Miércoles, 16 de septiembre de 2026
El domingo 13 de septiembre, un grupo de combonianos de las comunidades de Viseu, Lisboa y Famalicão viajó hasta la aldea montañosa de Dornelas do Zêzere, en la diócesis de Coimbra, para hacer memoria de la vida y vocación del hermano Joaquim Gaspar Cebola.
El hermano Gaspar, como era generalmente conocido entre nosotros, falleció en el entonces Zaire, hoy República Democrática del Congo, hace 47 años, el 16 de septiembre de 1979, a causa de malaria cerebral. Había llegado a aquel país africano apenas dos años antes.
Un misionero sereno y luminoso
Si estuviera vivo, el hermano Gaspar habría celebrado las bodas de oro de su Profesión Perpetua, realizada junto con los hermanos Alfredo do Rosário y Humberto Rua en la Capilla del Milagro, en Santarém, el 15 de agosto de 1976, fiesta de la Asunción de Nuestra Señora.
Después de la formación básica en Portugal, España e Italia, estudió en la Escuela Comercial e Industrial de Viseu, mientras trabajaba como formador de los candidatos a Hermanos Combonianos. Siempre tenía una actitud serena y luminosa.
Después de aprender francés en París, partió hacia Zaire en 1977 y fue destinado a Isiro. Tenía una especial aptitud para trabajar con los jóvenes. Trabajaba en el taller mecánico de la misión y dinamizaba a la juventud, sobre todo mediante el deporte.
Según cuentan sus hermanos de comunidad, su testimonio permaneció después de su muerte y su tumba despertaba devoción. Una devoción que todavía hoy comparte la familia, que lo invoca en los momentos más difíciles.
Un sencillo homenaje
El homenaje tuvo lugar durante la Misa parroquial de Dornelas do Zêzere y fue presidida por el Superior Provincial, padre José Rebelo. Los dos párrocos de origen angoleño no pudieron estar presentes: uno se encontraba de vacaciones en Angola y el otro aprovechó la ocasión para celebrar la Eucaristía en las demás aldeas que tiene a su cargo.
Durante la homilía, el padre Rebelo habló, como sugerían las lecturas del día, del perdón y de cómo «es la única manera de ser buenos con nosotros mismos, de experimentar la paz y la alegría»; y de cómo «cuando no conseguimos perdonarnos, bloqueamos el perdón y el amor sanador de Dios».
Recordó la experiencia común según la cual «perdonar no es fácil, especialmente cuando la herida es muy profunda y los sentimientos están heridos». Por eso, «el perdón es una elección y muchas veces implica un proceso, que necesita tiempo, oración y esfuerzo. Lo que se nos pide es comenzar la sanación mediante el perdón como un acto de la voluntad».
Después de la oración conclusiva, el padre Rebelo presentó brevemente a los diez combonianos presentes. A continuación, el padre Manuel Augusto recordó dos momentos de encuentro con el hermano Gaspar: cuando el Provincial le pidió que llevara a su madre la noticia de su fallecimiento, y cómo ella recibió la triste noticia con un dolor contenido; y cuando, pagado por el periódico Expresso, con el que colaboraba en aquella época, tuvo la oportunidad de visitar el Congo, conocer su trabajo en Isiro y constatar su entusiasmo.
El hermano mayor, en su intervención en nombre de la familia, recordó lo que pudo haber sido el origen de la vocación misionera, comboniana – y mecánica – del hermano Gaspar.
El coche del promotor vocacional comboniano, después de una visita a la Escuela Primaria de Dornelas do Zêzere, se averió al atravesar el río y tuvo que ser remolcado por una pareja de bueyes. El misionero acabó quedándose en la aldea hasta que el coche fue reparado, y el joven Joaquim debió de ver en aquello una señal de que tenía que estudiar mecánica para la misión.
La celebración eucarística fue seguida de un almuerzo en un restaurante de referencia en la cercana aldea de Janeiro de Cima, que reunió a los misioneros y a la familia, a quienes expresamos nuestro afecto y gratitud por esta ocasión de convivencia y animación misionera.
Padre José Rebelo, mccj