Mozambique – Monseñor António Constantino celebra 25 años de sacerdocio y confirma a 128 fieles

Immagine

Jueves, 22 de octubre de 2026
Monseñor António Constantino, obispo de Caia y administrador apostólico de la archidiócesis de Beira, celebró el 4 de octubre el 25.º aniversario de su ordenación sacerdotal en la parroquia donde nació y fue ordenado, la del Inmaculado Corazón de María, en Alto da Manga. En una iglesia repleta de fieles, el prelado administró el sacramento de la confirmación a 128 personas.

Alto da Manga fue el primer compromiso asumido por los Misioneros Combonianos en la ciudad de Beira, en 1967. Monseñor António fue ordenado sacerdote el 13 de mayo de 2001.

En la homilía, el obispo destacó la feliz coincidencia con la celebración de la confirmación: «Así como vosotros recibís hoy el don del Espíritu Santo, también yo, hace 25 años, recibí, por el mismo Espíritu, el don del sacerdocio. Es el mismo Espíritu el que derrama la abundancia de sus dones sobre los fieles.»

Subrayó además que el don del sacerdocio y de la vocación misionera no son mérito suyo ni le pertenecen: son don de Dios y pertenecen a todos, pues fue ordenado para servir al pueblo de Dios y llevar la Buena Nueva hasta los confines de la tierra. «Más que motivo de orgullo, ser sacerdote y misionero comboniano, y hoy obispo - dice – es motivo de gratitud por la bondad y la misericordia del Señor».

Monseñor António se refirió también al sueño de Comboni de «salvar África con África», que hoy se hace realidad en tantos misioneros mozambiqueños.

Concluyó la homilía con un himno de acción de gracias y de alabanza a Dios y a cuantos lo han acompañado a lo largo del camino, en particular a los misioneros combonianos, sus compañeros de viaje, y al pueblo de Dios:

«Veinticinco años son años de la fidelidad de Dios… Si miro este camino, no encuentro motivo para vanagloriarme. Encuentro sobre todo motivos para dar gracias:

Fue Dios quien llamó.
Fue Dios quien sostuvo.
Fue Dios quien abrió caminos.
Fue Dios quien dio fuerzas.
Fue Dios quien perdonó las fragilidades.
Fue Dios quien permaneció fiel.»

La celebración, muy participada y vivida por todos los presentes, terminó con mensajes alusivos al acontecimiento y una comida de confraternización, a la que los neoconfirmados y sus familias contribuyeron compartiendo lo que habían traído.

Damos gracias a Dios por el don del sacerdocio de monseñor António Constantino y pedimos el don de nuevas vocaciones para la misión.

P. Jeremias Martins, mccj