Jueves, 8 de octubre de 2026
Celebrar los 80 años de presencia comboniana en esta “patria amada” significa, sobre todo, escuchar la invitación de Jesús a Pedro y a los demás discípulos. Significa sentirse impulsado a ir más allá y a adentrarse en aguas más profundas. La respuesta de Pedro debe ser también la nuestra: «En tu palabra, echaré las redes» (Lucas 5,4).

La presencia comboniana en Mozambique comenzó en julio de 1946, en Mossuril, Nampula, con la llegada desde Sudán de un misionero experimentado: el P. José Zambonardi. Después de él, ¡cuántas miradas de amor y de compasión hasta el día de hoy! ¡Cuánta “sangre mozambiqueña” corre por las venas de nuestro Instituto Comboniano! ¡Cuánta gratitud y reconocimiento mutuos por el privilegio de convivir con personas sencillas y profundas, que han enriquecido nuestra vida personal y nuestra historia como Instituto!

Cuatro momentos clave

Resumiría este breve recorrido en cuatro períodos especialmente significativos de la vida del pueblo mozambiqueño: de 1946 a 1964; de 1965 a 1975; de 1976 a 1992; y de 1993 hasta nuestros días.

El primer período estuvo marcado por la “mística de los comienzos”. Cuando se inicia una obra, es fácil encontrarse con hombres y mujeres que tienen una visión, alimentan sueños y son capaces de ver más allá de lo que ve la mayoría. Son auténticos visionarios, y nada ni nadie los aparta de su visión. Viven, trabajan, rezan y duermen sin perder de vista los objetivos que persiguen.

Mossuril pronto se quedó pequeña para las ambiciones de los jóvenes misioneros, enamorados de África como su fundador. Se enamoraron de este pueblo y de esta tierra y extendieron sus raíces y sus ramas hacia campos inexplorados: Carapira, Netia, Nacarôa y Alua.

El obispo que los visitó en esta primera etapa, en Carapira, quedó admirado ante semejante audacia misionera y exclamó: «Estos misioneros o están locos o son héroes». El ilustre visitante no se equivocaba, pues los misioneros eran, al mismo tiempo, ¡locos y héroes!

El segundo momento comprendió los años de la lucha armada y de la conquista de la independencia. Durante este período, los misioneros tomaron partido por el pueblo.

Reunidos en asamblea, elaboraron el «Imperativo de conciencia» (febrero de 1974), un fuerte llamamiento a los obispos para que abandonaran la ambigüedad y se posicionaran claramente a favor de la independencia de Mozambique.

El documento llevó a la expulsión de 11 combonianos, junto con el obispo de Nampula, Mons. Manuel Vieira Pinto. Se acercaba la Pascua de 1974.

El tercer período de nuestra presencia comprende los años de 1975 a 1992. En 1977, el país volvió a emprender el camino de la guerra civil. Desde entonces, Mozambique vio cómo sus esperanzas caían por tierra. La guerra duró 16 años y, durante este tiempo, los misioneros mantuvieron viva la esperanza del pueblo mozambiqueño.

Allí donde el pueblo sufría y buscaba refugio, también los misioneros lo acompañaban. En Malawi, los combonianos de Mozambique abrieron dos comunidades para acompañar a los refugiados mozambiqueños. Una vez más se hacía evidente un aspecto fundamental del carisma comboniano: «hacer causa común».

Finalmente, llegó la paz, el 4 de octubre de 1992. Comienza así el cuarto período, el de la posguerra. Entre la alegría y la desconfianza, los Combonianos levantaron la cabeza junto con el pueblo, con la esperanza de un nuevo amanecer, sin ocaso.

No se rindieron ante la situación en la que se encontraba el país. Se pusieron manos a la obra y se asociaron a la reconstrucción de la sociedad y del país, devastado por la guerra. Invirtieron en la formación de laicos y de candidatos a la vida misionera comboniana y diocesana.

Ir más allá

Celebrar ochenta años significa conservar una memoria agradecida por todo lo que se ha hecho. Es justo que los Combonianos recuerden la valiosa contribución que han dado a la construcción de una sociedad más justa, más humana y más acorde con el proyecto de Dios.

Es justo “quitarse el sombrero” ante los pioneros y ante todos los que les siguieron hasta nuestros días. Sin embargo, esto no es suficiente.

Es importante ir más allá, afinando la lectura de la realidad para discernir el proyecto de Dios para nosotros en este momento de la historia de Mozambique y de su pueblo.

Nuestra historia, sembrada de éxitos, también está marcada por días de tristeza y cansancio. Sin embargo, la mirada del Maestro se posa sobre nosotros con cariño, inspirando confianza y fidelidad.

Desafíos misioneros

Mirando hacia el futuro, se nos presentan algunos desafíos:

Mantener viva la llama: Dirigir la mirada hacia los campos que verdean y están listos para la cosecha, abriéndonos a la fuerza del Espíritu que se derrama sobre nosotros.

Actualizar el carisma: Inculturar el carisma comboniano, porque solo compartiéndolo con los demás podemos mantenerlo vivo y actual, sin encerrarlo en los graneros.

Formar a los jóvenes: Acompañar sólidamente a los jóvenes misioneros ante el boom vocacional en Mozambique, consolidando la máxima: «Salvar África con África».

Renovar el amor: Caminar codo con codo con el pueblo mozambiqueño, construyendo piedra a piedra un presente luminoso cuyo futuro es hoy, ¡remando mar adentro!

P. Jeremias dos Santos Martins, mccj – Vida Nova*