Jueves, 16 de julio 2026
El sábado 11 de julio comenzaron las celebraciones por el 800.º aniversario de la muerte de San Francisco de Asís en la parroquia de Kapenguria, entre los Pokot en Kenia. El obispo de Kitale, monseñor Henry Juma Odonya, destacó los temas de la paz, la fraternidad y el cuidado de la creación. En la región de West Pokot, todos estos temas son cruciales y de gran actualidad pastoral, si se tienen en cuenta los frecuentes conflictos entre las etnias Turkana, Karamoja o Marakwet.
El sábado 11 de julio en Kapenguria, a las 11 de la mañana empezó la celebración del aniversario 800 del tránsito de San Francisco de Asís. Era el día de san Benito, pero no hay benedictinos en la diócesis de Kitale, ni en la región de West Pokot, ambas haciendo frontera con Uganda este, en cambio tenemos Hermanas Franciscanas de San José fundadas en Asumbi, y las Pequeñas hermanas de San Francisco. Y lo que es más importante los Frailes Capuchinos que llevan adelante la parroquia de San Carlos Lwanga, en Kapenguria.
La parroquia fue un bastión comboniano a nuestra llegada a Kenya, era el nudo que nos comunicaba con Turkana y entre las cinco misiones que había en Kitale diócesis: dos al noroeste al calor de la zona semiárida donde viven los Pokot pastores y otras dos al sureste en las alturas frías de los montes Cherangany, donde vivían los Pokot agricultores. Hay que mezclar los tiempos de los verbos porque las cosas cambias: ahora hay agricultura por todas partes, y algún buscador de oro y otros minerales, así como abundancia de ovejas merino en las alturas y vacas Frisonas.
En los tiempos de los combonianos no había carreteras asfaltadas, y los barrancos daban miedo. Entonces, p. Antonio Guirau se pasaba 5 días por las alturas expuesto al frio congelado viajando en su moto Honda de 250 caballos, lloviese o no, hubiera lodo o no. Le tocaba dormir sin ducharse, no sé si por culpa del frio o por falta de agua. O cuando el p. Marco Canovi tuvo que bajar el despeñadero de Pkopoch conduciendo una Fiat Campagnola sin luces en una noche ciega sin luna. Eso solo él podía hacerlo, sea por su destreza mecánica como por su osadía alocada.
La fiesta no era para recordar a los combonianos, sino para celebrar a San Francisco y la fe la población del altiplano Pokot que ha acogido muy bien el mensaje católico y ha recibido con bastante naturalidad -sin que sea perfecta- la llegada de poblaciones de diferente etnia. Tiene que ser así: todos somos kenianos, todos hijos/as de Dios, hablemos como hablemos lo que importa es que nos entendamos y colaboremos en el amor. Un mensaje muy franciscano.
La fiesta fue presidida por nuestro obispo Mons. Henri Juma, rodeado de un buen número de sacerdotes y de religiosas, así como de las asociaciones de laicos (mujeres y hombres) todos vestidos en un modo bastante uniforme. Como es habitual en estas ceremonias los niños bailan acompañando los cantos, y algún exaltado/a salta al ruedo para hacer arengas al estilo tradicional en un modo que no se sabe si son alabanzas para el Señor o aullidos que envalentonen y nos muevan a la oración.
La homilía fuer profunda y concentrada en las virtudes de San Francisco, del que muchos conocen el nombre, pero no su vida. Por eso que nuestro obispo hacía hincapié en los temas de paz, de hermandad y del cuidado de la creación; porque en nuestra zona Pokot hay que hacer encuentros de paz en las fronteras con Turkana/Karamoja, o con los Marakwet. Todos ellos pueblos semi pastores, parecidos, pero mal avenidos.
