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Eritrea: una “Corea del Norte africana”

Lunes, 13 de noviembre 2017
«Eritrea es el País con menos libertad en el mundo». Y quien lo afirma no es un opositor del presidente Isayas Afeworki ni tampoco una declaración del odiado gobierno etíope, sino un documento oficial de las Naciones Unidas. El informe, fruto del trabajo de una Comisión de investigación sobre los derechos humanos que ha examinado los testimonios de 550 eritreos y ha visionado 160 escritos (pero a la que le han impedido entrar en el Estado), acusa al gobierno eritreo de «sistemáticas, difusas y graves violaciones de los derechos humanos», entre los cuales torturas, violencias sexuales, desapariciones y trabajos forzados. Eritrea es definida como una «Corea del Norte africana» en la cual no existen instituciones y procesos democráticos, la libertas de prensa es inexistente, el servicio militar es a tiempo indefinido y las relaciones con todas las naciones cercanas son pésimas. ¿Pero cómo se ha llegado a esto? La situación actual tiene sus orígenes en la historia del país. [Fides]

Eritrea, antigua colonia italiana, después del período del protectorado británico (1941-1952), en un primer momento se federo y luego se anexo a la vecina Etiopía (entonces gobernada por el negus Hailè Selassie). A partir de la década de 1960, los eritreos, cada vez menos contentos con el control etíope, lanzaron una guerra de independencia que duró treinta años. El espíritu nacional se forjó en esta lucha. Los esfuerzos de los milicianos en el campo se unieron con los de los eritreos en la diáspora que recaudaban fondos y trabajaban para encontrar apoyo internacional. Entre los diversos movimientos, en los años setenta emergió el Frente de Liberación del Pueblo de Eritrea (Eplf). Su líder, Isayas Afeworki, asumió una línea marxista, pero independiente del bloque soviético que, en esos años, apoyaba a Etiopía (en el ínterin el imperio negussita había caído y, en su lugar, nació una república popular). La guerra continuó hasta 1991, cuando Mengistu Hailè Mariam, el líder de Etiopía, renunció y huyó. El Fple aliado con una franja de la resistencia etíope, tomó el control del territorio, y en 1993, a través de un referéndum celebrado en el marco de la ONU, Eritrea se independizó.

«Cuando Eritrea se hizo independiente - recuerda un italiano que desde los años Sesenta apoyaba a los rebeldes eritreos – pensábamos que se transformaría en una nueva Sudáfrica y que Isayas Afeworki se convertiría en su Nelson Mandela. Nunca antes nos habíamos equivocado tanto». En los primeros años, Eritrea estaba llena de entusiasmo. Muchos ciudadanos de la diáspora regresaron al país para invertir en actividades y vivir en su patria. El Eplf, movimiento guerrillero, se transformó en Frente popular para la democracia y la justicia (Pfdj) y se institucionalizó. Se inició a hablar de democracia y de una nueva Constitución. De hecho en 1997 se redacto una nueva Carta constitucional pero nunca llego a entrar en vigor. Sobre todo porque en le país soplaban vientos de guerra. Etiopía y Eritrea, pacificadas después de la independencia de Asmara y la salida del poder en Addis Abeba de un gobierno con mayoría tigrina, volvieron a mirarse recíprocamente con recelos.

Nuevas tensiones

Las tensiones nacieron debido a la falta de un acuerdo comercial. Luego basto una disputa fronteriza para que se encendiera el conflicto. El enfrentamiento duró de 1998 a 2000. 150,000 soldados eritreos y etíopes perdieron la vida. La solución de la disputa fronteriza fue asignada a una comisión independiente de la ONU. La Eritrea-Ethiopia Boundary Commission finalizó su investigación en 2002, estableciendo que la ciudad en disputa, Badme pertenecía a Eritrea. Sin embargo, el gobierno etíope nunca retiró su ejército de la ciudad. Por lo que la tensión entre los dos países, continúo siendo muy alta en los años siguientes.

