COMBONI COMO HOY

N. 15 (13) - A DON PEDRO GRANA

ACR, A, c. 15/37



Jerusalén, 12 de octubre de 1857



Mi queridísimo y amable D. Pedro:



[91] No quiero irme de la santa ciudad sin hacerle saber que guardo dulce y grato recuerdo de quien con tanta diligencia apacienta la variada grey de Limone, y que tanto me ha ayudado. Debe saber, pues, que tres de nosotros hemos venido aquí a besar postrados en tierra la tumba del Salvador y a venerar los lugares de su nacimiento, de su vida y de su muerte, mientras D.Beltrame y D. Oliboni han ido a El Cairo a preparar las muchas cosas que no logramos en Alejandría.

[92] De Alejandría salimos rumbo a Jaffa, ciudades entre las que hay un trayecto de 42 horas de vapor. De las ruinas de la antigua Joppe salimos con dirección a Jerusalén, empleando día y medio a caballo, y pasando por montañas que nada tienen que hacer al lado de las nuestras de Limone, mientras que en algunos lugares son más escarpadas y abruptas, y es preciso pasarlas a caballo. Una vez aquí en Jerusalén, a decir verdad, quien llega con la idea de ver la antigua Jerusalén, esperando admirar los monumentos profanos, de seguro queda defraudado; pero quien llega con espíritu de venerar los más preciosos monumentos y lugares en que ocurrieron los grandes acontecimientos de la Redención, le aseguro que encuentra satisfacción hasta un punto que nadie puede imaginar, porque cada paso encierra un misterio.

[93] Entre otras cosas observé en esta santa y maldita ciudad, cómplice y autora del más grande de los delitos, una tristeza, una taciturnidad; es algo que encoge el ánimo cuando se entra. Mientras que en otras ciudades, y especialmente en Egipto, el turco, el griego, el armenio, el copto hacen mucho ruido, exclaman, vociferan, aquí cada uno está a lo suyo, trabajando, vendiendo, haciendo todo casi sin hablar. En suma, esta ciudad parece como si aún sintiese el gran remordimiento de haber condenado a muerte y ejecutado a un Dios.

[94] No ocurre lo mismo en Belén, la cual inspira una indecible alegría a quien llega. Se puede decir que todavía se conservan casi todos los monumentos de nuestra religión, y en cuanto a las ya desaparecidos, se conocen muy bien los lugares. Y esto es así porque en todos ellos, desde la predicación de los Apóstoles, se levantaron iglesias, santuarios, monumentos; y destruidos éstos, fueron reedificados de nuevo. Y también porque aquí tiene mucha importancia la tradición de los mahometanos, de los judíos, de los griegos y de los indígenas, la cual se puede decir que es lo primero que aprenden, para luego poder mostrar esas cosas e informar a peregrinos y viajeros, que afluyen aquí a millares, algo increíble.

[95] Hubiera querido hacerle una pequeña descripción de lo que vi y observé; pero le daré noticia de ello en Egipto, cuando me encuentre más libre. ¿Cómo está mientras mi querido Rector? Espero encontrar en El Cairo alguna de sus deseadas cartas. Se entiende que tanto usted como yo debemos ser puntuales en cumplir lo que mutuamente nos prometimos. Le deseo toda suerte de felicidades, y le recomiendo a mis pobres viejos, a quienes nada interesa salvo la Religión. Aquí en Jerusalén dejé un recuerdito para usted, su señora madre, su hermana, así como para el Sr. Pedro y su tío el Sr. Bo. Carboni, consistente en un rosario de Jerusalén bendecido en la tumba de N. S. y en el Calvario, que permite ganar indulgencia plenaria cada vez que se reza, y otra indulg. plen. cada vez que se besa el correspondiente crucifijo.

[96] Entretanto reciba un cordial saludo. Presente mis respetos más sinceros al amable Sr. Pierino, al Sr. José y a Julia Carettoni, al viejo D. Ognibene, a la familia del Sr. L. Patuzzi, y especialmente al Sr. Arcipreste, para quien también hay uno de esos rosarios.

Acepte los saludos y los sentimientos más llenos de afecto



de su afmo. Daniel

Le saludan todos mis compañeros.