Viernes, 7 de agosto 2026
El padre Mintesnot Simeneh Lemessa —más conocido como Minte—, de 33 años, nació en Jijiga, Etiopía. Tras el noviciado en Lusaka, fue destinado al escolasticado de São Paulo. Concluidos los estudios de Teología, en 2023, realizó el servicio misionero en Manaos. Después de la ordenación sacerdotal, el 2 de agosto de 2025, fue destinado a Brasil, donde actualmente trabaja en la pastoral indígena, en la comunidad de Boa Vista, diócesis de Roraima. Transcurrido un año desde su ordenación, nos cuenta, en primera persona, la historia de su vocación misionera comboniana.

Soy misionero comboniano, natural de Etiopía. El pasado 2 de agosto celebré mi primer año de sacerdocio y me gustaría compartir mi camino vocacional.

San Juan Pablo II, en su mensaje para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones de 2001, recuerda que «toda vida es vocación». Esto significa que nuestra existencia no es fruto del azar: somos queridos, amados y llamados por Dios. Considerando mi propia vida como vocación, reconozco que el Señor me ha ido conduciendo a través de personas, acontecimientos y experiencias concretas.

Nací el 25 de enero de 1993 en la ciudad de Jijiga, en el este de Etiopía, en una familia cristiana ortodoxa. Fui bautizado y confirmado según la tradición de la Iglesia Ortodoxa Etíope. A los cinco años, comencé a estudiar en el Colegio Católico San José, administrado por las Hermanas Capuchinas de Madre Rubatto. Fue allí donde tuve mis primeros contactos con la Iglesia Católica, observando el testimonio de las hermanas y aprendiendo valores y oraciones.

Más tarde, hacia los doce años, empecé a frecuentar el Oratorio de la parroquia, atendida por los salesianos. Niños y jóvenes de distintas religiones participaban en las actividades deportivas y recreativas. Todos eran acogidos y tratados de la misma manera.

Un día, un amigo católico me invitó a rezar el Santo Rosario. Acepté por curiosidad y entré en la iglesia. La belleza de aquel lugar y el ambiente de oración marcaron profundamente mi corazón. Después, recibí mi primer rosario de una religiosa, que también me enseñó a rezarlo.

A partir de aquel día, comencé a acudir a la iglesia con frecuencia. Con la autorización de mi madre, participé en la catequesis y, en 2009, fui acogido en la Iglesia Católica y recibí la Primera Comunión.

El papa Benedicto XVI, en su mensaje vocacional de 2010, afirmó que «el testimonio suscita vocaciones». Mi vocación sacerdotal y misionera nació también a través del testimonio de mi párroco, el misionero salesiano italiano padre Gianni Premoli. Su dedicación, su alegría y su cercanía con el pueblo despertaron en mí el deseo de ser sacerdote misionero.

En 2010, durante una presentación de distintas congregaciones religiosas, conocí a los Misioneros Combonianos. Un sacerdote comboniano etíope presentó de forma alegre y carismática la vida de San Daniel Comboni y el carisma de la congregación. Aquel encuentro me marcó profundamente. Después de eso, comencé a mantener contacto con los combonianos y a conocer mejor su espiritualidad y su misión.

En 2012, inicié el prepostulantado. De 2013 a 2017, realicé el postulantado. Entre 2017 y 2019, hice el noviciado en Zambia y, el 4 de mayo de 2019, profesé mis primeros votos religiosos. A continuación, fui enviado a Brasil para el escolasticado, donde permanecí de 2019 a 2023. Tras los estudios, realicé una experiencia misionera en Manaos, profesé los votos perpetuos el 5 de febrero de 2025 y fui ordenado diácono el día 8.

El 2 de agosto de 2025, fui ordenado sacerdote en mi ciudad natal. Después de la ordenación, fui destinado a mi primera misión sacerdotal en Brasil, en Boa Vista, Roraima.

Este primer año de sacerdocio ha estado marcado por la alegría, el aprendizaje, la oración y el servicio al pueblo de Dios.

Mi misión principal en Roraima está vinculada a la pastoral indígena. Es una realidad nueva para mí, pero que me desafía a aprender, a escuchar y a ponerme a disposición de los pueblos indígenas. También he trabajado en la formación de los jóvenes, en la colaboración con los catequistas, en la celebración de los sacramentos y en el acompañamiento de las comunidades.

El lema de mi ordenación fue: «No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros» (Juan 15,16). Estas palabras me sostienen y me recuerdan que fue Dios quien me llamó. Por eso, necesito seguir escuchando su voz en la oración, en el silencio, en el discernimiento, en la vida comunitaria y en el encuentro con el pueblo.

Al celebrar este primer año de sacerdocio, doy gracias a Dios por el don de la vida, por la vocación misionera comboniana y por el ministerio sacerdotal. Pido al Señor la gracia de permanecer fiel, sirviendo con alegría y humildad. Que mi testimonio pueda también despertar en otros jóvenes el deseo de responder a la llamada de Dios.

Padre Mintesnot Simeneh Lemessa, mccj