El difícil clima con Etiopía ha sido funcional en el poder de Isayas. El presidente, usando como escusa el aislamiento sufrido por parte de los poderes hostiles y la imposibilidad de introducir un sistema democrático, usó cada vez más los métodos de represión de quienes criticaban al régimen. En 2001, un grupo de 15 miembros del Pfdj le envió una carta pidiendo reformas democráticas, la aplicación de la Constitución y elecciones. La carta tuvo eco en los medios nacionales e internacionales. Isayas respondió con fuerza. Once de los 15 firmantes fueron arrestados, tres encontraron refugio en el extranjero y uno se retractó. De los once arrestados, no se ha vuelto a saber nada. A falta de una constitución, el sistema institucional se derrumbó. El poder judicial fue confiado a los jueces militares en su rama penal y a los tribunales comunitarios en su rama civil. Pero ambos permanecieron bajo el estricto control del gobierno. Los nuevos códigos penales y civiles no se aplicaron. El parlamento, monopolizado por el Pfdj, no funcionaba. Los medios, el pilar de cualquier democracia, fueron cerrados. A día de hoy no existen medios de comunicación privados en Eritrea, y los únicos existentes están bajo el control del partido político dominante. La represión es muy dura.

Los problemas para las comunidades religiosas

Las diferentes confesiones religiosas también sufren una creciente interferencia en sus actividades por parte de la autoridad política. Oficialmente, Eritrea es un estado secular en el que la práctica religiosa es un asunto que queda limitado a la conciencia individual. De hecho, desde la fundación, el Eplf y luego el Pfdj están dominados por líderes cristianos ortodoxos que siempre han tenido relaciones desagradables con la parte musulmana. Por ello, desde los primeros días después de la independencia, muchos musulmanes han sido arrestados acusados de ser yihadistas que ponen en peligro la seguridad del país. A lo largo de los años, muchos imanes y líderes de comunidades islámicas también han sido encarcelados, acusados de ser culpables de criticar al gobierno. El mismo destino afecta a los testigos de Jehová y a las comunidades pentecostales. En 2002, todas las confesiones religiosas fueron prohibidas a excepción del Islam sunita, la Iglesia católica, los ortodoxos y los luteranos. Pero incluso la Iglesia Ortodoxa ha sufrido fuertes presiones. En 2007, el Patriarca Abuna Antonios se ve obligado a dimitir y es puesto en arresto domiciliario por criticar al régimen.

Solo la Iglesia Católica logra mantener un rol de autonomía. En 2014, los cuatro obispos publicaron una Carta Pastoral en la que denunciaban el estado crítico de la sociedad, causa principal de la huida de los jóvenes del país. En el documento, los obispos enumeraban los graves problemas a los que se enfrentan los eritreos, principalmente la fragmentación de familias cuyos miembros están dispersos debido al largo servicio militar o porque están encarcelados. Como resultado, las personas mayores se ven abandonadas a sí mismas. «Todo esto crea un país desolado», denunciaba la carta pastoral.

Un país aislado

El servicio militar armado es el tributo que el país debe pagar a la agresiva política exterior del gobierno de Asmara. Desde el años Dos mil, todos los jóvenes de 17 años interrumpen sus estudios y deben enrolarse en el ejercito «por tiempo indefinido». En los centros de entrenamiento predomina la violencia de los oficiales. La mayoría de los jóvenes se ven obligados a trabajar en las fincas de los generales o en el mantenimiento de las instalaciones públicas. Ante esta situación, los chicos tratan de escapar. Muchos de ellos dependen de redes de traficantes en connivencia con oficiales corruptos (especialmente los generales). Las estadísticas de las organizaciones internacionales hablan de 2-3,000 chicos que salen de Eritrea cada mes. Quizás se trata de datos sobre estimados, pero es cierto que el flujo de chicos es continuo.

Eritrea es un país aislado. Desde 2006, los Estados Unidos han impuesto sanciones a Asmara por el apoyo que brinda a las milicias somalíes en Shabaab. Con Etiopía continúan las tensiones que, periódicamente, provocan enfrentamientos armados. La breve guerra con Djibouti en 2013 también ha creado tensión con este pequeño estado. Tensión que aún no se ha desvanecido. Para salir de este aislamiento, Eritrea ha adherido a la coalición saudita que lucha en Yemen contra los rebeldes Houti. Asmara concede sus puertos como base logística para los barcos de Arabia Saudita y de los Emiratos Árabes Unidos. En 2014, aceptó asistir a las reuniones de Karthoum en las que la Unión Europea hizo un llamamiento a los países del este de África para contener los flujos migratorios a cambio de ayuda financiera. Sin embargo, el país permanece cerrado a cualquier influencia externa. Tanto como para negar el acceso a la ayuda internacional ante la reciente sequía. ¿Cuál será su futuro? Difícil de decir. El riesgo es que el estado colapse, dejando para sus ciudadanos solo los escombros de un sueño.
[Fides]