Lunes, 28 de septiembre de 2026
Brescia ha conmemorado el 20.º aniversario de la muerte de dom Franco Masserdotti, obispo comboniano de Balsas, Brasil, con dos Misas, un coloquio y un encuentro para hacer memoria de su vida y de su profecía.
Víctima de un banal accidente de tráfico el 17 de septiembre de 2006, cuando fue atropellado una tarde de domingo mientras circulaba en bicicleta por una carretera de Balsas, Brasil, dom Franco Masserdotti fue recordado en Brescia con tres actos.
El primero fue la Misa celebrada el 17 de septiembre en Concesio, presidida por el padre Mario Andrighetto, con la homilía a cargo del padre Severino Perini, ambos misioneros en Brasil.
El segundo acto, el jueves 18 de septiembre, fue el coloquio celebrado en la sede del Giornale di Brescia: Memoria profética: la actualidad de dom Franco Masserdotti. El periodista Francesco Alberti dialogó con el padre Dario Bossi y, a distancia, con el padre Mansueto Dal Maso, ambos con una larga experiencia en Brasil y un profundo conocimiento de dom Franco Masserdotti.
Dom Franco fue presentado como una persona brillante, agradable e inteligente, respaldada por sólidos estudios teológicos y sociológicos: misionero en Brasil, dinámico y creativo, miembro del Consejo General de los Combonianos, formador en el escolasticado comboniano de São Paulo y, finalmente, obispo de Balsas.
Dom Franco fue un misionero que vivió en medio de un pueblo empobrecido por la injusticia y que, también como obispo, continuó haciendo suya la opción preferencial por los pobres, propia de la Iglesia latinoamericana, con gran pasión y poniendo en riesgo su propia vida.
Su estilo fue el de una presencia delante del pueblo, en medio del pueblo y detrás del pueblo, en una relación sencilla, empática y valiente. Parece casi como si dom Franco hubiera anticipado algunas expresiones que serían propias del papa Francisco: una Iglesia en salida, sentir el olor de las ovejas y la Iglesia como hospital de campaña.
El domingo 20 de septiembre se celebró una Misa en su parroquia, Fiumicello (Brescia), presidida por el padre Dario Bossi, con la presencia de unos quince hermanos combonianos.
En la homilía, el padre Dario destacó el trabajo realizado por dom Franco para la construcción del Reino de Dios, que él define como crecimiento de lo humano. Con una imagen resumió la actividad de dom Franco: a un hombre empobrecido que se encuentra en la orilla de un río se le da un pez para ayudarlo, pero también se le motiva dándole una caña de pescar y, junto con él, se busca limpiar el río de todo aquello que lo contamina.
Hacia el final de la Misa, su sobrina Federica pronunció unas breves palabras en las que describió muy bien a su tío, dom Franco:
«Dom Franco era una persona directa, que hablaba al corazón y dejaba una buena sensación en quienes lo escuchaban. Tenía una espiritualidad profunda; era carismático pero sencillo, y poseía una extraordinaria capacidad para entablar relaciones. Tenía un gran corazón, un espíritu joven y sentido del humor. Su vida estuvo completamente dedicada al servicio de las personas empobrecidas, al diálogo y a la búsqueda de la justicia».
La Misa contó con una buena participación.
Después de la Misa tuvo lugar un encuentro en el salón parroquial, donde el padre Giovanni Munari, comboniano en Brasil, habló de dom Franco de manera hermosa y apasionada ante un numeroso público, entre el que destacaba la significativa presencia de un grupo de amigos de Trentino que siempre colaboraron con dom Franco y que todavía hoy se comprometen a apoyar la misión en Brasil.
El padre Munari presentó quién fue y quién sigue siendo dom Franco Masserdotti a través de cuatro momentos concretos de su misión: el período de formación; el primer período de misión en Brasil; el segundo período de misión en Brasil; y Franco como obispo.
Dom Franco vivió su formación teológica en un momento único de la vida de la Iglesia: la conclusión del Concilio Vaticano II. Posteriormente estudió Sociología en Trento, en plena efervescencia de los movimientos estudiantiles que reclamaban una participación activa en la vida de la sociedad, en los estudios y en la política. Vivió el fermento de una Iglesia que quería cambiar y ponerse al servicio del mundo, en un ambiente universitario de sociología caracterizado por una fuerte contestación, junto a compañeros que más tarde estarían entre los fundadores de las Brigadas Rojas.
Durante su primer período de misión en Brasil, compartió la visión de una Iglesia conciliar, asumida por los obispos de América Latina, anunciada por el Pacto de las Catacumbas y desarrollada en la Asamblea eclesial de Medellín. Fue un momento apasionante y lleno de esperanza, en el que se acogieron las líneas marcadas por los obispos latinoamericanos: la opción preferencial por los pobres, las Comunidades Eclesiales de Base y la vivencia de los ministerios eclesiales.
Durante el segundo período de misión en Brasil, dom Franco encontró un ambiente completamente cambiado, con una Iglesia paralizada, después de que las opciones de los obispos latinoamericanos fueran consideradas «sospechosas» por el Vaticano, que, mediante intervenciones concretas, frenó todas las iniciativas y prácticamente dejó sin efecto toda la reflexión realizada. También la Teología de la Liberación comenzaba a apagarse. Dom Franco, que siempre quiso conservar la comunión con la Iglesia, se encontraba dividido en su obediencia entre estas dos visiones de Iglesia, tan diferentes entre sí.
Dom Franco fue nombrado primero coadjutor de monseñor Rino Carlesi y después obispo de Balsas. Además de toda su actividad en la diócesis, marcada por un estilo de cercanía a la gente, se le pidió que fuera el obispo de referencia para la pastoral con los pueblos indígenas, con los que se identificó profundamente.
Basta mencionar un solo hecho relacionado con este compromiso con los pueblos indígenas. La comunidad indígena decidió no participar en la Marcha del año 2000 con motivo de los quinientos años de la evangelización de Brasil y se reunió aparte, en un lugar no muy alejado de la gran concentración oficial. Dom Franco estaba con ellos.
En un momento determinado, el grupo de indígenas fue interceptado por las fuerzas de seguridad, que procedieron a realizar varias detenciones. Entre los detenidos estaba dom Franco. Un oficial lo reconoció y decidió ponerlo en libertad, pero él se negó, diciendo: «Esta es mi gente; me quedo con ellos». Finalmente, después de seis horas, todos fueron puestos en libertad.
La intervención del padre Munari fue muy apreciada y recibió un fuerte aplauso, que al mismo tiempo expresaba el reconocimiento a dom Franco Masserdotti y la acogida de su mensaje y testimonio de vida.
P. Gaetano Montresor, mccj