Sábado, 10 de octubre de 2026
«Comboni no vio en África solamente un continente que había que evangelizar, sino hombres y mujeres amados por Dios, rostros concretos con los que encontrarse y vidas a las que servir. Su corazón, conquistado por Cristo, se abrió a los sufrimientos y a las esperanzas de los demás, hasta hacer de ellos la razón de su compromiso misionero. Esta es la pasión que estamos llamados a custodiar y renovar.»

Mensaje del Consejo General para la fiesta de San Daniel Comboni

Queridos cohermanos:
En la solemnidad de san Daniel Comboni, volvemos a la fuente de nuestra vocación misionera y nos dejamos interpelar nuevamente por el testimonio de nuestro Fundador.

En el Evangelio elegido para la Eucaristía de la Solemnidad de San Daniel Comboni, Jesús nos dice: «Yo soy el buen pastor. El Buen Pastor da la vida por las ovejas» (Jn 10,11). En estas palabras encontramos la clave para comprender la vida de Comboni: una existencia enteramente entregada a Cristo y a la misión, sostenida por una pasión que no se apagó ante las enfermedades, las privaciones, las incomprensiones y las dificultades.

Comboni no vio en África solamente un continente que había que evangelizar, sino hombres y mujeres amados por Dios, rostros concretos con los que encontrarse y vidas a las que servir. Su corazón, conquistado por Cristo, se abrió a los sufrimientos y a las esperanzas de los demás, hasta hacer de ellos la razón de su compromiso misionero. Esta es la pasión que estamos llamados a custodiar y renovar.

No ignoramos las dificultades del presente: somos pocos, nuestras comunidades cambian, las vocaciones escasean y, a veces, el futuro se nos presenta incierto. No debemos ocultar nuestras fragilidades ni fingir que todo es fácil. Pero no podemos olvidar que «la misión es más grande que nuestras fuerzas». La misión no se fundamenta ante todo en nuestros números, nuestras capacidades o nuestros proyectos, sino en el Corazón de Cristo, el Buen Pastor, que sigue buscando, llamando y reuniendo.

Jesús nos recuerda: «Tengo otras ovejas que no son de este redil» (Jn 10,16). Son las personas que esperan una palabra de esperanza, los pobres y los excluidos, quienes viven al margen, los que se han alejado de la Iglesia y cuantos todavía no conocen la ternura del amor de Dios. Ya están en el Corazón de Cristo. ¿Estamos dispuestos a dejarnos alcanzar por sus historias y a hacer espacio a sus expectativas?

La vida de Comboni no es solamente una memoria gloriosa que hay que conservar, sino una llamada que debemos acoger. Nos invita a no resignarnos, a no dejarnos dominar por el miedo, a seguir soñando, arriesgándonos y comenzando de nuevo. No importa cuán fuertes seamos ni cuán numerosos: lo que importa es que permanezcamos disponibles para el Señor y para la misión que nos confía.

En esta fiesta, pidamos a san Daniel Comboni un corazón grande como el suyo: capaz de ver, escuchar y amar; un corazón que no se cierra ante las dificultades ni pierde la esperanza cuando los frutos tardan en llegar. Y pidamos al Buen Pastor que mantenga vivo en nosotros el fuego de la misión, para que cada uno, en su edad, situación y responsabilidad, pueda renovar con sencillez y confianza su propia disponibilidad:

«Señor, mi vida es tuya.
Toma lo que soy
y continúa, a través de mí,
haciendo conocer tu amor».

¡Feliz fiesta de san Daniel Comboni a todos!

Que nuestro Fundador interceda por nosotros y nos ayude a vivir, con renovada pasión, la gracia y la responsabilidad de la vocación misionera comboniana.

El Consejo General
Roma, 10 de octubre de 2026
Solemnidad de San Daniel Comboni,