Sábado 6 de septiembre 2014
Veinte animadores misioneros y responsables de las revistas de las circunscripciones combonianas de América y Asia estuvieran reunidos del 25 al 29 de agosto, en Xochimilco, sede de la casa provincial de México, con el fin de revisar los estatutos y el trabajo de animación misionera que realizan en cada una de sus provincias. Coordinó la asamblea el P. Rafael González Ponce, superior provincial de Ecuador y encargado de los provinciales para este sector. (Ver archivo adjunto).

 

P. Rafael González Ponce,
superior provincial
de Ecuador.

 

Los participantes a la asamblea continental de animación misionera, entre ellos tres misioneras combonianas, han identificado y analizado los desafíos que tienen por delante y reflexionaron sobre la apertura de las iglesias particulares a la misión ‘ad gentes’, que, a pesar de que los documentos pontificios y eclesiales (por ejemplo el documento final de Aparecida, mayo 2007) impulsan la misión muestran todavía ciertas reticencias por temor a perder agentes de evangelización.

El término misión corre el riesgo de diluirse en un sin fin de actividades dejando de enfatizar el ir más allá de las fronteras para anunciar el evangelio a quienes aún no lo conocen. Entre los retos que los combonianos encontramos está la poca disponibilidad de algunos para hacer animación misionera y al uso insuficiente de las nuevas tecnologías y los recursos del mundo digital. “No obstante – según el P. Fernando Cortés Barbosa – se experimenta el ánimo de los grupos y movimientos eclesiales cuando hablamos sobre la misión, viendo en ello un fuerte impulso para renovar la fe, las estructuras caducas y llevar a Cristo a otros pueblos. Por eso, renovamos con alegría la apuesta por la animación misionera que nos distingue de otras congregaciones misioneras, siendo fieles al carisma de Comboni, gran animador”.

De acuerdo con la opinión del P. Fernando, “se ven muchos retos por delante, pero animados por Aquel que nos anima e inspira, volvemos a nuestras comunidades para motivar a la Iglesia a abrirse a la misión ‘ad gentes’, convencidos de que sólo la misión nos puede salvar de la vivencia de una fe opaca, triste y sin sentido”.