Sábado, 23 de mayo 2026
Las mujeres beduinas de los tres pueblos que hoy visitamos en el área de Khan al-Ahmar viven suspendidas en una incertidumbre dolorosa. Sobre sus hogares pesa la amenaza real de una expulsión masiva.
Algunas ya han reunido en bolsas las pocas pertenencias que podrían cargar consigo si, en cualquier momento, llegan a obligarlas a abandonar la tierra donde han vivido toda su vida. “No sabemos qué puede pasar esta noche o en los próximos días”, nos dicen con una mezcla de miedo, cansancio y dignidad.
Viven a la intemperie, expuestas, vulnerables, bajo tiendas y estructuras frágiles que apenas logran protegerlas del calor, del frío y de la amenaza constante que las rodea. Y aun así, en medio de esta realidad cada vez más pesada, siguen encontrando fuerzas para reír, para compartir el té, para aprender algo nuevo y para sentarse juntas frente a una máquina de coser.
Con manos firmes bordando ramas de olivo —símbolo de paz, resistencia y raíces profundas— estas mujeres siguen apostando por la vida. Han acogido con inmensa alegría cinco nuevas máquinas de coser, inmediatamente puestas en funcionamiento. Cada pequeña bolsa bordada representa mucho más que un trabajo artesanal: es el deseo profundo de sostener a sus familias, de proteger la dignidad de sus hijos y de transformar el sufrimiento en algo que pueda dar vida también a quienes adquieran estos productos.
Conmueve ver cómo, incluso bajo el peso del miedo y la amenaza, estas mujeres continúan creando belleza, compartiendo esperanza y resistiendo con una fuerza silenciosa que nace del amor por su tierra, por sus familias y por la vida misma.
H.na Cecília Sierra
Misionera Comboniana en Cisjordania