Martes, 20 de octubre de 2026
«¡El lunes 19 de octubre de 2026 reabre la escuela primaria del Comboni College de Jartum!». Este fue el anuncio realizado por el padre Diego Dalle Carbonare, superior provincial de Egipto-Sudán, el sábado 17 de octubre, en el espléndido marco de la iglesia de San Cristo, conocida comúnmente como la Capilla Sixtina de Brescia. La ocasión fue la ceremonia de entrega del Premio «Cuore Amico», definido como el «Nobel de los misioneros».
El premio, promovido por la Asociación Cuore Amico Fraternità ETS en el marco de las iniciativas vinculadas a la Jornada Mundial de las Misiones, se concede cada año a tres misioneros —un sacerdote, un religioso o una religiosa, y un laico o una laica— y consiste en una placa conmemorativa y una contribución económica destinada a apoyar sus proyectos.
Los galardonados de la 36.ª edición (2026) son el padre Diego Dalle Carbonare, por Sudán, comprometido con la rehabilitación y reapertura del Comboni College de Jartum; la hermana Beatrice Loda, por las islas Vanuatu, en Oceanía, para la reconstrucción del Foyer Nabanga, destruido por el terremoto de 2024; y la laica Stefania Cremaschini, por Perú, que apoya la asistencia sanitaria mediante el suministro de medicamentos y la adquisición de equipos médicos, entre ellos dos ecógrafos y equipos para el laboratorio de análisis clínicos.
El premio pretende dar visibilidad a las numerosas iniciativas de la Asociación y poner en valor el compromiso evangelizador de la Iglesia, que se manifiesta a través del anuncio del Evangelio y de la caridad, como auténtico servicio a la persona. De este modo, los proyectos apoyados se convierten también en espacios de evangelización, capaces de devolver la confianza y la esperanza.
En sus intervenciones, los tres galardonados contaron cómo el camino misionero ha sido para cada uno de ellos una auténtica escuela de vida: precisamente las personas a las que han acompañado y cuidado se han convertido en maestras de humanidad y espiritualidad. Junto con su gratitud, todos expresaron su sorpresa y alegría por el reconocimiento recibido.
Sus proyectos tienen un objetivo común: generar esperanza a través de la protección de la salud, la educación y la formación escolar.
Fue especialmente impactante el testimonio del padre Dalle Carbonare, quien recordó la dramática situación de los niños sudaneses, muchos de los cuales no han podido asistir a la escuela durante tres años. «La escuela —subrayó— es el verdadero antídoto contra la guerra».
El conflicto en Sudán alimenta las divisiones étnicas, religiosas y sociales: entre árabes y negros, cristianos y musulmanes, ricos y pobres. En la escuela, en cambio, especialmente entre los niños, estas diferencias pueden superarse: se comparten juegos, comida, alegrías y sufrimientos.
Sudán vuelve a empezar por la escuela. De hecho, las inscripciones para el nuevo año escolar son mucho más numerosas de lo que se esperaba: una señal concreta de confianza en el futuro.
Los numerosos asistentes a la ceremonia acogieron los testimonios de los tres misioneros y la entrega del premio con aplausos intensos y prolongados.
P. Gaetano Montresor, mccj