La viña tiene su cantor. El profeta Isaías dedica uno de sus más apasionados cánticos de amor a la viña de un amigo (I lectura). Se trata de una viña plantada con cariño, cuidada, protegida, mimada con gozo y esperanza (v. 1-2.4). Lamentablemente, la viña - es decir, el pueblo - ha sido infiel. En el momento de la vendimia, los frutos esperados chocan con decepciones y amarguras: agrazones en lugar de uva (v. 4); en vez de frutos de justicia y rectitud, el pueblo ha producido asesinatos y lamentos (v. 7). El drama de esa viña se vuelve, de hecho, en tragedia en la parábola de Jesús (Evangelio). Los labradores, además de adueñarse de la vendimia, se convierten en homicidas: apalean, apedrean y matan a los criados del dueño, e incluso a su hijo (v. 35-39).

Dar nuevo vigor a la Fe
Promover la Misión

Isaías 5,1-7; Salmo 79; Filipenses 4,6-9; Mateo 21,33-43

Reflexiones
La viña tiene su cantor. El profeta Isaías, llamado el “Dante de la literatura bíblica”, dedica uno de sus más apasionados cánticos de amor a la viña de un amigo (I lectura). Se trata de una viña plantada con cariño, cuidada, protegida, mimada con gozo y esperanza (v. 1-2.4). “La viña del Señor es su pueblo” (v. 7 y el salmo responsorial). Lamentablemente, la viña - es decir, el pueblo - ha sido infiel. En el momento de la vendimia, los frutos esperados chocan con decepciones y amarguras: agrazones en lugar de uva (v. 4); en vez de frutos de justicia y rectitud, el pueblo ha producido asesinatos y lamentos (v. 7). El drama de esa viña se vuelve, de hecho, en tragedia en la parábola de Jesús (Evangelio). Los labradores, además de adueñarse de la vendimia, se convierten en homicidas: apalean, apedrean y matan a los criados del dueño, e incluso a su hijo (v. 35-39).

La aplicación a los hechos de la muerte de Jesús es directa. Sin embargo, el amor de Dios a su pueblo supera cualquier maldad humana. Dios, que se ha insertado en la historia, da un sentido nuevo a los acontecimientos humanos: recupera la piedra - ¡Jesús! - desechada por los constructores y hace de ella la piedra angular (v. 42), es decir, la base de la salvación para todos los pueblos. Ahora el plan está claro: el que rechaza a Dios se autocondena a la infructuosidad; tan solo el que lo acepta y permanece en Él da mucho fruto. Porque sin Él no podemos hacer nada (Jn 15,5). Dios quiere obstinadamente nuestro bien, y, por tanto, no se desanima, no cede ante la decepción, no renuncia a los frutos. Lo intenta de nuevo tras cada rechazo: vuelve a proponer al mismo Salvador ante nuevos pueblos, para que, unidos a Él, den frutos de vida (v. 34.41.43).

La historia del anuncio del Evangelio en el mundo da cuenta de peripecias y cambios de pueblos que, en épocas sucesivas, acogieron o rechazaron el mensaje cristiano, con distintas consecuencias para bien o para mal. Ningún pueblo puede autodefinirse como mejor que los otros, o considerarse evangelizado de una vez por todas. El hecho del nacimiento, el florecer y luego la desaparición de numerosas comunidades en diferentes regiones del planeta, invita a hacer serias reflexiones misioneras. De muchas comunidades cristianas del Norte de África y de Asia Menor - aunque fueron fundadas por Apóstoles o guiadas por Padres de la Iglesia - nos quedan tan solo los nombres, unos restos arqueológicos y poco más. Mientras tanto, otros pueblos y continentes se han abierto al Evangelio y siguen dando frutos (en África, América, Asia, Oceanía...); mientras que algunos pueblos del Occidente cristiano, que en tiempos pasados eran fuertes en la fe, viven ahora situaciones de cansancio y caídas, con escasos frutos. ¿Cómo recuperar lozanía y vigor en la fe? He aquí el gran desafío para una eficaz acción misionera.

