Lunes, 2 de noviembre de 2026
El miércoles 28 de octubre, la pequeña iglesia de la parroquia de San Francisco Javier, en Benfica, en las afueras de Maputo, Mozambique, se llenó de fieles para celebrar el inicio oficial del servicio pastoral de su nuevo equipo misionero, formado por los padres combonianos Fernando Domingues, párroco, y Jonasse Seventine, vicario parroquial. El nuevo párroco relata el acontecimiento y presenta la parroquia.

La celebración tuvo lugar al final del día, a mitad de semana, y a muchas personas les resultó difícil asistir. En esta periferia de Maputo, la mayoría de la gente trabaja en la ciudad, y el viaje de regreso a casa después del trabajo siempre está sujeto a horarios inciertos.

Los pasajeros siempre son más de los que pueden acomodar las pequeñas chapas. Las chapas son furgonetas privadas autorizadas para el transporte público. Tienen nueve plazas, pero en cada parada, como suele decirse, «el corazón de una madre siempre tiene sitio para uno más»...

La celebración estuvo presidida por monseñor João Carlos Hatoa Nunes, arzobispo de Maputo, que llegó acompañado de su obispo auxiliar, monseñor Tonito Francisco Xavier Muananoua.

Monseñor João Carlos, hijo de padre portugués y madre china, es natural de esta parroquia y, siempre que puede, no pierde la oportunidad de pasar un rato con la gente que lo vio nacer y crecer. Le gusta recordar que aquí fue bautizado y recibió la confirmación.

Cada vez que comienzo un nuevo servicio, vuelvo a ser aprendiz, y aquí tengo muchísimo que aprender.

La parroquia cuenta con muchas decenas de pequeñas comunidades cristianas locales, que aquí llaman núcleos. En cada una de las cinco zonas tenemos una iglesia donde celebramos la Eucaristía una vez entre semana.

Los domingos contamos con la ayuda de otros sacerdotes para celebrar las cinco misas. Más de mil personas participan en la celebración dominical en cada una de las iglesias. La misa del domingo casi siempre dura menos de dos horas.

Me alegra ver a cientos de personas comprometidas concretamente con los diversos ministerios de las comunidades y de la parroquia.

En la catequesis trabajan unos 120 catequistas, algunos con más experiencia y otros que están empezando.

Hay numerosos grupos de catecúmenos adultos, así como de niños y adolescentes.

En el retiro que dirigí el sábado pasado para los Proclamadores de la Palabra (lectores), participaron más de cien hombres y mujeres, junto con un buen grupo de jóvenes.

También está el ministerio de acogida, que organiza las celebraciones en las iglesias, y el servicio de comunicación, que difunde noticias y programas y comparte cada día en las redes sociales un pequeño «bocado bíblico»...

Y todos los días, alrededor de nuestra pequeña casa parroquial, no falta la alegre «música» de los juegos y los cantos, junto con los gritos de los niños de las dos escuelas de la parroquia. En total, creo que hay más de 1.500 alumnos.

No faltan los desafíos. Y aquí, la mejor manera de aprender es implicarse, ponerse manos a la obra y trabajar con empeño y mucha humildad. Dios no dejará de proporcionarnos lo que necesitemos.

P. Fernando Domingues, mccj