Lunes, 17 de agosto 2026
El provincial de los Combonianos en Egipto y Sudán relata a SIR la labor de los misioneros en la capital reconquistada por el ejército gubernamental: «Es un momento de gran compromiso». El misionero, desde Jartum, se hace eco del llamamiento de León XIV: «Habla claramente de las prioridades, sin los adornos de la diplomacia». En Jartum, los combonianos trabajan en la reconstrucción de parroquias, escuelas e instalaciones eclesiales. En El Obeid, bajo asedio, resisten «con valor y generosidad» el obispo y algunos sacerdotes locales.
Son pocos los misioneros que aún permanecen en Sudán, donde desde hace más de tres años se libra un sangriento conflicto interno que ha provocado la mayor crisis humanitaria del mundo, con 33,7 millones de personas que necesitan ayuda y 9,14 millones de desplazados internos. Entre los misioneros que han decidido quedarse se encuentran los combonianos, presentes en Puerto Sudán, Kosti y Jartum, reconquistada por el ejército gubernamental (Fuerzas Armadas de Sudán – FAS) liderado por el general Abdel Fattah al-Burhan. Allí están intentando reconstruir y reactivar escuelas y otras actividades sociales.
El padre Diego Dalle Carbonare, provincial de los combonianos en Egipto y Sudán, que reside en Puerto Sudán, se encuentra estos días de visita en la capital, Jartum, y desde allí ha escuchado el llamamiento del papa León XIV durante el Ángelus del domingo 9 de agosto a «garantizar corredores humanitarios para la población civil» y respaldar «un alto el fuego inmediato».
Ayuda humanitaria y alto el fuego, las dos prioridades. «Son estas las dos cosas que necesitamos. Es un hermoso llamamiento, muy claro y muy importante, acogido muy favorablemente por la comunidad cristiana y por nosotros, los misioneros presentes en Sudán», comenta a SIR.
«Un llamamiento que no busca dar rodeos a las cuestiones con los muchos adornos y las palabras complicadas de la diplomacia, sino que habla claramente de cuáles son las prioridades.
La primera es dar acceso a la ayuda humanitaria a quienes la necesitan; la segunda es que las armas guarden silencio».
En Jartum continúa la labor de reanudación de las actividades en las parroquias, las escuelas y las instalaciones eclesiales. Ante los ojos de los misioneros se extienden los escombros de una ciudad herida por el conflicto; tras el desplazamiento, la población está intentando regresar, entre mil dificultades. «Es un trabajo arduo –explica el padre Dalle Carbonare–, porque se trata de reconstruir y reparar instalaciones dañadas, además de recuperar o volver a comprar lo que se ha perdido, no solo porque ha sido destruido, sino también porque ha sido robado.
Es un momento de gran compromiso, que sacamos adelante también gracias a la solidaridad de tantas personas.
Es reconfortante ver que la Iglesia católica comprende y sabe cuáles son las prioridades y las emergencias en curso, mucho más de lo que a menudo logran hacer nuestros políticos o de lo que nos quiere hacer percibir el bombo mediático».
La emergencia más grave en estas semanas se encuentra en El Obeid, capital de Kordofán del Norte y nudo estratégico entre el centro de Sudán, Darfur y las regiones meridionales. La ciudad lleva meses bajo asedio por parte de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), lideradas por Mohamed Hamdan Dagalo, alias «Hemedti», herederas de las milicias janjaweed, tristemente célebres por su brutal violencia, los saqueos y la limpieza étnica contra las poblaciones no árabes durante la guerra de Darfur en 2003.
Aunque actualmente la violencia es perpetrada por ambos ejércitos, las RSR son objeto de numerosas denuncias por graves crímenes de guerra y violencia sexual por parte de las organizaciones de derechos humanos. La ONU ha lanzado recientemente nuevas alertas sobre el riesgo de que El Obeid pueda convertirse en otra El Fasher, la ciudad de Darfur conquistada por las RSF en 2025, donde se cometieron graves atrocidades contra la población civil.
«En El Obeid ya no hay misioneros extranjeros desde hace dos años: nosotros, los combonianos, y las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta fuimos evacuados en julio de 2024. Fuimos los últimos en marcharnos», puntualiza el padre Dalle Carbonare: «Quedan cuatro o cinco sacerdotes diocesanos, junto con el obispo. Son todos locales y, con gran valor y generosidad, continúan presentes.
Los apoyamos y los admiramos de verdad por la opción que están llevando a cabo».
Un conflicto caracterizado por el uso masivo de drones que siegan vidas entre la población civil. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, entre el 6 y el 28 de junio, al menos 15 ataques con drones en la zona de El Obeid provocaron al menos 45 muertos y 41 civiles heridos, alcanzando también mercados, escuelas, gasolineras, infraestructuras hídricas y vehículos.
En los primeros cuatro meses de 2026, los ataques llevados a cabo con drones han matado al menos a 880 civiles en la zona, lo que supone el 80 por ciento del total de fallecimientos registrados por las Naciones Unidas en la región. Además, existen tensiones en curso con Etiopía y Sudán del Sur. Detrás del conflicto subyacen intereses internacionales en el comercio de oro hacia países árabes y occidentales, así como la competencia entre potencias regionales y redes militares transfronterizas.
Patrizia Caiffa – AgenSIR