San Pablo, al escribir a los Filipenses (II lectura), habla a una comunidad que, en su momento, dio buenos frutos. Él enumera ocho frutos que es preciso cultivar y promover: lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, honorable, virtuoso, encomiable (v. 8), como garantía de paz con Dios y con los demás (v. 8-9). Son valores que invitan a pensar en positivo, y constituyen la base para los caminos de la Misión en el mundo, tales como: diálogo con las otras religiones, inculturación, diálogo ecuménico, promoción de la justicia, salvaguarda de la creación

Pablo recomienda estos frutos y valores a los cristianos de Filipos, la primera comunidad que él fundó en Europa durante su segundo viaje misionero (años 49-50); una comunidad con la cual estableció relaciones muy cariñosas. Los orígenes de esta comunidad ofrecen pautas misioneras interesantes. Después del concilio de Jerusalén (Hch 15), Pablo visitó nuevamente las comunidades de Asia Menor (que él había fundado el año anterior), nombró allí unos responsables y se puso a buscar nuevos campos de evangelización (Hch 16,6-7). Estando en Tróada (Asia Menor), tuvo la visión nocturna de un macedonio, que le abrió el camino hacia un mundo nuevo: “Pasa a Macedonia y ayúdanos” (Hch 16,9-10). El mar por delante era estrecho, pero el paso era muy significativo: para Pablo y sus compañeros esa fue la entrada al Imperio romano. Desde entonces la mirada de Pablo ya estaba puesta en Roma, la capital del Imperio.

Los comienzos de la comunidad de Filipos y la invitación del macedonio (“Pasa... y ayúdanos”) constituyen un hecho emblemático y un llamado misionero a las comunidades eclesiales de todo tiempo y lugar, para que acojan el grito - abierto o silencioso - de los muchos macedonios de hoy (personas, pueblos, situaciones, acontecimientos...). (*) Son temas permanentes, que exigen oración, reflexión y compromiso en el octubre misionero y en la fiesta misionera del DOMUND. Pero también después. ¡Siempre!

Palabra del Papa

(*) “Haber recibido gratuitamente la vida constituye ya una invitación implícita a entrar en la dinámica de la entrega de sí mismo: una semilla que madurará en los bautizados, como respuesta de amor en el matrimonio y en la virginidad por el Reino de Dios. La vida humana nace del amor de Dios, crece en el amor y tiende hacia el amor. Nadie está excluido del amor de Dios, y en el santo sacrificio de Jesús, el Hijo en la cruz, Dios venció el pecado y la muerte (cf. Rm 8,31-39). Para Dios, el mal —incluso el pecado— se convierte en un desafío para amar y amar cada vez más (cf. Mt 5,38-48; Lc 23,33-34). Por ello, en el misterio pascual, la misericordia divina cura la herida original de la humanidad y se derrama sobre todo el universo. La Iglesia, sacramento universal del amor de Dios para el mundo, continúa la misión de Jesús en la historia y nos envía por doquier para que, a través de nuestro testimonio de fe y el anuncio del Evangelio, Dios siga manifestando su amor y pueda tocar y transformar corazones, mentes, cuerpos, sociedades y culturas, en todo lugar y tiempo”.
Papa Francisco
Mensaje para el Domingo Mundial de las Misiones – DOMUND - 2020

Siguiendo los pasos de los Misioneros

  1. S. Francisco de Asís (1182-1226), patrono de Italia, enamorado de Cristo pobre, del prójimo y de la Creación, fundador de los Franciscanos. Envió grupos de frailes a evangelizar en diferentes lugares y él mismo fue a Damietta (Egipto, 1219), para anunciar pacíficamente el Evangelio al sultán al-Malik al-Kāmil. Es un fecundo inspirador de nuevas asociaciones de vida consagrada y apostólica, grupos laicales cristianos y no cristianos, asociaciones por la paz, la fraternidad y el cuidado de la Creación.

°     B. Francisco Javier Seelos (1819-1867), sacerdote redentorista alemán, misionero en varias regiones de los EE.UU., falleció por fiebre amarilla en New Orleans (Luisiana).

°     Recuerdo de Carlos Carretto (1910-1988), laico italiano, educador, militante en la Acción Católica juvenil. En 1954 entró a formar parte de los Pequeños Hermanos de Jesús, en Argelia; después de diez años de oración, silencio y trabajo en el desierto del Sahara, fundó en Spello (cerca de Asís) un centro de oración y vida eremítica. Es autor de numerosos libros de espiritualidad cristiana.

  1. Ss. Froilán († 905) y Atilano († 916), obispos españoles de León y de Zamora, respectivamente; abandonaron la vida eremítica para dedicarse a evangelizar las regiones liberadas del dominio de los árabes musulmanes.

°     S. Faustina Kowalska (1905-1938), religiosa polaca, destinataria de especiales revelaciones de Jesús sobre la “Divina Misericordia”, un mensaje y una devoción que han tenido una rápida difusión a nivel mundial, atrayendo a muchas personas hacia Cristo.

°     Recuerdo de Annalena Tonelli (1943-2003), laica misionera italiana en Kenia y Somalia durante 30 años; fue asesinada en Borama (Somalia), por un desconocido somalí perteneciente a una célula terrorista. Escribió: “Desde niña he escogido vivir para los demás: los pobres, los abandonados, los que sufren, los que nadie ama”; - “He escogido la pobreza radical”; - “Un día el bien triunfará”.