Para cultivar la paz los obispos de sus diócesis celebran una eucaristía cada año entre los jóvenes. La hermandad hay que aprenderla manteniendo relaciones ecuménicas con iglesias que se respetan y con aquellas que te odian. La ecología hay que ponerla en práctica para que las motosierras non arrasen con la selva de lluvias de las montañas, lo los machetes no terminen con los árboles en los llanos semi-áridos… pero ¿qué hacer? Hay que comer, hay que pagar tasas escolares y medicinas. Y para colmo este año nos toca una sequía severa.
En su homilía alargada para que fuera digna de alabanza nos recordó la presencia de la tercera orden franciscana, de todas las monjitas franciscana de la zona, de las Hermanas Evangelizadoras (Evangelizing sisters) que llevan adelante la pastoral y otras actividades evangelizadoras en Kapenguria (estas también fundadas por los combonianos P. Marangoni y Mons. Sixto Mazoldi). Nos acompañaban un pequeño grupo de Hermanos consagrados, los de San Carlos Luanga, ugandeses, y otro pequeño grupo de catequistas, los de la parroquia nada más, aunque en la diócesis sean casi seiscientos; pero son laicos y también trabajan en sábado… y más aún los domingos. No pueden dejar sus familias si su sustento.
En los avisos parroquiales se hizo un elenco de las nuevas parroquias en la región Pokot. Cuando llegaron los combonianos eran 6, 3 para nosotros y otras 3 para los misioneros de San Patricio (Kiltigan missionaries). Cada cual a su estilo llenos de celo apostólico y afán de inculturización viviendo con la gente y descubriendo sus costumbres con aprecio y aprendiendo el idioma (los que pudieron).
Se insistió en el presente, porque el pasado ya es historia, por eso que recalcaron el crecimiento institucional de parroquias, sin darse cuenta de que todavía hay mucho trabajo misionero (evangelizador) que hacer y que hay retos pastorales que tienen que cuestionarnos para que no se escapen las ovejas fuera del redil de Jesucristo.
Fue la fiesta para Francisco y para los consagrados, por eso que se mencionó como la parroquia de Kapichpich, aquella iniciada por Antonio Guirao lidera el número de mujeres consagradas en la diócesis. Todos recordaban a los jóvenes varones a no quedarse rezagados, ni en la vida consagrada ni en la vida sacerdotal, porque este campo sigue siendo un desafío en la región Pokot.
Emotiva y realista fue la bendición a los progenitores de los consagrados porque habían sido generosos en entregar sus hijos/as al servicio de la Iglesia local. Y la provocación “si como progenitor sientes envidia de esa bendición te toca suscitar vocaciones entre tus hijos”.
La conclusión de la ceremonia estuvo en los labios de la presidenta la parroquia recordando a obispo que este año es de sequía muy severa incluso para los prados y los maizales prósperos de la montaña, ¿habrá quien acuda en su ayuda? Y agradeciéndole la apertura de otras dos parroquias en la zona Kapenguria para que sean 18 allá cuando eran solo 2 cuando empezó la diócesis de Kitale.
La algarabía no puede esconder los retos del presente, que también mencionó de pasada el obispo: conseguir los pastores se mezclen con las ovejas, que los consagrados/as muestren la alegría del evangelio además de la belleza de la juventud y de los hábitos. La presión de iglesias evangélicas y el resurgimiento de movimientos de religiosidad tradicional africana que demuestran que hay una bipolaridad en el continente y en Pokot entre el nuevo y lo antiguo, que solo el Espíritu divino puede unificar en la verdad y la libertad.
Mientras la fiesta continuaba con los cantos y danzas mi mente volaba distraída recordando los nombres de los misioneros que estaban en los cimientos de la gesta evangelizadora de nuestros predecesores: la piedad del P. Dillon, la naturalidad de P. Leo Staples (Lokomol), el metodismo de P. Antonio Dolzan, etc., nombres extraños para los lectores, no para la gente local, aunque no correspondía rememorarlos porque era la fiesta de San Francisco en la tierra Pokot donde se tiene que sentir en casa porque es montañosa y arisca como Umbria, en Italia.
P. Herreros Baroja Tomás, mccj