Martes, 7 de julio 2026
El 30 de junio, día de las manifestaciones antinmigrantes organizadas por los movimientos March and March y Operación Dudula, transcurrió sin graves incidentes de violencia. Gracias, sobre todo, a la presencia masiva de la policía y el ejército en las ciudades donde se llevaron a cabo las protestas.
Toda vía, el miedo permanece, especialmente en los barrios urbanos donde viven comunidades de inmigrantes procedentes de diversos países africanos y asiáticos. No faltan denuncias de episodios esporádicos de intimidación y vandalismo contra las viviendas de los inmigrantes registrados después del 30 de junio. Mientras tanto, continúa en silencio el éxodo de extranjeros que se suman a los al menos 15.000 inmigrantes que han regresado a su país de origen.
Los movimientos March and March y Operación Dudula, acusados en repetidas ocasiones de actos de agresión e incluso de asesinatos de inmigrantes, así como del saqueo de tiendas y negocios, particularmente en las townships pertenecientes a extranjeros, han declarado que continuarán manifestándose hasta que el gobierno tome medidas concretas para detener la inmigración irregular y expulsar del país a todos aquellos que no cuenten con documentación en regla. Según los adeptos a estos movimientos xenófobos, los extranjeros son culpables de robar puestos de trabajo a los locales, y de propagar las drogas y la criminalidad.
En el aire no solo hay miedo, también hay mucha rabia. La rabia de muchos sudafricanos, jóvenes y no tan jóvenes, que no tienen trabajo y ni siquiera vislumbran en el futuro la posibilidad de conseguir un empleo. Una rabia alimentada por la corrupción y la deficiente prestación de servicios por parte del gobierno en lo que respecta a electricidad, agua, vivienda, asistencia sanitaria, educación... Sentimientos de profunda frustración que los movimientos xenófobos han sabido aprovechar y redirigir contra los inmigrantes, convertidos en el chivo expiatorio de la crisis social y económica del país. Detrás de la revuelta de March and March también hay intereses políticos de partidos como uMkhonto we Sizwe (MK Party) —fundado por el expresidente Jacob Zuma—, que esperan ampliar su base electoral en las elecciones municipales fijadas para el 4 de noviembre jugando la carta antinmigración.
Lo que los adeptos a esta movilización xenófoba no ven o no quieren ver es que muchos ciudadanos extranjeros en el país, privados de documentos, no han violado la ley; simplemente se han resignado a vivir en la ilegalidad tras haber intentado en vano regularizar su situación. Cada vez que lo han intentado, su solicitud de permiso de residencia ha sido rechazada o ignorada por las oficinas competentes del Estado sudafricano. No son delincuentes; al contrario, contribuyen a la economía del país con su trabajo; son, más bien, víctimas de un sistema burocrático ineficiente y corrupto.
Efrem Tresoldi, MCCJ en Johannesburg