°     Concesión del Premio Nobel de la Paz (2018) a Denis Mukwege y a Nadia Murad, por “sus esfuerzos en poner fin a la violencia sexual como arma en las guerras y en los conflictos armados”. - Mukwege (n. en Bukavu en 1955), ginecólogo, ha curado a varios miles de mujeres víctimas de soldados y de rebeldes en la R. D. de Congo. - Nadia Murad (n. en Kocho, norte de Irak en 1993), una de las 6.700 mujeres yazide (de la etnia kurda), capturadas por el grupo terrorista islámico ISIS, es ahora activista por los derechos humanos y primera embajadora de la ONU por la dignidad de las personas que han sobrevivido a la trata.

  1. S. Bruno (1030-1101) sacerdote alemán de Colonia, profesor de teología durante 18 años en Reims (Francia), luego ermitaño. En 1084 fundó cerca de Grenoble (en los Alpes franceses) la “Grande Chartreuse” (Gran Cartuja o Certosa), de donde los nombres de “cartujos”, o “certosini”, Orden de vida monástica tanto eremítica como cenobítica. En sus últimos años, Bruno fue llamado por el Papa a Roma como su consejero para encargos especiales. Murió en Sierra San Bruno (Calabria), después de haber fundado allí otros dos monasterios.
  2. Fiesta de Nuestra Señora del Rosario. La popular oración del rosario ayuda a revivir los misterios de Cristo y de María, en sintonía con las alegrías, los dolores, los problemas y las esperanzas del mundo entero.

°     Aniversario del nacimiento de Desmond Tutu (1931), teólogo sudafricano, arzobispo anglicano emérito de Ciudad del Cabo, activista contra el sistema del apartheid y a favor de los derechos humanos. Recibió el Premio Nobel de la Paz (1984), el Premio Pacem in Terris (1987) y otros galardones internacionales.

 

8.   S. Juan Calabria (1873-1954), sacerdote de Verona, nacido en una familia pobre; fundó a los Pobres Siervos de la Divina Providencia y a las Pobres Siervas, para asistir a huérfanos, marginados, enfermos, con el programa de buscar primero el Reino de Dios y su justicia, confiando totalmente en la Providencia del Señor (cfr. Mt 6,33). Decía: «El enfermo es, después de Dios, nuestro verdadero patrón».

9.   S. Luis Beltrán (1526-1581), sacerdote dominico español, misionero en Colombia, donde evangelizó a los pueblos indígenas y los defendió de los opresores.

°     S. Juan Leonardi (1541-1609), fundador de los Clérigos Regulares de la Madre de Dios. Junto con el prelado J.B. Vives, fundó, en Roma, una escuela para futuros misioneros ad gentes, primer núcleo del Colegio de Propaganda Fide (1627).

°     S. John Henry Newman (1801-1890), filósofo y teólogo inglés, convertido del anglicanismo y luego cardenal. Fundó el Oratorio de San Felipe Neri en Inglaterra. La liturgia lo recuerda hoy en el aniversario de su conversión a la fe católica (1845). Algunos de sus lemas eran: «La santidad ante todo» - «El corazón habla al corazón».

 

°     Ven. Pío XII (Eugenio Pacelli, 1876-1958; Papa: 1939-1958), operador de paz durante la Segunda Guerra Mundial; su vasto e iluminado magisterio pontificio, oral y escrito, ofreció abundante material para los documentos del Concilio Vaticano II. Con la encíclica Fidei donum (1957) lanzó un fuerte llamado a favor de las misiones, especialmente en África, invitando a participar en ellas también al clero diocesano.

10. S. Daniel Comboni (1831-1881), primer obispo-vicario apostólico de África Central; elaboró un Plan para “salvar a África por medio de los africanos” (1864); fundó dos institutos, uno para misioneros y otro para misioneras (véase 1/6). Murió en Jartum (Sudán), a la edad de 50 años. Su lema era: “¡África o muerte!”. Juan Pablo II lo proclamó beato (1996), santo (2003), e «insigne evangelizador y protector del continente negro».

 

°     Concesión del Premio Nobel de la Paz 2014 a Kailash Satyarthi, activista indio (n. en 1954), que lucha por los derechos de los niños y de los jóvenes; - y a la joven pakistaní, Malala Yousafzay (n. en 1997), quien fue herida gravemente con proyectiles en la cabeza (2012) por los talibanes, contrarios a su lucha a favor de la instrucción de las niñas.

°     En Asís Beatificación del Ven. Carlos Acutis, adolescente quinceañero, modelo de santidad juvenil.

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.comboni.org   “Palabra para la Misión”

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