donaciones, porque solo es posible mediante el desarrollo agrícola”, dice el padre Franco Martellozzo, un jesuita italiano de 82 años que ha pasado los últimos 53 años en África.

Fue en el centro de Chad, en la diócesis de Mongo en 1984, cuando el padre Martellozzo se dio cuenta de lo urgente que era brindar una solución concreta para vencer el hambre, la pobreza y la usura. La agricultura tenía que ser el punto de partida y se crearon los ‘bancos de cereales’.

A lo largo de los años, esta estrategia resultó exitosa, tanto que hoy los 'Bancos de Cereales' forman una federación de 346 unidades con cerca de 35.000 miembros, beneficiando a 350.000 personas. Un centenar de pueblos más están en lista de espera o se están preparando para abrir sus propios bancos.

Los bancos que funcionan en la actualidad cubren un área de 500 kilómetros cuadrados de tierra árida, donde la sequía avanza notablemente debido en parte a la desertificación causada por el cambio climático.

Aquí se practica la agricultura de subsistencia, pero solo durante una temporada: este es el período del año en que la tierra se puede cultivar para producir mijo, sorgo y maní, gracias a las lluvias que caen de abril a septiembre. Octubre es época de cosecha, luego la tierra no rinde nada hasta el año siguiente.

Antes de abrir los ‘Bancos de cereales’, el tiempo durante el cual las familias corrían el riesgo de quedarse sin alimentos iba aumentando continuamente. Además, había el problema causado por el desequilibrio entre la oferta y la demanda que provocaba la especulación sobre los precios. Lo que pasaba era que todos los agricultores vendían gran parte de sus cereales al mismo tiempo, después de la cosecha, para ganar una pequeña cantidad de dinero que sirviera para sus necesidades (escuela, salud, ropa, etc.). Inundar el mercado de cereales significaba hacer bajar los precios en beneficio de los empresarios que compraban los cereales, los almacenaban y esperaban unos meses para venderlos después a un precio mucho más alto, incluso a los mismos agricultores, cuando se sus reservas se acababan.

No hace falta decir que las familias, sin reservas de alimentos, no podían recomprar sus productos a los altos precios impuestos por los comerciantes, sino endeudándose o vendiendo su ganado y arados, entrando a menudo en el círculo vicioso del reembolso de los intereses.

Para acabar con esto, el padre Martellozzo presentó la propuesta de crear un ‘Banco de cereales’. Nos cuenta: “Todo empezó con la construcción del primer galpón donde cada familia que se sumaba al proyecto depositaba parte de su cosecha, y esto creaba una reserva general. Durante el período de escasez, el agricultor recibía uno o dos sacos de los cereales almacenados, con el compromiso de devolver la misma cantidad ligeramente aumentada, después de la siguiente cosecha”.

En un principio, explica el misionero, no fue fácil transmitir la idea de 'devolver el préstamo', pero esto era fundamental ya que permitía “crear un stock de cereales para cubrir necesidades futuras y crear una nueva mentalidad".

El misionero sigue contando: “La devolución del préstamo no formaba en ningún modo parte de su mentalidad, ya que la idea era que todo lo dado por el gobierno, las ONG o la Iglesia Católica era un 'regalo'. Tuvimos reuniones para aclarar estos asuntos y se decidió establecer reglas claras y aplicables para quienes se beneficiarían de los préstamos. La gente abandonó rápidamente a los 'usureros' que vieron sus negocios colapsar lenta pero seguramente. Todo lo que podían hacer era observar lo que estaba sucediendo".

Hay que tener en cuenta que “el interés fijado en el 10% servía a cubrir los costos de almacenamiento y a ayudar a algunas personas pobres del pueblo que no eran socios del banco. En todo caso, este interés fue establecido por la asamblea general de agricultores y, perteneciendo al propio banco, le permitía a este, entre otras cosas, aumentar la cantidad de stock disponible y también el número de beneficiarios”.

Desafortunadamente, se usó el término ‘riba’ para este interés, lo que es contrario a la ley islámica. El asunto se puso tan serio que solicité una reunión de alto nivel con el diputado local. Entre los participantes estaban el Obispo, el Imán de la Mezquita Central con su secretario y representantes de todos los musulmanes de la zona. Después de una larga discusión, se llegó a la conclusión de que el 10% de interés no se podía definir como 'riba', sino como 'ciukka', que significa contribución espontanea".

Hoy, los ‘Bancos de cereales’ son una realidad consolidada, apreciada y necesaria para la economía local. Los resultados son evidentes y hay un claro reequilibrio de los precios de los cereales, una mejora de la productividad por el uso de máquinas tiradas por animales, una cuidadosa selección de semillas y una buena formación de los pequeños agricultores.

“Cuando pienso en todas las dificultades que encontramos, me parece un sueño: cualquier análisis técnico hubiera concluido que un proyecto así hubiera sido imposible y me sorprende que no se derrumbe a mi alrededor. Por lo tanto, soy todavía reacio a declarar la victoria final".

Sin embargo, los resultados son abundantes y es una señal de que, donde la gente se involucra y hay un compromiso personal, el éxito está asegurado.

Veas el original en inglés Chad: Cereal Banks