Viernes, 16 de octubre de 2026
El 10 de octubre de 2026, en la Casa Madre de los Misioneros Combonianos, en Verona, concluyó la fase diocesana de la investigación sobre la persistente fama de santidad y de signos del Siervo de Dios, Mons. Antonio Maria Roveggio.
La celebración de la misa, en la solemnidad de san Daniel Comboni, fue presidida por el P. Pietro Ciucculla, superior provincial. Entre los concelebrantes se encontraban el obispo emérito de Goroka, Papúa Nueva Guinea, el misionero del Verbo Divino Mons. Francesco Sarego, natural de Cologna Veneta; Mons. Rino Parrigato, antiguo nuncio apostólico en Portugal; el P. Sindjalim Essognimam Elias, en representación del Consejo General del Instituto, y numerosos cohermanos.
Tras la celebración, se pasó directamente al acto jurídico formal. En su discurso introductorio, el postulador general, P. Cosimo De Iaco, subrayó que este acto no era una mera formalidad prevista por el derecho canónico. Se trataba de un acontecimiento de gracia para la diócesis de Verona, la Familia Comboniana y toda la Iglesia.
Los testimonios y documentos examinados durante esta fase de la investigación han confirmado que la santidad de Mons. Roveggio no se ha desvanecido con el paso de los años, sino que sigue brillando como un faro de esperanza y de entrega total.
El misterio del Corazón traspasado de Jesús, Buen Pastor, que había inflamado el corazón de san Daniel Comboni, encendió también el corazón de Mons. Roveggio con el mismo amor y la misma entrega a los pueblos de África Central.
Nota biográfica
Antonio Maria Roveggio nació en Cologna Veneta (Verona) el 23 de septiembre de 1858. Siendo un joven sacerdote de la diócesis de Vicenza, ingresó en el instituto misionero fundado en Verona por san Daniel Comboni en 1867.
Tras emitir su profesión religiosa, partió hacia Egipto, donde, en diciembre de 1890, se convirtió en director de la Colonia Antiesclavista León XIII, en Gesira, y superior de la comunidad.
En 1895, con tan solo 37 años, fue nombrado vicario apostólico de África Central. Consagrado obispo en Verona el 21 de abril, eligió para su escudo episcopal el lema In Omnibus Caritas (La caridad en todas las cosas).
Cinco años más tarde, en enero de 1900, pudo llegar finalmente a Omdurmán, Sudán. Desde allí organizó dos expediciones misioneras hacia el corazón de África. A bordo del Redemptor, navegando por las aguas del Nilo, visitó numerosos pueblos, entre ellos los shilluk, dinka, anuak, nuer y otros.
Fundó la misión de Lui en 1900 e intentó, sin éxito, llegar a Uganda. Agotado por las enfermedades y las adversidades, se vio obligado a regresar a Jartum. Murió en Berber, el 2 de mayo de 1902, a la edad de tan solo 43 años, mientras viajaba en tren hacia Egipto.
Cinco razones significativas
A la luz de esta vida misionera breve, pero intensa, el postulador señaló cinco razones que hacen que esta causa sea significativa y actual, no solo para los misioneros y las misioneras combonianos, sino también para las comunidades cristianas de Vicenza y Verona, así como para las de Egipto y Sudán, por las que entregó su vida.
Son como los rayos de una estrella que esperamos que pronto pueda brillar en el firmamento de los beatos y santos de la Iglesia, iluminando la vida y la acción evangelizadora de la Iglesia. Estas razones son: la solidaridad humana y cristiana con los pobres y explotados; la primacía de la vida interior y de la oración; la comunión y la corresponsabilidad en la acción misionera; el Corazón de Cristo, fuente de la misión; y, por último, la firme esperanza en el futuro de la misión.
Mons. Roveggio nos enseña que la misión da fruto únicamente cuando se vive como una consagración total de uno mismo a Dios y a los más pobres; cuando se lleva a cabo con caridad y humildad, y cuando se alimenta de la oración y de proyectos audaces.
Durante sus históricos viajes por el río Nilo, a bordo del Redemptor, Mons. Roveggio no buscaba otra cosa que encontrarse con los pueblos lejanos de África Central, movido por la urgencia de anunciarles el Evangelio de Jesucristo.
Aunque breve en el tiempo, su ministerio fue inmenso en caridad, fortaleza de espíritu y obediencia filial a la Iglesia. Supo hacerse «todo para todos», afrontando duras fatigas, enfermedades y aislamiento con la fuerza de la fe y la certeza de que África salvaría a África. Cansado, pero animado por una firme esperanza, expresó esta convicción con las palabras del salmo 126: «Estoy contento de sembrar entre lágrimas para que otros recojan con alegría».
Lectura del acta y agradecimientos
Tras la introducción, y con el fin de fundamentar la validez de una causa iniciada hace ya mucho tiempo, en 1952, se dio lectura al acta de la sesión conclusiva. A continuación, todos los miembros del tribunal diocesano firmaron los documentos y el canciller episcopal selló los sobres que contenían el original y las copias autenticadas. El P. De Iaco, encargado de llevar la documentación al Dicasterio para las Causas de los Santos, prestó y firmó el juramento correspondiente.
Concluido este procedimiento, el postulador expresó su más sincero agradecimiento a Mons. Domenico Pompili, ausente en aquella ocasión, por haber acogido y promovido la reapertura de la causa; al delegado diocesano, Mons. Tiziano Bonomi, por su compromiso generoso, constante y competente; al promotor de justicia, al notario y a todos los oficiales del Tribunal Eclesiástico de Verona por haber puesto su tiempo y sus conocimientos al servicio de la causa de manera totalmente gratuita, trabajando con rigor científico y pasión eclesial.
Extendió asimismo su agradecimiento a los miembros de la comisión histórica y a los censores teológicos por los informes presentados; al profesor Giancarlo Volpato por su biografía de Mons. Antonio Maria Roveggio, reconstruida con gran precisión documental; y al P. Arnaldo Baritussio, su predecesor en el cargo de postulador general de los Misioneros Combonianos.
Al Dicasterio
La causa pasa ahora al Dicasterio para las Causas de los Santos, en Roma, al que se entregará toda la documentación, con la oración de que el Señor quiera glorificar pronto a este siervo fiel suyo, ofreciendo a la Iglesia universal un modelo luminoso de pastor y misionero, capaz de inspirar todavía hoy nuevas vocaciones y de inflamar los corazones para anunciar el Reino.
El P. Ciucculla, superior provincial, tomó entonces la palabra para agradecer al alcalde de Cologna Veneta, a las autoridades civiles y a todos los presentes.
Por último, el P. Sindjalim, consejero general, en nombre de los Misioneros Combonianos y como africano, agradeció a las Iglesias de Vicenza y Verona haber dado a África dos apóstoles ilustres: san Daniel Comboni y el Siervo de Dios, Mons. Antonio Maria Roveggio.
P. Cosimo De Iaco, mccj
Postulador general