Miércoles, 21 de octubre de 2026
Las comunidades católicas de la vasta región de Haat, dispersas por la zona húmeda y remota del condado de Ayod, en Sudán del Sur, recibieron la visita de un misionero después de casi un año y medio. El diácono James Komakech comparte la crónica de los doce días de su misión en esta región, con motivo de la celebración de la solemnidad de san Daniel Comboni.
Fui a Haat para celebrar los sacramentos con las comunidades católicas de esta remota región, compartir sus vidas y dar testimonio del espíritu misionero de san Daniel Comboni, que sigue vivo entre el pueblo nuer-gawar.
Tres días en canoa
El 2 de octubre, partí junto con nuestro catequista de mayor edad, Musa Gatjang, vicepresidente del consejo parroquial. El viaje desde Paguir, actual sede de la parroquia, hasta la región de Haat duró tres días y lo realizamos en una canoa tradicional. Nos acompañaban Stephen Kueth y James Leer Gai, miembros de la región de Haat, así como Peter Buoth y James Ruot, catequistas responsables de los dos centros principales de la zona, Diit y Haat.
Viajar durante horas y horas en una canoa local, atravesando inmensas extensiones de agua, fue toda una aventura. Nos encontramos con cocodrilos, varanos, hipopótamos e innumerables especies de peces, grandes y pequeños. Nuestros experimentados barqueros conocían bien cómo navegar por las fuertes corrientes del Nilo Blanco. Además, con frecuencia eran capaces de identificar a los animales que se movían en las aguas cercanas a nosotros.
Pasamos nuestra primera noche en el centro de Toch, en la capilla de San Pedro y San Pablo. Al día siguiente, 3 de octubre, continuamos nuestro viaje hasta la capilla de Gangnyang, perteneciente al centro de Nyadin, donde pasamos la noche. El domingo, 4 de octubre, celebramos una hermosa liturgia con la pequeña comunidad local.
Por la tarde, reanudamos el viaje y pasamos la noche con otra comunidad católica en Kotjaths. A las tres de la madrugada del 5 de octubre, volvimos a navegar y llegamos a la región de Haat, alcanzando hacia el mediodía la capilla de San Pedro, en Menime Pomb.
Este largo recorrido nos recordó las dificultades geográficas que afrontan estas comunidades, pero también la determinación y la fe que las sostienen.
La fe viva entre los nuer-gawar
El 6 de octubre, en la capilla de San Pedro, en Menime Pomb, bauticé a cuatro niños y bendije su iglesia, recientemente construida con techo de hierba seca. Al día siguiente, 7 de octubre, en la capilla de Santa María, en Lingiri, otros dieciséis niños recibieron el bautismo y se bendijo la nueva capilla.
Algunos miembros de la Iglesia presbiteriana local se unieron a nosotros en una enriquecedora oración ecuménica, expresando el espíritu de unidad y fraternidad cristianas.
El 9 de octubre, viajamos en canoa hasta la capilla de San Pedro y San Pablo, en Pakuem, perteneciente al centro de Diit, para preparar la fiesta de san Daniel Comboni.
El 10 de octubre, hombres, mujeres y jóvenes procedentes de los distintos centros y capillas se reunieron para una colorida celebración llena de danzas tradicionales, tambores, cantos y alegres expresiones de fe. Durante la celebración, 77 niños y adultos recibieron el bautismo.
Mujeres, jóvenes y desarrollo comunitario
El programa pastoral también incluyó actividades prácticas destinadas a fortalecer la vida comunitaria. El grupo de mujeres aprendió a elaborar jabón líquido multiusos, mientras que el grupo Com-María aprendió a confeccionar rosarios misioneros utilizando los materiales que yo había llevado.
El domingo 11 de octubre, bendije la recién construida capilla de San Pedro y San Pablo, en Pakuem, con su techo de hierba seca, y presidí la liturgia dominical. Por la tarde, junto al río, en un hermoso entorno verde, grabamos en vídeo seis canciones católicas en lengua nuer, interpretadas por el coro juvenil local.
Vestidos con atuendos de vivos colores, los jóvenes cantaron con entusiasmo, acompañados por tambores tradicionales y alegres ululaciones que resonaban por todo el pueblo. No disponen de teclado electrónico. El coro utiliza instrumentos tradicionales que hacen que las celebraciones sean animadas y culturalmente enriquecedoras.
La visión de san Daniel Comboni
Las numerosas asambleas reunidas para las celebraciones y los 97 bautismos constituyen un poderoso signo de esperanza y del crecimiento continuo de la Iglesia católica en esta remota región, incluso en ausencia de un sacerdote o un diácono.
A pesar de las extensas inundaciones y de la persistente crisis política en Sudán del Sur, estas personas siguen siendo ricas en fe, hospitalidad, resiliencia y amor. Aunque, debido a las enormes distancias, quizá solo puedan recibir la visita de un misionero una vez al año, sus comunidades cristianas permanecen bien organizadas y firmes en la fe.
En ausencia de un ministro ordenado, los catequistas dirigen las oraciones, organizan la catequesis y colaboran con los comités eclesiales locales para mantener viva la vida comunitaria. Su compromiso refleja la visión de Comboni, que promovía el protagonismo de las poblaciones locales para que fueran artífices de su propia evangelización y desarrollo.
Sin embargo, pude comprobar que el acceso a las escuelas y los hospitales sigue siendo un desafío importante.
De Fangak a Kajo-Keji
Para mí, esta misión fue mucho más que una simple visita pastoral: fue un camino de fe, esperanza y solidaridad. Para muchas personas, supuso su primer encuentro con un misionero comboniano de Sudán del Sur. Su alegría y entusiasmo me conmovieron profundamente. Su hospitalidad, resiliencia y generosidad me enriquecieron.
Regresamos a Paguir, sede de la parroquia, el 13 de octubre. Al día siguiente, tomé un vuelo a Juba. Mi ordenación sacerdotal está prevista para el 8 de diciembre, en mi parroquia de origen, la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, en Lomin, condado de Kajo-Keji, junto a la frontera con Uganda.
He dejado temporalmente Fangak para incorporarme al comité organizador encargado de preparar este importante acontecimiento. Seré el primer misionero comboniano procedente de mi parroquia, fundada en 1985.
Mientras me preparo para mi ordenación sacerdotal, llevo conmigo la fe, las oraciones y las esperanzas del pueblo de Haat.
Que san Daniel Comboni siga inspirando la fe, la esperanza, el amor y la unidad, e interceda por la paz en la región de Haat, en toda nuestra parroquia y en todo Sudán del Sur.
Diácono James Komakech, mccj